José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 503 / Replantear el pico y placa

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, le sugiere al Alcalde Mayor que es momento de revisar si la medida ha sido lo suficientemente efectiva o si en cambio, hay posibilidad de reversarla.

05:00 a.m. 25 de enero del 2010

Se cumple por estos días el primer aniversario del nuevo régimen de pico y placa impuesto por el Alcalde de Bogotá y su secretaría de 'Movilidad', medida que el mandatario ha prometido revisar en cuanto a su eficacia y beneficios, cosa que no ha sucedido.

Si le faltaban argumentos para repensar su orden de limitarles a los bogotanos y visitantes de la capital el uso del automóvil particular durante dos días completos a la semana, luego del curioso y demagógico laboratorio que puso a rodar durante los últimos días del año pasado y primeros del 2010 al levantar totalmente las restricciones, creo que ahora le sobran razones y obligaciones para revaluar totalmente su decisión.

Al terminar la libertad de vías de las vacaciones, varios cientos de participantes en los foros de las páginas de Internet de EL TIEMPO coincidieron abrumadoramente en solicitar que el pico y placa se limite a los horarios de mañana y tarde que existieron en un comienzo y en la inutilidad de la prohibición del día completo, que muy poco le aporta a la movilidad y sí le mete la mano duramente al bolsillo de millares de personas que viven del automóvil o lo necesitan para sus actividades personales.

Las razones son muchas. Quienes pudieron, compraron un segundo o tercer carro para sortear esta valla estatal con la cual la densidad del tráfico no baja, como dicen.

Otros han recurrido a las motos urbanas como backup de transporte. Muchos se han tenido que quedar en su casa maniatados y enfurecidos por esta forzosa inmovilidad laboral. Y no puede decirse que el tráfico del servicio público masivo se haya incrementado de una manera proporcional a quienes se quedaron dos días de la semana a pie.

Quizás eso explique que en 2009 se hayan vendido 9.639 taxis nuevos, que son 1.200 más de los que se pusieron a circular en 2008. Obviamente, al menos un 60% de esos taxis ingresan a la capital pues ya se sabe que en todas las ciudades intermedias y pequeñas este servicio está completamente sobrepasado por el mototaxismo. O sea, hay sustitución de automóviles, con la diferencia de que el taxi sí congestiona durante 24 horas y el particular vive la mayor parte del tiempo estacionado en sus bases, proporción en la cual un taxi puede equivaler a diez carros particulares en la ocupación de las calles.

Tuvimos también la posibilidad de estar en la ciudad con su ritmo y ocupaciones habituales durante una semana con tránsito libre y la verdad es que, salvo en las horas pico, 7 a 9 de la mañana y 5 a 8 de la noche, no hay una diferencia positiva en velocidad de tránsito por lo cual se ratifica la inutilidad de la medida de día completo y se justifica la de las horas selectivas.

Asimismo, esos días despejados -más por el efecto de las vacaciones que por el pico y placa-, nos dieron oportunidad para analizar que esta administración no ha hecho nada por destaponar los sitios críticos y conocidos donde colapsa el tráfico de la ciudad, epidemias que no se van a curar con las cuatro o cinco grandes obras del TransMilenio que están en curso. Con o sin restricción, la ciudad es una sucesión de embudos surgidos por la falta de  técnica y conocimientos en el diseño de las intersecciones y por la metástasis cíclica de los huecos debido a la mala calidad de los parcheos y remiendos que tienen más efecto político que curativo.

O sea, apreciado Alcalde, que si quiere hacer algo para congraciarse con quienes le creyeron sus ofertas de movilidad y respeto por las horas de uso del automóvil, tiene en sus manos la posibilidad de poner reverso, sin que le traquee la caja, y corregir algo que la realidad ha demostrado innecesario. Ya el ciudadano hizo un sacrificio de 12 meses y le toca el turno.

De paso, vale la pena recordarle que si tiene en cuenta el bienestar de sus gobernados, bien podría haber levantado el pico y placa también en los días críticos, cuando las familias necesitaban moverse sin limitaciones, como el 24 o 31 de diciembre. La gente que quería llegar a Bogotá para estar en sus hogares, no pudo entrar sino a las 8 de la noche y quienes necesitaban viajar para hacer lo propio, debieron ir a estacionar sus carros más allá de las fronteras de la 'Cárcel Distrital Automotriz' antes de las 6 de la mañana, para poderse mover en el curso del día hacia sus destinos.

Y ni hablar de quienes venían del sur hacia los Llanos, que no podían cruzar la ciudad. Es decir, todos los argumentos y muchos más de los que se esgrimieron para debatir su medida, están ahora, más que vivos, evidentes.

Finalmente, estas vacaciones a 80 por hora en dobles calzadas y escapando radares, exigen que se consideren los nuevos límites de velocidad y se cumpla la ley que oficialice el ritmo real y lógico del tráfico, que solo desacelera momentáneamente frente a la posibilidad ocasional del comparendo.

El Ministro dijo que estarían vigentes para Semana Santa. Pero resulta absurdo que para estudiarlos tenga que contratar a una universidad, la del Cauca dijo, para que averigüe lo que el propio Ministerio, que ha diseñado, estudiado, planificado y ejecutado las carreteras debe saber con sobrados argumentos y elementos de juicio, pues son la esencia de su tarea. No tiene sentido preguntarles a terceros lo que sus técnicos tienen que conocer por razón de su oficio.

¿O no conocen del tema? Al tenor de lo que dijo el Ministro, una vez más en esa entidad esto último parece ser lo primero.

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