José Clopatofsky
José Clopatofsky

¡898 puntos mortales!

"Es difícil agrupar en esa cantidad de puntos peligrosos las mismas causales porque accidentes siempre son accidentes".

12:02 p.m. 06 de marzo del 2018

Empecemos por las buenas noticias. A raíz de un congreso internacional que hubo en Medellín sobre seguridad vial, las entidades que tienen que ver con el tema entre nosotros se pellizcaron y prepararon informes y discursos pomposos, como correspondía ante el nivel del auditorio. De ministro hacia abajo en jerarquías y responsabilidades, todos hablaron y oyeron.

Dentro de los varios documentos apareció uno de la Superintendencia de Puertos y Transporte que, valga la ocasión, poco se manifiesta en los temas de su fuero. Según sus análisis, el número de víctimas por accidentes de tránsito en las concesiones viales bajó un 7,7 por ciento en el último año. Excelente cualquier cifra en ese sentido. El porcentaje parece inocuo, pero no si citamos que equivale a 1.285 personas muertas en nuestras carreteras de tercera o cuarta generación. Si cruzamos esa estadística con el total de las muertes en las vías públicas, que fue de 6.479 en el 2017, quiere decir que el grueso de esta calamidad está en las ciudades. Algo lógico por el hacinamiento de autos y motos en las calles.

Ese mismo texto de la Superintendencia en cuestión nos trae otros datos preocupantes. Por ejemplo, que en el trazado de carreteras que funciona bajo el esquema de 54 concesiones, el cual suma 10.040 kilómetros (creo que por primera vez esa cifra pasa a los cinco dígitos y equivale a una cuota de peajes importante que debemos pagar), hay 898 sectores críticos de accidentalidad. Esto sin citar las carreteras que no están bajo su régimen.

Es difícil agrupar en esa cantidad de puntos peligrosos las mismas causales porque accidentes siempre son accidentes, aunque con esa frecuencia e impacto (uno de cada tres choques tiene víctima y dos son de latas, según el promedio divulgado), sin duda alguna la repetitividad no es tolerable.

Puede provenir del mal diseño de la vía o sus intersecciones (por ejemplo, cruces o accesos absurdos, que abundan), bajas medidas de seguridad (podrían ser malos o nulos rieles, demarcaciones con materiales antitécnicos y mal ubicadas), señales de velocidad fuera de la lógica, pasos peatonales y escolares estúpidos hechos con rayas en plenas zonas de ‘velocidad’, policías acostados a la voluntad y órdenes del alcalde de paso, derrumbes constantes por mal diseño de la ruta en la montaña, pavimentos contaminados con aceite, cero zonas de desaceleración para las emergencias de frenos en las bajadas, invasión de la vía por restaurantes y negocios para los cuales no se hicieron desvíos, pésimas separaciones de los carriles contrarios y, si seguimos buscando, pues esto no tiene fin.

Pero sí principio, porque resulta que hay serios estudios –que bastante nos han costado–, hechos hace muchos años por entidades nacionales e internacionales, que les dan a nuestras carreteras apenas dos de cinco estrellas en seguridad, en promedio. Si a esto le sumamos los errores de los conductores, la arbitraria y jocosa señalización nocturna de los vehículos, los pases entregados con el recibo de la luz, el mal uso de los carriles, el exceso de velocidad (y también la falta) y el estado mecánico de los vehículos, la fabricación y uso de buses escalera, la verdad es que acá pasan pocas calamidades. Y pocas son también las acciones del Gobierno para calmar estas epidemias conocidas y crónicas de nuestra vida en ruedas, porque esto no se arregla a punta de cuñas de radio y televisión, que son su actividad más notoria.

En ese mismo congreso se oyó hablar de que hay 1,9 millones –cifra redonda– de vehículos en el país sin revisión técnico-mecánica. Si eso es cierto, es una gran negligencia de las autoridades que los dejan transitar, y son una fuente enorme de accidentes. La disculpa tradicional de ‘falla de frenos’ para explicar los grandes siniestros es un lugar común de toda la vida, así como el desconocido resultado de las ‘rigurosas investigaciones’. Si la cifra no es cierta –aunque todo apunta a que es solo un recuento de carpetas del RUNT y nunca la población real de vehículos que tenemos–, es también una falta de responsabilidad del Gobierno no aterrizar la verdad del parque automotor. Y es un aprovechamiento mediático para que las aseguradoras lancen proclamas de alerta sobre la evasión de revisiones y de SOAT –que afecta su negocio–, cuando la realidad es muy distinta.

Como ejemplo les doy estos datos, oriundos del mismo informe: en las diez concesiones con más accidentes, el tráfico promedio diario es de 241.119 vehículos. La más ocupada es el desarrollo vial del Oriente de Medellín, con 40.218. La ruta Bogotá-Briceño-Zipaquirá mueve 39.631; Fontibón-Facatativá, 30.436; Bogotá-Villeta, 28.946; Túnel de Aburrá-Las Palmas, Santa Helena, 26.894; Aburrá Norte, 19.717; Buga-Tuluá-La Paila, 17.065; Chía-Mosquera-Girardot, 12.313; Bogotá-Villavicencio, 10.899.

Esto nos indica que el movimiento rutero es mucho menor de lo que dicen el Ministerio de Transporte y su correspondiente Policía de Carreteras, aun las euforias de sus operativos de puentes y retornos, y que el cuento de los 13 millones –muy largos– de vehículos que hay en el país es, de verdad, cuento, así le metamos las proyecciones más optimistas.

Ya es hora de que no nos sigan maquillando informes y números y la historia de la seguridad en las vías –especialmente en las nuevas– merezca más atención y supervisión técnica y lógica que el acta de un congreso como el que se hizo en Medellín.

FRASE
“Esto nos indica que el movimiento rutero es mucho menor de lo que dicen el Ministerio de Transporte y su correspondiente Policía de Carreteras, aun las euforias de sus operativos de puentes y retornos, y que el cuento de los 13 millones –muy largos– de vehículos que hay en el país es, de verdad, cuento, así le metamos las proyecciones más optimistas”.

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