José Clopatofsky
José Clopatofsky

¡36.616.114 viajeros desaparecidos!

"Aterradora estadística que dieron en TransMilenio y las líneas de SITP, según las cuales en lo corrido del año los viajes de esas rutas cayeron".

11:59 a.m. 18 de septiembre del 2018

Mientras las ventas de vehículos de más de dos ruedas registran un aumento de apenas un 0,9 por ciento en el comparativo interanual, 2017 vs 2018, las motos recuperan terreno con un crecimiento del 9,72 por ciento, es decir, que hasta el cierre de agosto, 356.722 personas habían comprado estos aparatos.

Si el acelerador se mantiene en este punto, es posible que se vendan 550.000 motos en el año y unos 245.000 automotores, esto en un escenario optimista y contando con que el salón de noviembre le ponga una sobremarcha a la demanda.

La cifra de las 550.000 motos parece impresionante, pero es a la baja, pues ha habido años de 650.000 unidades. Por supuesto, el mercado se ha comprimido, el IVA del 19 por ciento castigó a la gama baja y la venta de motos de segunda mano debe ser alta, aunque hay mucha informalidad para reseñarla debidamente.

Muy bien. Tanta moto representa una nube en las calles, pero no explica la aterradora estadística que dieron en TransMilenio de Bogotá y las líneas de SITP, según las cuales en lo corrido del año los viajes de esas rutas cayeron. Y en picada escandalosa, pues son nada menos que treinta y seis millones seiscientos dieciséis mil ciento catorce, sí, 36.616.114, los viajeros que se redujeron en seis meses.

TransMilenio dejó de llevar 12,9 millones de habientes de Tullave, pero el que más perdió fue el SITP, con 23,6 millones de usuarios que optaron por otros modos de transporte, algo explicable por la mala calidad del servicio, los buses varados que pasan a deshoras –tanto llenos hasta el techo como desocupados usando un injusto carril preferencial– y, en el fondo, es el reflejo de la quiebra en la cual están algunos de esos operadores. Algunos de los cuales aspiran a ganar licitaciones de los nuevos buses de TransMilenio recurriendo al apoyo financiero de los propios fabricantes de los buses, porque en los bancos locales no les aflojan ni un peso al tenor de sus ‘rendimientos’ financieros.

Saquemos cuentas fáciles y redondas: eso quiere decir que dos millones de personas no se subieron a esos buses cada mes, a razón de unas 67.000 diarias que cambiaron de potro.

Unas seguramente optaron por pedalear, otras fueron a las motos, algunas al carro particular y bastantes al transporte informal en carros y camionetas de los sistemas Uber y parecidos.

Les atribuyen una buena dosis de esa debacle a los colados, para lo cual la operación de TransMilenio no ha conseguido remedio, pues las barreras de algunas estaciones están desbordadas y en las horas pico en los muelles de alto flujo la gente se mete como sea. La policía reporta haber impuesto 21.233 benévolos comparendos a los pillados que interceptó ocasionalmente entre enero y junio, a razón de 120 diarios. Muchos. Y nada. Y nada les pasa.

La descomposición de los 36,6 millones de ausentes le ha significado al sistema de transporte de Bogotá dejar de cobrar ¡79.300 millones de pesos!, lo que demuestra que la logística y la calidad de ese servicio son un desastre para las finanzas de las empresas y un espantador para el usuario.

También cabe la pregunta al revés: ¿Sería capaz el sistema de mover a toda la gente que no se le arrima o lo abandonó? Todo indica que no, pues este no es problema de los últimos meses sino una tara que tiene la proyección equivocada que se hizo del servicio.

En ese momento, la salvación han sido las motos, de las cuales se reportan 3,3 millones con SOAT, que es la aproximación real de ese parque en el país, y se calcula que unas 800.000 caminan en Bogotá no solo como apoyo laboral para cantidades de personas, sino como el vehículo familiar, tal como se ve a las horas de entrada y salida de las oficinas. A esto se agrega la creciente población de mujeres en moto, que llegaba al 1,4 millones en junio, según los pases expedidos.

Estamos ad portas de que se den a conocer las adjudicaciones para renovar la flota de los TransMilenios y esos resultados no se alejarán de alguna manera importante del perfil tecnológico de los actuales buses, pues con ese esqueleto financiero no son pagables los equipos menos contaminantes en una cantidad representativa.

Pero el gran problema son los SITP, cuya enorme mayoría son viejos, reciclados antitécnicamente, viven varados a toda hora y en los peores sitios y tienen motores de tecnología diésel literalmente ‘picapiedra’, que sí produce la gran contaminación móvil de la capital. Basta con ver sus humaredas provenientes de esas máquinas de sucia combustión, así les echen ACPM Euro a la equis, pues el combustible no suple sus deficiencias de diseño y menos el fatal mantenimiento que tienen.

Ahí está el meollo del problema y la necesidad de un trasplante con operación de corazón abierto a esa cadena de aparatos que la misma gente está rechazando y cuyos perjuicios no se están estimando ni corrigiendo, pues todo se limita a pensar en los articulados rojos, que funcionan en un ambiente controlado y con decentes parámetros, y mejorarán, cualquiera que sea la nueva maquinaria que venga.

Pero la sangre azul del sistema, la verdadera crisis, sigue impune y en alza.

FRASE
“Estamos ad portas de que se den a conocer las adjudicaciones para renovar la flota de los TransMilenios y esos resultados no se alejarán de alguna manera importante del perfil tecnológico de los actuales buses, pues con ese esqueleto financiero no son pagables los equipos menos contaminantes en una cantidad representativa”.

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