José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 490 / ... y sigue el ordeño para los dueños de vehículos

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, explica por qué sería mal recibido un aumento en el SOAT para motos como el que propone el actual gobierno.

05:00 a.m. 08 de junio del 2009

Uno no entiende el porqué andar sobre dos o más ruedas en este país es como colocarse de blanco móvil en medio de una balacera. Por todas partes, al "motorizado" lo atacan desde los más diversos frentes del gobierno. Con malas carreteras, con calles vergonzosas como las de Bogotá, con ínfima dosis de seguridad vial pero sí con enormes cuotas de peajes e impuestos, con agresiones directas como el límite al uso del vehículo, con tasas y sobretasas a una gasolina de por sí sobrefacturada sin clemencia contra el bolsillo del usuario y el progreso de la economía...Y etcéteras sobran.

Ahora es el propio presidente Uribe, quien -como lo dijimos en un editorial reciente- aplica el freno y castiga más a la gente anunciando un incremento del SOAT para las motos, a la vez que trata de ilusionar a los compradores de vehículos con un crédito, dizque blando, para estimular las ventas y que resultó ser un saludo más a la bandera nacional. Puro símbolo.

Como lo reseñó de manera muy amplia y exacta EL TIEMPO en la sección de Vehículos del sábado pasado, el SOAT es el cobro obligatorio de un seguro para reparar lesiones en personas derivadas de accidentes de tránsito. Cubre los siniestros conocidos y los de vehículos fantasma. Eso es muy bueno pues genera un amparo inmediato a los afectados, aunque a la vez ha sido motivo para una repudiable e infame guerra de las ambulancias que se pelean la recogida de los heridos para cobrar comisiones en los hospitales que los acogen por cuenta del SOAT.

Pero resulta que del recaudo del SOAT sobra plata. Y mucha. Tanta como 1 billón y medio de pesos que reposaban en portafolios, títulos de tesorería y cuentas bancarias del Estado, según cifras oficiales del cierre contable de 2007. Los rendimientos de esas platas le reportaron al gobierno en su momento utilidades de 151 mil millones de pesos de los cuales ejecutó o gastó 84 mil.
Es decir, le quedan unas vueltas jugosas.

Por cada SOAT que se paga, sea de automóvil o moto, el 47% va a parar al Fosyga (Fondo de Solidaridad y Garantía) que cubre las lesiones causadas por carros fantasma o por los que no tienen el SOAT al día. Un 51% se les entrega a las compañías de seguros que deben atender los siniestros convencionales. Y el 2% que sobra, se lo dan al Fondo de Prevención Vial, que es una entidad privada formada por las aseguradoras autorizadas para emitir el SOAT, que son solo siete en todo el país.

La plata que está en el Fosyga se debe usar para necesidades extremas, por ejemplo, atender catástrofes naturales y algunos aspectos de salud. Según los informes publicados por el Ministerio de la Protección Social y el Fosyga en sus propios sitios de Internet, el 31 de marzo pasado tenían "durmiendo" más de 6 billones de pesos, de los cuales 2 billones proceden de los excedentes de platas del SOAT.

Muy bueno que exista esa plata para las "hecatombes", que parece ser la palabra motriz de este gobierno. Pero sería mejor si no viéramos todos los años la misma cuota de pueblos inundados en el Magdalena y en las riberas de los ríos, si no se desplomaran de manera consuetudinaria los barrios que están pegados milagrosamente en las laderas de las ciudades, si no hubiera tanto sitio sin acueducto o sin un botiquín y si se atendieran como debe ser las catástrofes. No con pasajeras visitas estatales sino con soluciones de fondo.

Ahora nos tienen aterrorizados con el tema de la accidentalidad de las motos. Claro que es terrible, así sea un caso al año. Pero, al contrario de las cifras con las cuales se dramatiza financieramente el tema, esa cuota de accidentes va en milagroso descenso pues la dosis de siniestros nunca ha crecido en la proporción de las 400 mil motos nuevas que entran cada año a las calles y carreteras en las cuales la gran mayoría de conductores se suben sin tener ni un curso, ni un examen, ni un solo requisito sobre las normas de tránsito o el manejo de su vehículo y las operan en precarias condiciones de seguridad. Todo este factor de riesgo lo aporta directamente el gobierno con su falta de controles y desarrollos de vías y calles. Razón por la cual es el Estado el que debe responder por, esa sí, verdadera hecatombe.

Con el argumento del aumento de accidentes, quieren subirle el valor del SOAT a las motos, que son un vehículo del cual derivan su sueldo el 97% de los usuarios, que pertenecen fundamentalmente a los estratos 1, 2 y 3. Para esas personas, pagar anualmente -a la tarifa actual- un SOAT que equivale en promedio al 7,7% del valor de su vehículo es un escándalo y una desconsideración gubernamental. Subirlo, un despropósito total. Y hay una cifra que descalifica esa argumentación del Presidente: en la página del Fondo de Prevención se indica que los accidentes han disminuido en forma positiva, si es que cabe esa palabra. Por cada cien mil motos circulantes, en 1998 hubo 2.239 accidentes. En el 2008, fueron 1.394. La baja de accidentalidad fue del 59%.

Como la aritmética no tiene interpretaciones, agrego estos datos tomados de la misma fuente: A marzo de este año, dice la Superfinanciera, se habían recogido 208.190 millones de pesos por SOAT y se habían pagado 95.792 millones en siniestros. ¡Sobran 112 mil millones! Y quieren subir la tarifa.

¿En qué está pensando este gobierno, claro, aparte de su reelección?... Si le falta la hecatombe para lanzarse, la está fabricando porque la gente de las motos no se va a quedar quieta. 

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