José Clopatofsky
José Clopatofsky

Acabaron con la 11

“Basta con asomarse a esa culebra de buses, carros y motos que van espejo contra espejo por los dos estrechos carriles de la carrera 11 de Bogotá".

04:45 p.m. 26 de noviembre del 2015

Aunque a la acusación aún le falta surtir los justos trámites de las apelaciones y todas las instancias que ofrece nuestro escurridizo sistema judicial, la Procuraduría sancionó por tres meses –que es como dejar a alguien sin medias nueves– a la subsecretaria de Servicios para la Movilidad de esa secretaría de Bogotá por algo que ha sido voz del automovilista y de buena parte del pueblo que ha sido afectada: presiones indebidas a los agentes de tránsito para que incrementaran la cuota diaria de comparendos que debían traer al entregar su turno. Nada menos que 2.500 multas diarias, de donde resultaran y contra quien pudieran.

El sistemita viene operando desde hace muchos años, pues ya se habían oído quejas –que nunca pasaron de eso– en el sentido de que el fondo de vivienda que había para esos policías se sostenía en una buena parte por esa fuente. Y más que por la fuente, por el sistema perverso de conseguir la plata antes que organizar el tráfico.

No se sabe si el mecanismo que seguía vigente en esa famosa entidad buscaba la plata para el mismo fin social o solamente para consignarla en las arcas de la ciudad, donde puede correr cualquier destino, con alta probabilidad de que no sea el correcto, como se espera que se aplique en soluciones de movilidad.

Aunque hablar de eso es como criticar al alcalde Petro por cualquiera de sus medidas, pues para él las observaciones de los ciudadanos que no son de su simpatía –millones– son gasolina para sus propuestas, así estas no tengan el sentido ni la justificación correcta, como jugar al día sin carro a su capricho, parecer y conveniencia para sus intereses políticos.

Si eso hace como alcalde, ¿cómo será si algún día este país tiene la mala suerte de que 'madure' como presidente? Nos deporta a todos quienes disentimos.

Ese mismo talante –que debe ser una orden institucional, por supuesto, y que obliga a todos sus funcionarios a una comunión de dogmas y estilos–, se percibe en esa misma Secretaría de la cual salió el esperpento de cambiar el sentido del tránsito por la carrera 11 de Bogotá. Basta con asomarse a esa culebra de buses, carros y motos que van espejo contra espejo por los dos estrechos carriles de la vía, mientras que en el ‘otro sentido’ la ocupación es mínima. Dicen que hicieron toda clase de cuentas y estudios, pero por los resultados del tráfico, una vez más, les salieron mal. No hay que ir a contar, basta con ver, como pasa ahora en las fronteras.

Para que el trancón norte-sur camine metro a metro necesitan poner en todas las esquinas cantidades de policías que tratan, a punta de pito, de hacer andar lo que no cabe o no rueda. Los semáforos los programaron con unos tiempos que taponan las calles de los barrios que confluyen en la 11, muchos de los cuales tienen bastantes de sus vías paralelas ciegas. Y en las que medio funcionan están todo el día estacionadas camionetas de escoltas cuidando a sus jefes que están en los restaurantes, o de personas haciendo mercado, comprando pan o en vueltas en los cajeros, con la mayor desfachatez. Y ahí si no aparece un policía haciendo cuota, al menos, con justa causa.

Pero es que acá nos pasan las cosas por encima sin que los dolientes se quejen, en principio por educados y cívicos, pues no hay forma de hacer las protestas que otros sectores del país realizan a la brava para que les suban el precio del café, les cuadren su negocio, les subsidien la gasolina, les quiten el peaje, o lo que necesiten. El que va entre su carro, a paso de la 11, es un resignado ciudadano que merece por lo menos respeto cuando le interfieren su correcta forma de vida.

Por lo que se ha oído de quienes aspiran a ser alcaldes, al menos los favoritos, tienen claro que estas cosas hay que organizarlas desde el mismo primero de enero próximo, y ojalá sus ofertas sean más que frases electoreras. Por lo menos en esta pequeña parte de la ciudad basta con volver a lo de siempre para que su tránsito no sea el caos que se inventaron para agregarlo al ya maltrecho flujo de todos los días y hasta noches.

Para no hablar de cuando hay ciclovías, caminatas, maratones, festivales, cartoneros y buses azules varados…

Ojalá la Procuraduría tenga más éxito en este pleito de menor cuantía pero de mucho trasfondo ético que en todas las anteriores querellas que ha emprendido contra el alcalde, que se las ha chamuscado de la A a la Z, al menos hasta ahora. No tanto por la funcionaria que hizo las exigencias ante oficiales de la policía el año pasado y ya tenía listo un decreto para nombrar a personas civiles del Distrito para que salieran a cuadrar la cuota si la policía fallaba, sino por el principio de atacar a quien tiene carro. Lo cual parece ser un pecado capital y mortal en la doctrina Petro.

FRASE
“Basta con asomarse a esa culebra de buses, carros y motos que van espejo contra espejo por los dos estrechos carriles de la carrera 11 de Bogotá, mientras que en el ‘otro sentido’ la ocupación es mínima. Dicen que hicieron toda clase de cuentas y estudios, pero por los resultados del tráfico, una vez más, les salieron mal. No hay que ir a contar, basta con ver, como pasa ahora en las fronteras”.

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