José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 499 / Las 'vueltas' de los comparendos

El director de revista Motor, José Clopatofsky, comenta los inconvenientes que le causa a los usuarios la pelea entre la Federación Colombiana de Municipios y el Distrito por los dineros de las multas

05:00 a.m. 26 de octubre del 2009

Hay una vieja pelea casada desde hace casi ocho años entre la Federación Colombiana de Municipios (FCM) y el Distrito Capital, es decir, la Alcaldía de Bogotá. Sucede que por Ley de la República, y así está escrito para bien o para mal, o para inocuidad, como lo veremos, la Federación tiene el derecho a recibir el 10% del recaudo de todos los comparendos nacionales, sin excepción, pues la norma no contiene exclusiones ni nadie se las puede inventar a título personal ni tampoco a nombre de otro ente estatal. La ley no es modificable, salvo por otro acto legislativo similar que debe pasar por el Congreso.

En Colombia hay 1.102 municipios oficiales. Digo oficiales porque hasta hace algún tiempo diferían los datos de diversos organismos del Gobierno al respecto. Pero, al menos, en eso ya estamos de acuerdo para el bienestar estadístico nacional. De esos 1.102, hay diez que le deben plata de ese concepto a la FCM; nueve son deudores de menores cuantías y uno gordo, que es Bogotá.

Resulta que el fisco de la capital se ha negado a pagar ese 10% de la plata de las multas porque considera que ese dinero no tiene un destino positivo y, en efecto, el FCM -o quien la tenga guardada- no puede invertir en nada diferente en campañas de señalización (por ejemplo, para implementar las marcaciones para los nuevos límites de velocidad que el Ministerio del Transporte no ha cumplido) y en el funcionamiento de los Simit (Sistema Integrado de Información de Multas y Sanciones por Infracciones de Tránsito), que son el centro nacional de recopilación de información de multas, deudas de los ciudadanos en ese rubro y recaudadores de los valores de los comparendos. Es decir, maneja el estado de cuentas de las cédulas, no de los vehículos.

La deuda de Bogotá es nominalmente de unos 40 mil millones de pesos netos, que con intereses y costos de abogados y demás arandelas que hacen caminar por encima de la tarifa los taxímetros judiciales y monetarios, se estima en 80 mil millones. Plata que las arcas del Distrito tienen en sus bancos durmiendo porque de invertirla en algo diferente a lo citado, se comete peculado. Como
también le pasa a la FCM si se la gasta en otras cosas.

La situación de este pleito es que Bogotá se niega a pagar, la FCM está cobrando ese dinero por vías judiciales (pienso que independientemente de qué hagan con esa plata, la FCM tiene la obligación administrativa de hacerlo) y la discusión camina en el Consejo de Estado, cuyos dos primeros fallos han sido en contra de Bogotá. Es decir, hay que pagar esa deuda. Ojalá, al menos esos fondos estén en hibernación.

De esta pelea, hay cosas que perjudican directamente al ciudadano. Por un lado, esos excedentes de platas -que debe haberlos al pensar en esas cuantías y en lo que se va en las aplicaciones-, no se pueden trasladar a ningún rubro de beneficio social como educación, salud o hasta atención de desastres, destino no muy claro ni suficientemente específico, como pasa con todo el dinero que el Gobierno tiene en caja por excedentes del SOAT, que también lo cancelan los colombianos motorizados.

La segunda es que, en Bogotá, pagar un comparendo impuesto fuera del perímetro distrital se volvió un martirio. Antes, en cualquier SIM (oficinas de Servicios Integrados de Movilidad) uno podía pagar esas multas porque había ventanillas del Simit, es decir de la FCM. Bastaba con hacer una fila más, liquidar la jartera de la multa, pagarla ahí mismo o en el banco vecino y seguir con los trámites de cualquier índole que se estuvieran haciendo como traspasos, matrículas y similares.

Ahora, Bogotá cerró doce ventanillas que existían en los diferentes Simit y uno debe ir al Supercade de Movilidad de la calle 13 con carrera 37 para salir del problema del comparendo y luego regresar a la otra oficina, etc. y etc. Es decir, espero que no sea una retaliación pero tiene todo el olor, se trata de complicar y mortificarle la vida a la persona que ya está bien aburrida por la situación, con esta paseadera que la Alcaldía se inventó, cuando por otro lado trata de unificar en un solo sitio, por ejemplo, las diligencias de sacar los carros de los patios.

Venganza, desquite, o lo que sea, lo cierto es que no hay derecho que sea el usuario el paganini de este desorden y desatención. Ya es imposible defenderse de lo que un policía de carreteras decida escribir en un parte, porque hay que ir al municipio vecino de la ruta dentro de los tres días hábiles siguientes a discutirlo, cuando no es fin de semana.

Razón por la cual la gente, cuando va de viaje, se aguanta el golpe y prefiere pagar antes que ir a una conciliación en la cual la opción de defensa es nula, porque todo eso está diseñado para clavar al conductor.

Tomar esas medidas es imperdonable. Sin asumir partido por las entidades ni por sus caprichos u orgullos jurídicos, sí lo tomo por el usuario a quien siguen tratando a los trancazos cuando incurre en el potencial pecado de tener un timón en las manos.

Por favor, señores, peleen en las altas cortes, o donde quieran, pero no le repartan al ciudadano los trueques de su pleito o no le cierren las facilidades para hacer sus vueltas.

Definitivamente, a muchos de los gobernantes deberían hacerles examen de optometría para comprobar su visión antes de soltarles un puesto. O, también, para estar seguros de que no tienen una vista, más que gorda, enfermizamente obesa, para dejar que sucedan manejos horribles con las platas de la Nación, como lo estamos viviendo por estas días de 'ingresos seguros' a los amigos del establecimiento.

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