José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 491 / Gasolina con colesterol

El director de revista Motor, José Clopatofsky, comenta la práctica de los gobiernos de turno de montarle cada vez más impuestos a una gasolina que se cobra a precio internacional.

05:00 a.m. 23 de junio del 2009

Cuando usted le aplica cien mil pesos de gasolina al tanque de su automóvil, 57 mil van para las arcas del gobierno, de los cuales son 37 mil de impuestos directos adicionales al valor del líquido que sube a las cámaras de combustión. Si se ha pasado a un vehículo con motor diésel, tendencia creciente ante la factura del combustible tradicional, de esa misma cantidad final que paga, para el gobierno van 36 mil pesos y de esos, 22.600 caen directo a la chequera estatal. Como se ve, es muy favorable para un particular pensar en el Acpm y un incentivo muy valioso para quien hace negocio sobre ruedas en las vías públicas. 

Sobre este tema de los precios de las gasolinas podremos volver enemil cantidad de veces con todo tipo de 'explicaciones' y coyunturas, para llegar siempre al mismo oscuro lugar: el gobierno saca enormes cantidades de plata de este producto y le tiene montada una ladina y subterránea estructura de impuestos que no resiste sustentación pública coherente, ni con el sistema, ni con el momento económico del país, que necesita sangre a un precio correcto en sus arterias y no cargada con este peligroso y desestimulante colesterol estatal. 

Al automovilista hay que sacarle cuanto se pueda, es la tesis de nuestro Estado y, salvo el transportador que tiene y usa mecanismos de protesta, el ciudadano del común, que es individual ante el establecimiento, no tiene recurso diferente a aguantarse el palo que este gobierno en especial, y todos los precedentes con menos voracidad, le han dado consuetudinariamente. Cuando hubieran podido rebajar la gasolina a un precio justo, le quitaron 400 pesos para darle contentillo a la gente y el sobrante lo metieron al famoso fondo de estabilización, que se volvió un mecanismo más para seguir cobrándola a precio de oro y guardar plata a rodos (¿Sabemos dónde está y qué hacen con ella?) dizque para épocas de alza del petróleo. 

 Y a falta de tributos y peajes, ahora el Presidente anda con el cuento de subirles el SOAT a los carros y a las motos con lo cual se va a echar encima un problema social adicional pues esos usuarios que viven de este vehículo, no se van a quedar callados. Pero ya sabemos que a los oídos de Uribe hablan asesores que en materia de transporte y combustibles han sido calamitosos pero los sostiene en el mando con un mecanismo tan inexplicable como el de los precios que hablamos.

 A raíz de este permanente maltrato, comienzan a abrirse opciones para ponerle trampas al centavo al valor de la gasolina por cuenta de los distribuidores minoristas, que son las estaciones de servicio que, en ciertas zonas del país como las capitales de departamento y Bogotá, operan bajo una libertad vigilada de precios. Es decir, pueden jugar con su margen que es muy estrecho, un 5 por ciento. 

Esto se traduce en la disparidad de precios que se anuncia en los carteles de las bombas y que empieza a marcar diferencias en la decisión de compra. Por ejemplo, en supermercados como Carrefour y Éxito, están comenzando a vender las gasolinas con el sistema de autoservicio, es decir, uno llena y va a pagar a la caja, con lo cual la estación se ahorra el operador y el usuario cerca de 300 pesos por galón. Pensando que una persona recorra 20 mil kilómetros al año en un carro pequeño que gasta un galón por cada 40 kilómetros, puede ahorrarse 150 mil pesos en doce meses. No es una cuantía enorme, pero sí va a marcar una fidelidad hacia determinados puntos de llenado. Esto posiblemente va a implicar cambios inmediatos en todos los centros de servicio si quieren ser competitivos y nos acercaremos al sistema mundial de expendio, aunque por el camino contrario. 

Porque en otros países, siempre ha sido autoservicio y como la persona iba a una caja a pagar, empezaron a colocarle al sitio ofertas de comidas rápidas, gaseosas y elementos de primera necesidad para aprovechar ese tráfico. Acá, como la mayoría de las petroleras desestimó sus instalaciones y se dedicó a patrocinar cambiaderos de aceite de garaje, la gente perdió la noción de ir a la bomba para cosas diferentes a echar gasolina. Para poder sobrevivir, ahora esas estaciones se han convertido en grandes y útiles centros sociales, en minimercados y hamburgueserías de postín, donde es más fácil conseguir un litro de aceite de oliva español que aceite sintético para el motor. Los distribuidores de gasolina están muy preocupados por este nuevo sistema de autoservicio pues van a tener que ajustarse y eso implica reducción de puestos de trabajo, punto que ya ha sido bien perjudicial con la terca medida del pico y placa del alcalde Moreno y su útil Secretario de Movilidad. Pero será algo que se va a imponer. 

Otra variable que también empieza a contar es la diferencia de precios que tiene la gasolina con respecto al lugar de envío. Por ejemplo, mientras más cerca esté de Facatativá, centro de acopio, menos cuesta el transporte y la bomba la puede vender más barata. Pero no se explican los cartageneros cómo, teniendo la planta de Mamonal en la puerta de la casa, paguen la gasolina más cara del país. Como tampoco es claro el precio de base que fija Ecopetrol diferente para la base del IVA si la gasolina va a recibir etanol o no, cuando el producto es idéntico y cumple el mismo oficio. Todo para clavar al usuario. 

 Yo creo que así como a través de escritos e investigaciones de prensa hechos en nuestros medios que atienden el sector automotor hemos conseguido muchas revisiones a favor de los usuarios, desafortunadamente mucho menos de lo que justamente merecen, tales como las revisiones de los costos de las pólizas de seguros, la baja de precios de repuestos de muchas marcas, la supervisión ahora de las costosas revisiones obligatorias para los carros nuevos, de muchas y abundantes medidas antitécnicas del Ministerio del Transporte, de conos y radares, a este gato de la gasolina hay que amarrarle un cascabel quincenal que, así suene cansón y literalmente repetitivo, es fundamental para proteger al usuario de tantos castigos y costos que no puede remediar a punta de Omega 3. Algún día, de tanto golpear en la puerta, esta se tiene que abrir.

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