José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 481 / Bogotá es peor a 'pata' que en carro

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, presenta una pequeña radiografía del estado de las vías en la capital del país y explica por qué también representa un peligro para los traúnseuntes.

05:00 a.m. 26 de enero del 2009

 Es un tema traqueado decir que las ciudades tienen sus mejores días a finales y principios de los años porque se desocupan parcialmente por las vacaciones cuasi colectivas del país. Se van muchos carros, pues viajar en avión es impagable, sobre todo si se trata de grupos familiares y, quienes nos quedamos "gozando a Bogotá", andamos todos a un ritmo más relajado.

También es repetitivo resaltar que en esas condiciones, aunque la ciudad parezca mejor es la oportunidad para ver lo mal que está en muchos aspectos, obviamente, siendo lo más visible el estado de las calles. Hay huecos por todas partes y los andenes, salvo poquísimos que medio han arreglado, son más peligrosos para la gente que los cráteres de las calles para las suspensiones de los vehículos.

Mucho nos quejamos de las vías, pero la ciudad es peor para andar a pie que en auto. Hay que ver a la gente cruzando la carrilera del tren frente a imponentes centros comerciales, cargada de paquetes, en un auténtico y meritorio "patacross" cuando se trata de señoras en tacones puntilla, correteadas al galope para evitar ser atropelladas.

Ni hablar de los charcos que convierten a los transeúntes en directas y certeras víctimas de unos inclementes e inevitables duchazos cargados de barro, de las descargas de humo de los buses o de las motos que usan los andenes para andar como y por donde se les da la gana o del peligro de los ciclistas que se toman sus vías como unas autopistas para preparar el Tour de Francia o para viajar con una cortadora de pasto en la parrilla que va descalabrando peatones desprevenidos a su paso.

En fin, con o sin gente, con pocos o muchos carros, nuestra ciudad está acabada y no se ve una acción reparadora cercana. Por ejemplo, en las rutas por las cuales me muevo, es denigrante ver las calles de "nuestro 7 de Agosto" -el barrio surtidor de repuestos y de los talleres que mantiene andando a todos los carros de Bogotá-, destrozadas mientras todos los comerciantes pagan impuestos por cada metro cuadrado de fachada como si estuvieran vendiendo en el "boulevard de la tornillería" en París.

En el parque del barrio Gaitán hay un hueco en todo el cruce de tres importantes arterias convergentes que lleva cuatro años sin que le arrimen una pala, salvo las que los vecinos traen con algunos escombros para mermar la profundidad de las fosas. Hace unos meses arreglaron algunas de las calles secundarias cercanas pero no tocaron la más importante. ¡Típico!

La 134 que conecta a la autopista con la 19 es un tobogán inverosímil. La ruta del caño que corta al barrio Cedritos en dos, es una catapulta al canal. En el fantástico trancón de la obra de la Avenida Chile, lo peor es una zanja que la cruza a la altura de la Caracas hace meses. Pasarla toma por lo menos 20 segundos por carro y el trancón llega hasta la 30. Porque, además, hay un carril levantado hace seis o más meses y nadie trabaja en esa obra. ¿Será mucho pedir que lo arreglen así sea de manera transitoria? Hace pocos días un camión se hundió en un hueco de su mismo tamaño en plena Calle 53, cerca de la importante Avenida 68. No hay derecho.

Mejor dicho, tengo el privilegio de poderme quejar en vivo sobre la dosis diaria y fija de destapado que me ofrece la ciudad, pero sé que mi caso debe ser benévolo y apenas sintomático del desastre que se vive en zonas más desatendidas y que padecen mis compañeros de rallye.

Alcalde Moreno: el asunto no solo es de enormes obras o de desbaratar durante un año una cuadra para restaurarla mientras se destruye la de al lado con el tráfico desviado. Hay que hacer una cirugía ambulatoria que, aunque no sea el remedio de fondo, sí alivie el paso de los carros y le dé alguna fluidez al tráfico. Parece usted tener ahora un secretario que luce más preocupado por la movilidad. Mándelo con el de obras (por favor, sin el IDU, cuya visión de los trabajos públicos es calamitosa) a trabajar una semana desde su carro y verá -mediando su buen criterio y el sentido común que, suponemos, tienen- que logran agilizar muchos de esos puntos tan críticos y simples de solucionar.
Aunque hay señales de parte de esos funcionarios  desconcertantes, como saludar a todos cuando regresamos de vacaciones con la obra de la paralela con 106, que colapsó a la ciudad y que bien habrían podido hacerla, precisamente cuando estaba Bogotá a media marcha, para no perjudicar inútilmente a miles de personas, como en efecto sucedió.

Me atrevo a sugerirles al Alcalde Moreno y a su equipo algunas cosas, además de esas brigadas urgentes tapahuecos, que tomen algunas medidas como obligar a que las motos anden solo por las paralelas en todas las avenidas que las tengan, por ejemplo, la autopista, muchas partes de la 30, la Boyacá, la 68 y debe haber muchas más, para bajar la accidentalidad por el peligro que corren al compartir los pocos metros de rutas fluidas donde los carros, con gran trabajo, cogen algo de velocidad.

Igualmente, no me parece descabellado que piensen en un pico y placa más extenso, pero zonal, limitado a las partes donde están atascadas las vías por las obras que arrancan. No tiene sentido que alguien en Bosa pague ese castigo de la restricción porque a 30 kilómetros de distancia están arreglando una calle. De esa forma disuaden a quien sin necesidad vaya a esas zonas neurálgicas.

Le pregunto, ¿por qué si otro alcalde pudo con un plumazo cerrar todas las bahías de parqueo, no se pueden abrir de la misma manera? ¿Cuál es el miedo para cumplir con las promesas y las órdenes de los órganos superiores de justicia al respecto?

Este año que empieza, ha dicho el Alcalde, será en el cual veamos sus realizaciones. Pero ya pasó el primer mes y nada. Y, por favor, póngase las botas porque los andenes están peor que las calles y los ciudadanos de a pie también necesitan una atención diferente a que les pongan partes por hacer lo que aprendieron desde chiquitos: a caminar esquivando alcantarillas destapadas, zanjas, pedazos de losas levantadas, canecas de basura, kioscos, zanjas, cruzar por donde se pueda, saltar del bus en marcha y cogerlo al paso con los niños de la mano. En los andenes no hay trancón peatonal pero sí lo va a haber en las clínicas de ortopedia porque Bogotá también es quebradero de patas, brazos y clavículas.

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