José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 479 / Misiones y tareas confundidas

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, comenta por qué uno de los cargos públicos más complicados de asumir es el del secretario de la 'Movilidad'.

05:00 a.m. 24 de noviembre del 2008

 Cayó otro secretario de la `Movilidad` de Bogotá. Es el enésimo de la lista de personas que han pasado por el cargo más complicado y resbaloso de la ciudad y por eso seguramente no será el último.

Allí han estado profesionales de todos los ramos. También amigos de los transportadores y algunos pocos que al menos han tratado de meter en cintura a este gobierno en la sombra de la capital y del país.

Hombres y mujeres. Expertos y aventureros en el puesto. Ninguno ha funcionado. Ni como secretario de Tránsito y, menos, como secretario de la Movilidad.

Creo que ese es uno de los problemas de ese cargo. Que hay que separar las funciones. Una cosa es estudiar el Metro, las avenidas, las obras, las platas y toda esa burocracia que se mueve alrededor de esos temas, también con muy poca fortuna como lo podemos apreciar en la torpeza con que se diseñan las obras, su planeación y la muy discutida calidad de las mismas, para ser benévolos. Esa es tarea de ingenieros, economistas, arquitectos, expertos en la administración pública que, confío, ocupen esas plazas. Aunque se sabe que en el IDU trabaja cualquier cantidad de abogados contra un minúsculo grupo de ingenieros conocedores de las tareas de ese instituto que estudia y orienta el desarrollo de Bogotá. Eso ya nos indica cómo no funciona la cosa o por qué lo hace tan mediocremente.

Otro tema es la marcha de la ciudad, que en la práctica le corresponde a la Policía de Tránsito, que es a su vez una dependencia de la policía de la ciudad y por ende, sometida a los lineamientos del generalato nacional. Para nadie es un secreto que las vías de comunicación entre la Policía de la capital y el Alcalde tienen un roto tan visible como el conector de la 80, que no han logrado poner a funcionar. El comandante de la Policía de Bogotá tiene más circulación sanguínea con el Ministerio de Defensa que con el alcalde Moreno, tal como lo hemos podido ver y palpar. Así me rectifiquen, se den abrazos y posen en las fotos en aras de la cordialidad institucional, no es un secreto que ese fusible está recalentado.

Además de la operatividad de la Policía de Tránsito, que tiene 300 efectivos para semejante monstruo de urbe, se necesita un secretario con autoridad y poder inmediatos que se baje de su camioneta blindada, arranque con una volqueta y un piquete de obreros detrás y comience a tapar todos los huecos que hay en los cruces y sitios de gran congestión donde el tráfico se paraliza por cuenta de una zanja para pasar los cables de la televisión de una acera a la otra. Eso es un trabajo de campo, parado en las esquinas, viendo el problema y arreglando las cosas con soluciones inmediatas.

Recientemente, durante un cordial y muy extenso encuentro que tuve con el alcalde Moreno, le sugerí un nombramiento más en su gabinete, que bien escogido, podría ser una solución inmediata para algunos de nuestros problemas: el secretario del `sentido común`, que no necesita tantos pergaminos sino pensar in situ y
arreglar las cosas por la vía del raciocinio elemental.

No podemos esperar a que haya Metro, a que resuelvan el TransMilenio, a que funcione un tren que lleva 40 años parqueado, a que hagan cinco veces el mismo puente, a que diseñen los pocos que hacen en los sitios donde no funcionan, a que sigan pasando secretarios en una misión y tareas confundidas.

Es lo mismo que sucede a nivel nacional. El Ministerio del Transporte es el Ministerio de Obras como lo era originalmente.
Alguien fusionó el Intra con el ministerio y en materia de transporte nos quedamos en el limbo. O peor, porque en esa materia el ministerio no da sino pasos desatinados y, tal como pasa en Bogotá, la Policía de Carreteras gobierna por su lado, en otra línea de mando, en la cual rotan los comandantes por la dinámica de su fuerza, sin que necesariamente les entreguen la misión a quienes pueden tener capacitación específica en el tema. De ahí que en las carreteras, las decisiones son militares y no técnicas.

Respeto profundamente a quienes ocupan esos cargos. Los admiro por meterse en semejante boca de lobo. Me parecen muy valientes porque saben que están sentados en una hoguera y que son chivos expiatorios del sistema que necesita reformarse urgentemente y poner los pies en la tierra y en las calles que es donde hay que gobernar. Al pie de la realidad y en el fondo del problema y no en la retórica de los altos pisos de la burocracia oficial,que debe ocuparse de otros niveles de la problemática urbana.

El Alcalde podría en su gabinete, y el Presidente de la República en el suyo, replantear estas misiones y tareas porque como está montado este establecimiento para el transporte y el tráfico, los gobiernos son parte del trancón y muy poco de la solución.

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