Los vehículos usados pueden ser el 'pasado judicial' de los nuevos

Los carros nuevos pueden ser un riesgo para marcas y compradores, pero una mirada a los usados dará un gran indicio de su calidad.

Redacción Motor

09:36 p.m. 13 de marzo del 2015

Daniel Otero Bravo
Redactor de EL TIEMPO

Respecto a la calidad de los carros hay dos elementos principales: manufactura y funcionalidad, donde el primero hace referencia a todos los procesos que componen la producción de un auto, desde el momento en que se gesta la idea hasta que el vehículo está listo para encontrar a su primer dueño.

Cada fabricante tiene sus propios estándares y requisitos que cumplir al momento de diseñar y producir sus modelos, pero la diversidad de proveedores de las partes y con plantas en diferentes partes del mundo para suplir la demanda de regiones que obligan a tener carros con determinadas características de seguridad o emisiones, es claro que habrá diferencias.

¿El resultado? Los Nissan March y Renault Sandero latinoamericanos, por ejemplo, poco tienen que ver con sus respectivas versiones europeas (especialmente en su equipo y desempeño en seguridad), aunque en principio sean lo mismo. En una charla con Alejandro Furas, director técnico de Global NCAP, comentaba que las diferencias pueden radicar en los materiales que utilicen y el grosor de los mismos; los puntos de soldadura y la cantidad que apliquen en cada uno; e incluso el mantenimiento y ajustes que realicen a las máquinas utilizadas para fabricar y ensamblar los autos.

Pero más allá de eso, que sin duda alguna será un importante indicio sobre el desempeño que tendrá el carro en el tiempo, la calidad de su funcionalidad es la que finalmente apreciarán los usuarios y de la que mayores satisfacciones esperan. Sin embargo, si el carro es nuevo, ¿cómo saber si es de buena calidad o no?

Aunque muchas de las características que denotan esto lleguen a ser cuantificables, especialmente cuando se tiene en cuenta que dependen en gran parte del tipo de auto y segmento al que pertenezca, en términos generales podría decirse que todo se resume en cuanto a sensaciones.

Subirse al carro, cerrar la puerta, dar un vistazo a todo lo que se tiene enfrente y pasar la mano por sus diferentes superficies, dirá mucho sobre él. Los plásticos duros y ásperos no estarán fuera de lugar en un vehículo de entrada (en algo tienen que recortar costos), pero es algo que no se espera encontrar en carros de mayor categoría.

Lo mismo sucede con partes que no están tapadas y dejan al descubierto cables y otras “intimidades”, o rebabas en esquinas y uniones. A excepción de algunos casos en que este tipo de cosas se presentan sin siquiera haber salido del concesionario, una buena forma de darse una idea sobre la durabilidad de un vehículo es mirar unidades del mismo modelo pero con algún tiempo de uso encima.

¿Los plásticos interiores están desteñidos? ¿En qué estado se encuentran la tapicería o los materiales que recubren partes de constante uso como el timón, la palanca de cambios o las manijas para abrir las puertas? Al manejarlo, ¿se siente ajustado, entran bien los cambios y acelera suave?, o ¿parece una ‘caja de cubiertos’ a la que le cuesta andar?

Vehículos básicos y elementales pero duraderos, o vehículos cargados de equipamiento que a veces pasan más tiempo en el taller que en manos de quien lo compró, así como la reputación que ha logrado la marca a través de los años, también son situaciones que se convierten en importantes indicadores sobre cómo podrá ser la experiencia que se podrá tener con un modelo.

Saber ‘leer’ todo lo que nos dicen las diferentes partes de un carro, el historial que tenga el modelo o la marca en términos de calidad, confiabilidad y seguridad, y la sensación general de robustez o debilidad que pueda transmitir, son algunas de las claves a tener en cuenta al momento de la compra para evitar posibles contratiempos futuros que puedan convertir una inversión de goce o comodidad, en un dolor de cabeza y estrecha relación con el taller.

Reducción de costos

Con este reto en mente las marcas han comenzado a adoptar dos estrategias desde hace unos años. Por un lado están los vehículos ‘low-cost’, donde prima la economía: sistemas de suspensión no tan sofisticados, motores no tan nuevos, interiores con apenas lo elemental, diseños exteriores planos, niveles de equipamiento básico, entre otros. Es decir, autos para cumplir con su función más elemental, ser un medio de transporte. Y por el otro están los grupos de marcas y las plataformas modulares, donde el Grupo Volkswagen se expone como gran ejemplo. Muchos de los componentes y motorizaciones son compartidos por un gran número de modelos de las 11 marcas, que además pueden estar montados en una misma plataforma, lo que se traduce en importantes ahorros en producción.

¿Qué mirar en un carro nuevo?

Si se trata de un modelo que ya lleva tiempo en el mercado la mejor apuesta es mirar, y ojalá conducir, uno usado. Revise el estado en que se encuentran partes que se usan constantemente, como el timón, palanca de cambios o mandos del radio y vidrios eléctricos. Un desgaste prematuro será indicio de una poca durabilidad de los componentes.

Igualmente, conozca el vehículo nuevo en un concesionario, pida prueba de manejo para “medírselo” y asegurarse que se sienta a gusto. No deje de revisar el tacto de los botones, pase la mano por las superficies del interior para darse una idea de los materiales utilizados y mire que las uniones entre las diferentes partes y paneles sea uniforme.

Esto último lo puede aplicar en el exterior, donde también se recomienda mirar el tono de la pintura (que no debería variar) y la sensación al accionar las manijas o la forma en que cierran las puertas, el baúl y el capó.

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