José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 496 / La bioalineación del país

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, explica los alcances de la implementación del biodiesel en el país y de paso invita al gobierno para que estimule una política ambiental en esta vía.

05:00 a.m. 07 de septiembre del 2009

Con la incorporación del biodiésel directamente en la red de distribución de Acpm de Ecopetrol, comienza una fase definitiva para el alineamiento de este combustible, el más contaminante en fuentes móviles y fijas por el alto contenido de azufre y las consiguientes partículas emitidas al ambiente debido al imperdonable atraso en el cual navegó su producción durante muchos años por parte de Ecopetrol.

Afortunadamente se han tomado correctivos tanto pasajeros como de fondo. Pero faltan cosas de concepto. Los remedios transitorios son la importación de Acpm de alta calidad que se combina con el local para darle una mezcla menos indecente a Bogotá, que estaba en 1.200 partículas por millón y en el resto del país en la escandalosa cifra de 4.500 ppm. Con el revuelto, se les está dando a Bogotá y a Medellín un Acpm que deja 500 partes por millón.

La razón de la preferencia por estas dos ciudades es la alta concentración de tráfico que tienen y la irregular combustión del Acpm por la altura y falta de oxígeno.

Los permanentes son dos: la incorporación del aceite de palma tratado en el Acpm, en proporciones del 5% para todo el país y actualmente del 7% en la Costa Atlántica, donde se inició el proceso hace ya algún tiempo. Esta proporción del biodiésel en el Acpm baja las emisiones, pues el "bio" no tiene azufre y ofrece ventajas como una mejor lubricidad para las piezas del sistema de inyección, que se pierde a medida que se baja el azufre, y en la altura es más inflamable pues tiene más cantidad de cetanos. El proyecto de "bio" va en alza pues debe estar en B10 (10% ) en 2010 y caminar en B20 desde mediados de 2011. Las pruebas hechas por el ICP (Instituto Colombiano del Petróleo) en buses de TransMilenio, a lo largo de 1,2 millones de kilómetros con mezclas hasta del 50%, indican que ese combustible no tiene ningún efecto secundario nocivo para los motores.

Digamos que el tema del "bio" tiene componentes positivos por su desarrollo agrícola, empleo consecuente y sustitución del gasto del petróleo. Pero más allá de eso, que es una cuestión circunstancial ya que en cualquier momento los palmeros o los fabricantes de etanol pueden volver a la producción de otros derivados que fueran más interesantes en los mercados.

El paso importante e irreversible es la terminación de la planta de hidrotratamiento en Barrancabermeja que va a procesar tanto la gasolina como el Acpm, retirándoles cantidades enormes de azufre de tal forma que garanticen unas emisiones de 300 ppm en la gasolina y de 50 en el Acpm, que son el estándar internacional del momento. Ese sí es el punto tecnológico definitivo que está a punto de lograrse a finales de este año cuando entre en funcionamiento la enorme unidad que personalmente visitamos dentro de la refinería de Barranca. No es juego de niños ni cháchara político-ministerial: hay 4.600 millones de pesos invertidos y tres años de intenso trabajo en todo el proceso que significa diseñar, comprar e instalar una planta de este tipo.

Lo que sigue cojo es que el país no tiene una política ambiental con respecto al automóvil pues no todo se reduce a mejorar la gasolina o el Acpm o a incorporarles productos externos, que son finalmente un negocio de alta rentabilidad para el Gobierno y, ahora, para los aportantes de los complementos para los combustibles que son particulares.

Se necesita crear normas de homologación e incentivos tributarios para todo tipo de vehículos que se muevan con alguna o la total dependencia del petróleo, sus derivados y negocios conexos.

Están en el aire el tema de los carros híbridos, que son carísimos en el origen pues se pagan dos motores con sus consiguientes sistemas. Y el de los vehículos de todo tipo eléctricos, que necesitan del abrigo subsidiado de los gobiernos para poderse desarrollar y de una rebaja sustancial, si no total, de los gravámenes y, por qué no, hasta del suministro de la energía de recarga gratuita en los primeros tiempos para estimular su uso.

Esos son pasos reales y factibles que se deben considerar, pues los otros combustibles como el hidrógeno y las pilas generadoras son bastante hipotéticos, por el momento.

En esa materia, proporcionalmente con lo que se hace con los derivados del petróleo, estamos muy mal. Por ejemplo, la norma del etanol E85 y la obligatoriedad de los carros Flex que lo manejen desde 2012, no tiene bases de distribución establecidas como para pensar que en dos años sea una realidad y en cambio sí ataca a varias marcas que no se acogen a esa tecnología y quedarían fuera del mercado caprichosa e innecesariamente. Por no decir que de manera ilegal, al tenor de los acuerdos de comercio internacional que Colombia tiene suscritos con los países de la Unión Europea.

Si el Gobierno no da pasos serios y profesionales en estos puntos colaterales -y no ha dado muestras de moverse en ese sentido-pues el Mintransporte anda lejos de estas realidades y en el Ministerio de Minas el tema no se oye mencionar, estamos caminando con una rueda pinchada cuando la plataforma tecnológica, que es la más costosa y difícil de tener, se ha actualizado debidamente.

Es urgente, pues, que si el Gobierno no avanza en el asunto de una "política verde", técnica y coherente, lejos de suspicacias por preferencias a ciertos grupos empresariales, algún parlamentario o partido político ponga a caminar estas iniciativas al tenor de lo que en el resto del mundo rige para evitar los inventos criollos que el Gobierno, ocasionalmente, trata de implementar para el sector automotor.

No podemos pensar que las responsabilidades ambientales se refieren únicamente a la quema de los combustibles fósiles porque debemos buscar y propiciar alternativas diferentes que ya están al alcance de todos los países que tengan una cultura y unos propósitos de aire limpio con miras a no empeorar al futuro. ¿Por qué no alinearnos con el mundo, cuando esas normas no cuestan nada y sí pueden generarnos amplios beneficios?

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