El suelo lunar de Bogotá (I): recorrido por cuatro zonas de la ciudad

Varias de las avenidas más importantes de la ciudad presentan un deterioro que no se compadece con el dinero que los bogotanos pagan en impuestos y sobretasa.

Redacción Motor

05:00 a.m. 26 de febrero del 2010

El pasado martes realizamos un pequeño recorrido por una que otra avenida del norte y el sur de Bogotá, además de zonas importantes, como la de Chapinero, para indagar de primera mano en qué estado se encuentran.

SUPERAVENIDA CON SUPERHUECO
La zona del Salitre, específicamente la avenida 59A entre carreras 26 y 63, es una de las 'de mostrar' de nuestra ciudad, no solo por los tres carriles/sentido y el enorme separador verde que la componen, sino porque está flanqueada por dos de nuestros destinos turísticos más emblemáticos: el parque Simón Bolívar y la biblioteca Virgilio Barco.

Pero como no todo es dicha en esta vida, basta cruzar el paso a nivel del ferrocarril (de norte a sur), por el carril izquierdo, para desbaratar la suspensión del vehículo: allí se hundieron los rieles y se formó un hueco que se empoza y se convierte en una trampa mortal... hasta para el 'ventiúnico' tren que rueda sobre ellos.

De sur a norte, el problema está en el único retorno que tienen quienes circulan por esa avenida y buscan devolverse y tomar la transversal que desemboca en la calle 63: destrozado, como destrozada está dicha transversal, la cual remiendan de vez en cuando las 'almas caritativas', ante la inacción del Distrito.

EN LA 92, CICLORRUTA PERFECTA
Uno de los grandes monumentos al deterioro del norte de Bogotá es la calle 92 entre carrera 15 y autopista Norte, especialmente en el sentido oriente-occidente. El daño del tramo es tal que a los conductores no les queda más remedio que escoger obstáculo.

¿Qué prefiere? ¿Una sucesión de alcantarillas levantadas? ¿Tobogán de cuatro crestas? ¿Asfalto quebrado? ¿El rizado que dejó la entidad distrital cuando intervino el cableado o modernizó la tubería?

Lo que cambia es el tipo de 'brinco' y de sonido de los carros: si es un ondulado, el baile es suave, con 'platillazo' al final, como el que producirían, digamos, el protector del cárter o el 'tarro' del escape de un vehículo cuando golpean contra un bloque de cemento.

Si es una alcantarilla levantada, el auto convulsiona, al tiempo que produce un sonido seco, cavernoso, como el de un amortiguador que agota todo su recorrido y se clava en el chasís, o el de un rin que se dobla sin compasión.

Con el rizado, el baile se vuelve 'alegrón', sandunguero, y genera el tintineo típico de esas pequeñas latas que nadie sabe en dónde están, pero que luego de una prueba como éstas no dejan de sonar nunca jamás en la vida.

Eso sí, hay que decirlo, la ciclorruta está intacta sobre el imponente separador arborizado. Pero ni se les ocurra a los ciclistas bajarse al pavimento porque, una vez allá, no hay quién responda.

ZONA DE TALLERES, SIN ARREGLO
Los barrios 7 de Agosto y Jorge Eliécer Gaitán bien podrían calificarse como 'zona de desastre', no solo por la anarquía que se vive en su interior (vehículos parqueados por todas partes, andenes invadidos, talleres improvisados en las bahías...), sino por el lamentable estado de las vías.

Llegar al 'Siete' es fácil: basta circular de occidente a oriente por la calle 68 y subir por el puente curvo que se construyó sobre la carrera 30, el cual, a la postre, lo 'bota' a uno en la carrera 29, a su vez la entrada al mundo de los tornillos, las tuercas y el engrase y oreja de la NQS hacia el norte.

El primer golpe de hueco se recibe con tan solo pisar esa vía y lo pone a uno a pensar 'de entrada' que la falta de intervención podría intencional: a suspensión rota, cliente fijo.

Pero cabe la posibilidad de que el vehículo supere esa cálida bienvenida, cosa que poco importa en la zona porque, a lo largo de la extensa calle 66 no hay cuadra que se salve del abandono. Y si a eso se le suma que se disputa la vía con buses y busetas, el 'mamonazo' es fijo.

Mientras tanto el Gaitán, barrio famoso por los muebles, parece superficie lunar. La carrera 51 entre 76 y 79A, la 55 con 79ABis y la plazoleta con la efigie de Jorge Eliécer son ejemplos contundentes de la dejadez vial.

¿Qué pensará el mártir cada vez que se sacude de su base por acción de los camiones que caen frente a sus narices? Ya debe estar resignado, como los habitantes del sector, 'los mismos de toda la vida', quienes afirman no recordar cuándo fue la última vez que pasó una cuadrilla de parcheo por allí. 

LA OREJA-ATRACADERO
Si hay algo que identifica la red vial de la zona de la Autopista Sur es el mal estado de las orejas y los conectores entre una avenida y otra, como el que de dicha autopista entra a la superavenida 47 Sur.

Se trata de un camino de herradura tal, que no se puede circular a más de 20 kph, lo cual, según dicen los habitantes del sector, se ha convertido en el atracadero predilecto de los cacos del sector. "No hay automovilista que se salve", nos dijeron mientras tomábamos nota.

Igual sucede con el cruce de la Boyacá hacia la avenida Primero de Mayo. Parece un queso Gruyere, al igual que la muy transitada transversal 68H: a la altura de la calle 44 Sur y 'más pa'allá' parece una pista de cámper cross.

Y hablando de puentes, si quiere un parque de diversiones barato, lleve a sus hijos en la parte trasera del carro y tome a modestos 50kph el puente que eleva la calle 80, de occidente a oriente, sobre la carrera 30. Al pasar por la primera unión, el brinco los hará volar por los aires y cambiarán de asientos. 

Eso sí, ni se le ocurra circular a más de 30 por el de la calle 134 sobre la autopista Norte. Tiene tantos turupes y baches que el que podría volar por los aires y terminar en otro carril sería el propio vehículo. 

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