José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 477 / La fiebre de los carritos de colección

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, agradece la acogida que ha tenido la colección de Autos Clásicos de EL TIEMPO y pide excusas por los inconvenientes en la obtención de los modelos.

05:00 a.m. 20 de octubre del 2008

Creo que les debemos a los millares de suscriptores y lectores que se entusiasmaron con la colección de carros clásicos, una explicación y unas disculpas por todo lo sucedido alrededor de su distribución y venta. Este tipo de promociones se denominan ventas ocasionales dentro de nuestra organización y periódicamente se hacen con diferentes productos como libros y, recientemente, vajillas.

Por supuesto, de pasadas experiencias, conocemos bien -eso creíamos- el potencial de compradores de esas promociones y con ese mismo esquema se hicieron las previsiones y provisiones del caso.

Lo que sobrepasó nuestras cuentas fue la respuesta masiva a la convocatoria hecha a través de la revista y los otros medios de la Casa Editorial. Hubo -y siguen- filas que requirieron el control de la fuerza pública y bloqueo de nuestros expendios. Se vieron traumas grandes en los almacenes de cadena por las colas de entusiasmados lectores para comprar sus carros y las increíbles estrategias de los revendedores confluyeron de manera imprevisible y frustraron a muchas personas. Aun dentro de nuestra propia sede, con los funcionarios de la Casa Editorial, se tuvo que organizar la venta y también diferirles a muchos el gusto de tener la serie completa.

Hubo que tomar medidas de emergencia para mejorar la logística y buscar la forma de atender de manera preferente a los suscriptores que se estaban quedando por fuera de la posibilidad de adquirir las piezas y crear un plan de satisfacción para todos los que quieren completar la serie con unas condiciones de prepago muy favorables, con base a las cuales estamos ya elaborando un pedido adicional a los proveedores que están en el otro lado del mundo y necesitan un tiempo para despacharlo.

En esta fiebre, no hubo un solo frente de la Casa Editorial que no fuera bombardeado por correos y llamadas de personas frustradas por no haber podido acceder a las primeras ni a las siguientes unidades. Entendemos toda esa molestia y les ofrecemos disculpas a la vez que estamos seguros de contar con su comprensión.

De paso, para MOTOR toda esa ola de coleccionistas que se despertó, nos genera una grata sensación por la sintonía, seguimiento y cariño que percibimos por parte de los lectores y televidentes permanentes y ocasionales que se motivaron y están siguiendo el proceso de obtener los carros con devoción y tenacidad a pesar de las dificultades.

Estas son precisamente las características que hacen valiosa la serie. Que sean escasos y exclusivos, a pesar de que colocamos más de 80 mil piezas del primer carro. Que sean difíciles de conseguir. Que tengan algún historial diferente a comprarlos ocasional y aisladamente. Y que estén acompañados de los fascículos y láminas pertinentes, los hace aún más valiosos porque las colecciones no son una acumulación aritmética de juguetes o elementos, sino una expresión y ocasión de tener conocimientos y cultura acerca de un tópico específico.

Por lo tanto, sabiendo que esta promoción a pesar de ser un producto popular, nació con el ADN de coleccionable, no sobra aprovechar la ocasión para contarles que en ese caprichoso mundo de los aficionados a reunir piezas, éstas tendrán un valor muy superior si se guardan con sus empaques. Un modelo con su caja, cuesta el doble o triple que suelto y mucho más si es una pieza antigua. Por esto, traten de guardar todo, el material escrito y los empaques pues hará más valiosa y completa su serie.

También nos sorprendió mucho el apetito de la gente o la afición que llevan escondida por el automóvil. Claro, muchos están en la fila para reunir los carros con destino a hijos, sobrinos, nietos, novios, en ambos sexos en los dos extremos. Pero en una buena cantidad, son adultos que están haciendo de intermediarios y con la argumentación de que 'tienen un bebé de seis meses a quien quieren reunirle la colección para cuando esté grande'. Disculpa piadosa para esconder el niño que todos llevamos dentro y que se despierta ante estas motivaciones que necesitan justificaciones adultas.

Como coleccionista que soy, conozco cómo se mueve esa tentación de pellizcar el mercado para poner un objeto más en la vitrina. Que generalmente solo produce una satisfacción individual pues los modelos hay que encerrarlos detrás de vidrios, evitar que los toquen, lograr que los miren de lejos y espantar de cualquier posibilidad de acceso a todos los chiquillos que se fascinan con verlos. Y rara vez se consigue un visitante a la galería que entienda bien el significado de cada modelo para poder compartir todo el esfuerzo que hay detrás de su consecución.

A todos los que están ingresando a este mundo, bienvenidos y nos alegra haberles generado esta oportunidad y despertado esa afición.

A quienes han tenido sinsabores, otra vez, mil excusas a nombre de toda la organización logística y de mercadeo. Como director de la revista, recibí muchísimos de sus correos y llamadas que fueron transferidos a los centros de atención pues ese operativo no estaba en nuestras manos, más allá de su difusión.

Las dificultades valorizan una colección. Hace dos semanas, en el Mundial del Automóvil de París, hice una espera paciente de 45 minutos -luego de haber cogido primera fila- frente al escritorio de atención a la prensa en el stand de Ferrari para obtener su carpeta de prensa original, con las fotos de los carros y en especial las oficiales del nuevo California. Nos apretamos, empujamos, peleamos muchos cientos de colegas para lograr una de las 200 o 300 unidades que llevaron para ¡4.500! periodistas inscritos. La guardé como una reliquia y conseguí una segunda en medio de la confusión para tener una edición sin destapar. Cuando abrí la de trabajo, me deleité viendo lindas fotos de todos los carros, del F1, de la fábrica, del museo pero no había ni una sola imagen del California. En esas condiciones la pieza de prensa del lanzamiento vale más, porque a la misma Ferrari se le olvidó incluirlo. Después de eso, nuestras dificultades son más justificables pero no perdonables.

Nos vemos mañana en la fila para comprar el quinto...

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