José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 487 / El favor de los camioneros

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, opina acerca de la coyuntura que se presenta con respecto a la rebaja anunciada del precio de la gasolina y el último paro de camioneros.

05:00 a.m. 27 de abril del 2009

Cuando me corresponde escribir esta columna, el nuevo paro de los camioneros lleva apenas 24 horas y no se saben sus resultados y consecuencias. Pero sí es la primera vez que una protesta de estas consigue reunir una alta favorabilidad parcial entre todos los ciudadanos por la solicitud de las rebajas de los precios de la gasolina y Acpm que el gobierno, de manera tozuda y hasta contra las leyes, se ha empecinado en mantener por fuera de todos los parámetros internacionales. Y, peor aún, inexplicables en el ámbito de un país productor de combustibles.

Con toda clase de cifras y diagnósticos está probado que el gobierno hace una usura con el precio que les fija a los combustibles y que el invento del ¿fondo de estabilización¿ no es más que otro impuesto muy mal disfrazado que ha recaudado en un fondo que nadie sabe dónde está ni para qué se usa. Son más de 1.3 billones de pesos acumulados a la rata de 4.200 millones diarios que, si circularan en la economía y en los bolsillos de los consumidores, le harían mucho bien a esta recesión que el gobierno, en lugar de aliviar, agrava con esta medida y con otras como el nocivo pico y placa de Bogotá.

Tan es evidente este exabrupto de los precios, que el Presidente anunció de primera mano, para tratar de conjurar el tercer paro que le hacen a su ministro Gallego en menos de un año -para no poner el retrovisor más allá- una rebaja "por ahí de 400 pesos" por galón.
Lo cual demuestra que ese precio se maneja a ojo y antojo y no al tenor de normas técnicas.Si las usaran, la gasolina valdría, para estar a tono con las matemáticas del gobierno ¡"por ahí 1.400 pesos menos por galón"!

Es tan torpe el manejo del gobierno que el paro no había arrancado en forma y ya los ministros de Minas y Energía y de Transporte estaban desautorizados por el Presidente, que los había puesto a frentear este indefensible tema ante la opinión pública. Pero ya se sabe que los fusibles que el Jefe del Estado recalienta con sus caprichos, no los revienta con la misma justicia pues mientras despacha militares al retiro con menores errores en su ejercicio, sostiene a otros funcionarios civiles que han sido calamitosos.

¿Cuánto han costado los paros de transportadores? ¿Por qué son recurrentes? ¿Qué ofrece el gobierno que no cumple? ¿Por qué tiene que intervenir siempre el Primer Mandatario para arreglar estos conflictos y no corrige la raíz de los mismos?

Lo de los combustibles es algo ocasional y que se les apareció a los camioneros como una vaselina perfecta para lubricar sus otras peticiones, en las cuales no puede haber un consenso.

Piden imponer las tarifas de carga cuando su flexibilidad es propia de la ley de oferta y demanda en un mercado libre como el que vivimos. Exigen controlar la sobreoferta de vehículos de carga que ellos mismos han creado, pues nadie diferente a los propietarios de camiones o empresas transportadoras ha comprado un excedente de 40% de camiones y los ha puesto a trabajar en el negocio de carga pensando que tenían rentabilidad o que los podía pagar y hoy quiere que le financien sus acreencias con plata del Estado para un bien particular.

Quieren subsidios para reponer los camiones antiguos y una chatarrización también subvencionada cuando en cualquier empresa privada (un camión es una empresa) el deterioro y uso de los activos se castiga en los balances y se considera como costos de operación.

Pero como el gobierno no tiene políticas sobre el transporte sino que lo maneja con decretos y resoluciones de choque, escritos para destrabar carreteras cuando las tractomulas paran, estamos en una situación que será repetitiva y permanente.

Cada gremio y sector tienen que buscar sus mejores condiciones de trabajo  favorabilidades como lo hacen los camioneros. Están en su derecho. Otra cosa es que les concedan cosas que no corresponden por la impotencia de manejar la situación de orden público que se deriva.

Pero, pensándolo bien, qué tal que un día de estos los ciudadanos tomen unas vías de hecho para protestar por cosas que sí los afectan masiva e injustamente como el día sin carro, el pico y placa, el precio de la gasolina, la persecución de la Policía, la discriminación y los impedimentos para el uso de las motos, el mal estado de las carreteras a cambio de peajes costosísimos en muchos sitios neurálgicos del país, los sobrecostos que implica usar puertos y servicios de transporte que encarecen toda la estructura de alimentos y productos básicos, el 40% de impuestos que se pagan por los vehículos nuevos, el desastroso estado de las calles de Bogotá donde circula el 40% de los automotores, como para citar algunos puntos que tienen a la ciudadanía enardecida y con la paciencia en el límite de la racionalidad y el comportamiento pacífico.

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