José Clopatofsky
José Clopatofsky

Se va a acabar la industria automotriz

"La longevidad del carro va a ser tan efímera como la del celular que acaba de perder o cambiar”.

11:23 a.m. 23 de marzo del 2016

Tal como leen, ese es el panorama del mundo de la automoción.

Prensar láminas de acero, construir vehículos pesados forzosamente ineficaces y que se mueven lentamente comparados con la velocidad vertiginosa de la tecnología que nos rodea, es un enfoque que tiene que cambiar.

Ni se van a cerrar las plantas ni se va a acabar el automóvil ni van a desaparecer nuestros sistemas convencionales, pero la tradicional industria automotriz tiene que convertirse en la industria de la movilidad.

En los últimos tres años se han dado pasos fundamentales para un cambio en la forma de concebir y usar los vehículos. Lo que era fantasía ya está en el laboratorio, y en las rutas de pruebas andan carros autónomos que, supuestamente, en unos diez años comenzarán a funcionar robóticamente, pero necesitarán entornos que sean igualmente perfectos y digitalizados.

Esa parte final es la verdadera pregunta, porque bien sabemos por qué se necesita cambiar, para dónde se van a mover el mundo y la gente, pero está por resolverse el cuándo sucederá.

Todo indica que llegará mucho antes de lo que pensamos, pero no será un fenómeno súbito como el de los celulares, que en cinco años sepultaron el teléfono fijo. Hoy hay dos mundos que se necesitan: el de las comunicaciones y la interacción digital con los que estamos infectados, y el del vehículo, que genera menos apetitos precisamente porque su uso interrumpe la vida interactiva de la gente. Ninguno de los dos se puede dar el espacio de esa desconexión, ni el carro ser considerado como el lado oscuro de la luna.

Pero mientras llegamos a los autos sin dueño y sin chofer, la industria tiene que reenfocarse y ser parte del Internet de las cosas. El carro apunta, no a ser un celular en ruedas, sino una ‘app’ que la persona instala en un vehículo, aunque eso de instalar también pasará de moda porque será más importante su perfil digital que la cédula, y el pase no se va a necesitar.

El BMW Vision que vimos y tratamos de explicar en esta edición tiene reconocimiento no solo facial sino además temperamental de la persona que lo va a usar y de inmediato ajusta todo su funcionamiento. Usted se aproxima, se mira con el carro, que no es necesariamente suyo sino parte de una red, que está estacionado en un sitio cercano y llega solo cuando lo pide desde su móvil para recogerlo: el Uber de verdad. Y, además, lo lleva a su destino de manera automática.

Para quien piensa, diseña y fabrica un carro, el reto es descomunal porque la hechura del automóvil, que será una plataforma digital móvil, seguirá sometida a un ordenamiento y funcionamiento mecánicos que no pueden ser imperfectos como los elementos digitales que nos rodean y que se lanzan al mercado armados a medias. La prueba es que en cuanto empezamos a usarlos comienzan a llegar actualizaciones y correcciones que no solo perdonan pecados veniales, sino también los capitales que nos mandan los artistas del software, los chips, los ‘dientes azules’, el wifi, los microcomputadores y las cámaras. Los van corrigiendo por el camino y su obsolescencia es casi inmediata porque cuando uno los compra, ya están viejos.

En cambio, su flamante robot en ruedas varado o pinchado, no es cosa que se arregla conectando el fierro a la nube o con la huella digital. Al menos por ahora…

Ese cambio de foco que se impone les crea a muchas marcas de carros otro ataque a sus raíces. Comprar un Porsche, Ferrari, Mercedes, BMW, Lamborghini u otra bestia afín, pensada para comunicar el placer de manejar, que se despoje de esas diferencias y se distinga solo por su mobiliario o sus formas -ya que el lujo también va a ser un lugar común, pues no se calibrará en maderas y cueros sino en funcionalidades y practicidad-, los tiene pensando.

En cambio, ese escenario puede ser el perfecto para los carros genéricos, casi sin nombre, que funcionan con la misma flexibilidad y acceso universal que tienen los IOS, Androids y Windows. Que, en el mundo y momento que estamos pasando, son lo que a la agente le interesa.

Usted puede tener y manejar hoy un carro concebido diez o quince años atrás y su invalidez digital no es aún un gran hándicap. Pero ese ciclo se va a estrechar mucho en el tiempo, y la longevidad del carro va a ser tan efímera como la del celular que acaba de perder o cambiar.

La industria se debe alinear con el nuevo cliente que no va a preguntar cuántos centímetros cúbicos o kilovatios tiene el motor, sino cuántos 'terabytes' tiene el disco duro de la guantera.

Todo esto resume que nuestra tradicional visión de la manufactura del automóvil será otra, porque el producto que nos tienen que proponer tiene que ser totalmente diferente, así aún tenga ruedas, resortes y motores. Y hasta marca.


FRASE

“Usted puede tener y manejar hoy un carro concebido diez o quince años atrás y su invalidez digital no es aún un gran hándicap. Pero ese ciclo se va a estrechar mucho en el tiempo, y la longevidad del carro va a ser tan efímera como la del celular que acaba de perder o cambiar”.

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