José Clopatofsky
José Clopatofsky

Aporte colombiano al carro autónomo

"Un auto moderno de estos días ya es una compleja estación de cómputo y con una dosis de datos enorme para que la máquina ande y resuelva sola".

03:44 p.m. 12 de abril del 2016

Leyendo entre muy interesantes líneas un estupendo análisis que hizo hace algunas semanas la revista Time acerca de la proximidad y la factibilidad de la implantación masiva de los carros autónomos, algo que va a llegar, pero que aún no se sabe cuándo, encontré que un auto moderno de estos días ya es una compleja estación de cómputo y con una dosis de datos enorme para que la máquina ande y resuelva sola.

Dice Time que el computador de un vehículo con todos los juguetes de conectividad, predictibilidad y ayudas de manejo que estamos recibiendo hoy tiene en su memoria grabados más códigos de operación que los que controlan un ultramoderno avión Boeing 787. La razón es simple: el avión está hecho para operar en un ámbito controlado y único, y la forma de operarlo se ciñe a un libro estricto de procedimientos que, de paso, evitan que sobrepase los límites dentro de los cuales es capaz de volar y tener múltiples accidentes controlados diarios, como lo es cada aterrizaje.

Pero las contingencias inesperadas que deberían afrontar los carros autónomos son absolutamente incalculables, y más si en sus inicios deben compartir rutas y tiempos con vehículos “humanos”. Por ello los cerebros de la informática y del automóvil están trabajando en esos programas con toda profundidad, pero quisiera enviarles por este medio algunas consideraciones para que las incluyan en sus computadores cuando haya la versión ‘Colombia 1.0’ del carro autónomo.

Por ejemplo, qué debe hacer el carro SI:

- Va siguiendo una ruta en sus mapas digitales y resulta que en la noche anterior le cambiaron el sentido a una vía.

- Si desaparecen súbitamente o están marcadas con distancias diferentes, con pintura inadecuada en los sitios incorrectos, las rayas de los carriles que lo guían.

- Si alguien coloca un tronco de eucalipto en el hueco de una alcantarilla en una calle o carretera.

- Si se encuentra de frente con un altar rodante, lleno de luces ilegales, como pasa con camiones, buses y muchos autos antitécnicamente decorados.

- Si frente al autónomo se detiene un vehículo cuyos stops son intermitentes, de diversos colores, que engañan sus radares y lo hacen seguir.

- Si aparecen motos de escoltas bloqueando el tráfico a las patadas y de manera agresiva, anulando la información de los semáforos y señales de la ruta que el carro debe perseguir.

- Si las señales de tránsito se hacen de cualquier tamaño, color, gráficos y con órdenes absurdas que harán que el autónomo se equivoque con resultados catastróficos.

- Si la información de velocidad de las carreteras altera de manera constante el ritmo de viaje e induce a frenazos absurdos en zonas de “alta velocidad”, obligando a que todos lleven bolsas antivómito, como en los aviones.

- Si el carro empieza a detectar cámaras de alcaldes, concejales, del negocio o de los concesionarios puestas caprichosamente y decide andar a los brincos para poder cumplir con sus estúpidas órdenes.

- Si en cualquier parte, por cualquier lado, a cualquier hora y sin ningún respeto, lo atacan motos que bloquean los sensores y las cámaras y el carro se enloquece tratando de no atropellarlas.

- Si los carriles de autos están invadidos por taxis, carros de valores, particulares estacionados de manera desafiante, busetas y buses (varados también) y su aparato está programado para circular por ellos.

- Si el carril de velocidad de una carretera está ocupado por autos que no saben transitar por la derecha y los conductores no se mosquean ni a punta de comparendos.

- Si los programas de su carro dejan de recibir la señal del GPS o del National Geographic sobre las zonas de emboscada que tiene la Policía de carreteras para sostener su cuota de comparendos.

- Si el carro es embestido por alguien que invade su zona de conocimientos y debe detenerse a esperar horas a que hagan el croquis, etc., y luego conseguir a alguien que escribió su software para que vaya a reclamar las multas.

- Si aparece un Ministerio de Transporte que sepa del tema y ponga orden en las vías con tecnología y conocimientos y todo ese software local comience a patinar ante la incertidumbre de que eso sea verdad.

Como naturalmente estos son apenas unos pocos ejemplos que el software del carro autónomo colombiano debe contemplar, los invito a que me envíen a este correo (josclo@eltiempo.com) su lista de ‘SI’ (if) para en una posterior publicación consolidar todas esas probabilidades y enviarlas como un gran aporte colombiano a Google, Apple, Android y demás gurús del pensamiento cibernético. Y de paso, para una segunda o tercera entrega de esta radiografía de nuestro entorno con miras a su hipotético funcionamiento robótico de nuestra movilidad.


FRASE​

“Los invito a que me envíen su lista de ‘SI’ (if) para, en una posterior publicación, consolidar todas esas probabilidades y enviarlas como un gran aporte colombiano a Google, Apple, Android y demás gurús del pensamiento cibernético que están concibiendo el carro autónomo”.

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