José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 489 / ¿Sobreviviremos a la crisis del sector a nivel mundial?

El director de revista Motor, José Clopatofsky, explica por qué en medio de la crisis de las grandes marcas de automóviles en el mundo, el mercado colombiano se mantiene en proporciones aceptables.

05:00 a.m. 26 de mayo del 2009

 Al tenor de las noticias de los últimos meses sobre la crisis financiera mundial, el panorama que se le puede presagiar a la industria del automóvil no es muy halagador. Porque si bien todos los sectores de las economías del mundo han sido afectados, el automotor lleva la mayor publicidad y seguimiento, por la natural razón de las implicaciones que puede tener su desplome, que incluye el de las que se creían invulnerables y omnipotentes corporaciones como General Motors y Chrysler.

Los otrora símbolos de la pujanza, en muchos casos de la arrogancia, se arrastran hoy, pero van a sobrevivir. Chrysler, gracias al brazo tecnológico de Fiat -quién iba a pensarlo, pues hace tres años estaba en la olla- y General Motors al amparo de la ley de bancarrotas de su país, a la cual debe acogerse en los próximos días.

Esta ley genera mecanismos para que las finanzas de las empresas en dificultades se recuperen al negociar de manera preferente con los acreedores a lo que se suman los apoyos financieros enormes que les ha inyectado el propio gobierno de Obama.

Operación similar que han tenido que hacer otros estados con sus
industrias. La razón fundamental es que el sector automotor genera millones de empleos que, en momentos de crisis, ningún gobierno puede convertirlos en cesantes de la noche a la mañana y mueve una gigantesca cadena productiva en todos los ámbitos.

¿Qué va a pasar? Los colosos de Detroit serán jugadores diferentes en el futuro. Ya está probado que, salvo la cúpula de Ford que tomó previsiones oportunas y está más lejos del precipicio en el cual resbalan sus tradicionales competidores, el manejo que les dieron a esas empresas en todos los tiempos pasados cercanos no fue el correcto. Ofrecían vehículos desafinados con los gustos mundiales y devoradores de gasolina que en el resto de los mercados no tenían entrada. A eso se sumó el propio desajuste súbito de sus clientes tradicionales a quienes, de un día para otro, a raíz de la última subida escabrosa del petróleo (que en Colombia se mantiene), la factura de la gasolina se les volvió un desangre preocupante. Todo lo tienen que reinventar.

En los otros países, salvo el grupo VW, que parece flotar con utilidades sobre la tempestad, todas las empresas conocen dificultades, no necesariamente generadas por defectos de gestión como es el caso de los estadounidenses, sino porque el consumidor se replegó y guardó sus apetitos de estrenar carro para un momento menos incierto de sus ingresos y finanzas.

Las ventas de carros van colgadas en más de un 30% en este año y eso es una barbaridad pues las plantas y las cadenas de producción del automóvil no pueden frenar de la noche a la mañana, como tampoco paran las cuentas por pagar.

Ante las alarmas pitando, se está dando un ajuste fundamental para algunas empresas de mediano tamaño, tipo Fiat, que saben muy bien que necesitan un mínimo de 5,5 millones de unidades al año para tener una salud financiera decente, para hoy, mañana y pasado mañana. Por ello se oye de fusiones y acercamientos de Opel y Fiat, de ofertas por Volvo, Vauxhall, la misma Opel, Hummer, Saab y otras, además del cierre de marcas venerables como Pontiac. Lo que no es rentable va a desaparecer y los que tienen valores se deberán unir para compartir plataformas, tecnologías, redes, servicios, platas y conocimientos. Superarán solas la crisis marcas pequeñas proporcionalmente pero de gran rentabilidad que están en mercados de alta gama como BMW, o que tienen un portafolio más amplio como Mercedes Benz con los camiones.

¿Qué pasará en Colombia? A pesar de las noticias del exterior que suenan terribles, las tres ensambladoras locales tienen una vida independiente y sana, con mercados asegurados y productos correctos que la gente compra a gusto. No en vano venden la mitad de los autos colombianos, y así muchos de esos sean importados, de todas formas integran un conjunto de negocios de resultados positivos. En momentos como estos, plantas que les generan dinero a las atribuladas casas matrices son una joya que deben cuidar y aislar de los problemas, como está sucediendo, inclusive a nivel fronterizo para superar el cierre del mercado venezolano.

Viéndolo desde un punto de vista pragmático, esta crisis ha creado un momento de reflexión doloroso, pero oportuno, del cual los actores del mercado colombiano también deben aprender para ajustarse y saber capotear con cautela los vientos buenos y malos que siempre han sido cíclicos en el sector automotor. Parece que lo están haciendo decentemente en medio de las dificultades y se sobrevivirá sin grandes traumatismos y los que se den se acolchonarán con los buenos años anteriores.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.