José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 498 / La revisión técnico mecánica: ¿otro saludo a la bandera?

El director de revista Motor, José Clopatofsky, denuncia la grave situación en la que se encuentra este procedimiento con el que se pretendía regular el buen funcionamiento de los vehículos en el país

05:00 a.m. 13 de octubre del 2009

Desconsolador, para emplear un término benévolo, es el informe que publicó el sábado pasado nuestra sección "Vehículos" de EL TIEMPO sobre la situación caótica a la cual ha llegado el proceso de la revisión técnico-mecánica de los automotores en Colombia.

Como les ha sucedido a algunas de las buenas ideas que ha tenido el Ministerio del Transporte, al implementarlas a las carreras, sin la debida fundamentación sobre la realidad del país y desarrolladas a punta de comparendos y no de correctivos que las vayan consolidando y mejorando, la revisión técnico-mecánica está perdiendo todo su valor y efecto, a cambio de convertirse en un centro de corrupción para la emisión de certificados y de ruina para los empresarios que creyeron en las cuentas del Gobierno sobre la viabilidad económica del servicio.

Por supuesto que no se pueden echar en la misma canasta a todos los centros de diagnóstico con el asunto de la corrupción en la expedición de certificados que hasta llegan a domicilio, pues los debe haber muchos, correctos y estrictos. Pero precisamente por el caos y falta de control del Gobierno, que no vigila el funcionamiento de los CDA, esos sitios honestos están arruinados pues la concurrencia de autos no suple sus costos de inversión ni de funcionamiento. Muchos están cerrando, otros convirtiéndose en talleres y, algunos, apremiados por las obligaciones financieras que asumieron, están demandando al Ejecutivo para buscar una reparación por daños y perjuicios. En la mitad, bailan en la incertidumbre 3.000 empleos directos y mil indirectos.

Esto tiene tanto de ancho como de estrecho. Porque el Gobierno sí motivó la apertura de pistas de diagnóstico con estudios y cuentas que resultaron optimistas. Recuerdo haber discutido este tema, cuando el Ejectutivo buscaba particulares que hicieran los CDA, con algunos empresarios que estudiaban la posibilidad de meterse en el negocio y a mí, que no soy economista y, mucho menos, negociante, no me daban los números. Si a un profano las cuentas no le cuadraban, es imperdonable que muchos de ellos se hayan metido en una inversión voluntaria que no parece resultar.

Hoy hay en Colombia 250 CDA, cuando la necesidad es de 120. Por un lado, por exceso de entusiasmo e ingenuidad empresarial. Por el otro, mucha laxitud en el Gobierno al permitir tantos centros, probablemente con la clientela, pero sin las herramientas coercitivas para que esta acuda y muchos pasando por encima de los requerimientos ambientales y urbanísticos, impulsados por el afán del ministerio para llenar al país de pistas de ensayo desocupadas.

Una de las grandes fallas de la revisión técnico-mecánica es que no tiene uñas. Puede ir un carro sin frenos y lo único que hace el CDA es rechazarlo y darle un plazo de dos semanas para volver, durante el cual puede seguir causando accidentes. El CDA debería tener facultades para inmovilización de vehículos peligrosos o en estado mecánico irrecuperable. De esta forma habría una chatarrización forzosa. Pero eso nunca lo previó el ministerio del ramo, que dejó la revisión a nivel de proceso administrativo, el cual tenía una vulnerabilidad ética anticipada desde el primer día en que funcionó esta norma.

La propagación de esos vicios, precipitados por la poca acción de las autoridades, colocó a este necesario, útil y bien encaminado proyecto en el caos que los propios centros de diagnóstico denuncian y asumen como culpas propias en lo que les corresponde, a través de su asociación nacional. Hay cifras dramáticas. Existen 212 pistas para prueba de motos y solo el 5% de estas máquinas, que pueden ser dos millones, ha pasado revisión porque la autoridad no la exige.

Total: cientos de empresarios quebrados que están cerrando el servicio. Solamente el 50% de los automóviles que deben portar el certificado de revisión lo tienen. Esto se evitaría si los resultados de estas cifras se incorporan al RUNT y generan una multa automática.

Por ahora, los CDA mandan discos con información al ministerio pero de ahí en adelante no se conoce que sirvan para algo pues no trabajan en línea. Otra muleta que le falta al cojo de hoy e inválido del mañana.

Se sabe que en los vecindarios de los CDA alquilan llantas, piezas de suspensión y frenos para que los carros vayan a la revisión. Que los tramitadores hacen su agosto entregando a domicilio certificados en papel verdadero pero sin el respectivo examen del vehículo. Que el servicio público elude estas revisiones de manera sistemática y copiosa. Que el pico y placa de Bogotá ha obligado a la habilitación de muchos carros vaciados que transitan con certificados chimbos. Que los parámetros con los cuales los CDA miden y aprueban emisiones son diferentes a los que usa el DAMA, que es la base para los comparendos, con lo cual clavan al conductor que de buena fe cree estar acatando las reglas. Todo esto es una burla con los ciudadanos que han atendido religiosamente con el procedimiento, les han metido plata a sus carros para que pasen las revisiones y han acatado esta útil normativa con toda la meticulosidad y limpieza.

En fin, eso está llevado del diablo. Qué pesar que algo tan importante y trascendental para la seguridad vial del país se haya escurrido por el barranco de la ineficiencia estatal, empujado por la falta de escrúpulos de algunos de sus ejecutores y tolerado por la vista amplia de las autoridades, que se limitan a la jugosa actividad de los comparendos, pero no atacan las raíces de una infección que va a acabar con algo que nació bien pensado. Pero que, una vez más, ha tenido una ejecución calamitosa por parte del ministerio "responsable" del tema. Ya sabemos cuál es, no hace falta precisarlo.

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