José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque 504 / Si hacer la calle 26 les quedó enorme, que no piensen en el Metro

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, comenta acerca de la inconveniencia de pensar en un mega proyecto como el Metro para Bogotá, cuando adecuar una avenida ha tenido tantos inconvenientes.

05:00 a.m. 08 de febrero del 2010

No pudo ser más decepcionante el comienzo del año para los bogotanos. Nos recibieron de las vacaciones con las desestimulantes noticias sobre el estado de las obras de la calle 26 que van atrasadas dos años o más, con la consiguiente reelección indefinida de todos los perjuicios que con ese pretexto el alcalde les ha causado a millares de ciudadanos con su famoso pico y placa de todo el día.

Más allá, o mejor, más acá de este incidente que destapa la incompetencia total de los órganos que manejan la ciudad y de sus
directivos, a los bogotanos nos queda una dolorosa conclusión sobre la ejecución de las obras viales que no es otra sino que las hacen a puro machete, lejos de cualquier técnica administrativa y en el 'polo' opuesto de la responsabilidad con las finanzas públicas.

Uno no entiende cómo es posible planear y costear una obra sin que sus diseños estén realizados y terminados. Eso se explica en operaciones en terreno desconocido como túneles o terrenos escabrosos, pero nunca en una de las arterias más trajinadas de la ciudad que, además, fue hecha en tiempos relativamente cortos, incluidos sus puentes, que volvieron a su denominación original: 'los huecos de la 26' .

Es una cuestión de simple lógica el que no se le pueda poner precio a una operación incierta en sus costos, tiempos, exigencias y pretender que haya cumplimiento. Podrá ser una costumbre del gobierno distrital la de ir haciendo obras públicas y por el camino enderezar pero no se justifican de ninguna manera las embarradas colosales que cometen como esta de la 26, o algo más patético como los andenes de la 116 que se demoraron años y quebraron a todo el comercio vecino. O la famosa rampa de empate de la avenida 80 con la plazoleta de los Héroes, cuyos planos desembocaron en un escalón insuperable para el TransMilenio y que duró más de dos años para que lo aplanaran sin que aún se conozca un responsable de semejante descalabro financiero.

Esas son apenas unas perlitas que caen del collar de desastres gestados en el IDU, entidad que ha sido el mayor lunar en la gestión de esta y de anteriores alcaldías. Porque todas las administraciones están salpicadas por estas negligencias en diferentes escalas. Una que desborda la catarata de errores es lo sucedido con la Autopista Norte, que nunca quedó terminada y ahora con los remiendos que le hacen está destruida en los carriles de buses y autos sin que se sepa quién responde por semejante tumbado, salvo el ciudadano cuyos tributos son fluido para rellenar garrafales pifias de ingeniería, ejecución y control.

Siguiendo con el proceso de las obras, más inexplicable es que hagan una licitación sobre lo incierto y comprometan recursos que, de antemano, se sabe que no son para pagar las obras sino para alimentar el cuantioso desangre que significan las renegociaciones, los aplazamientos, los 'rediseños' cuando no hay siquiera diseños, y demás vericuetos administrativos en los cuales son expertos sobrevivientes algunos contratistas del Distrito, que son una rosca de personas las cuales se pasan los negocios hasta que van parar a unos pocos bolsillos.

Si esos procesos no tienen pies y muy pocas cabezas, si las hay, se pregunta uno cuál es la interventoría o el control de los órganos distritales sobre las obras pues es increíble que vengan a darse cuenta de que hay proyectos que apenas han avanzado un 10% después de un año de iniciados y nadie haya dicho nada. De no ser por la prensa, particularmente EL TIEMPO, que voltea la carretilla, nadie habría sabido de esos atrasos y errores. Hasta oímos el rumor de que el Alcalde no estaba enterado de todo este entuerto, del cual vino a saber al tiempo con la ciudadanía por las denuncias publicadas.

Quiere esto decir que la 'corte polar' mantiene al alcalde Moreno en
otro meridiano y le ocultan las realidades, lo cual es fatal para una
gestión. O si no es así y el mandatario sabía, peor...

Dios nos libre de que este mismo equipo emprenda la perforación de la capital para hacer el Metro porque la dejarán como un hormiguero. Ya sabemos que si en la superficie la ciudad está acabada y es un desastre en planeación, lo que hay por debajo debe ser una debacle porque es la suma de décadas de obras y trabajos urbanos hechos a la 'guachapanda'.

Como esa probabilidad es altamente conocida y cercana, más incomprensible resulta que suelten los contratos para que destapen a ver qué aparece cuando eso, por simple lógica, se debería averiguar antes de hacer un cálculo con todos los sistemas modernos de sondas y seguimiento de tuberías, cableados, desagües y quién sabe qué más haya en ese túnel de remiendos sobre el cual vivimos. Solo falta que cuando abran huecos para comenzar la construcción del Metro empiecen a aparecer guacas o cementerios; las excavaciones serán declaradas patrimonio cultural y la colosal obra se podría convertir en catacumbas chibchas.

Para ilustrar el tema, un ejemplo: resulta que en el famoso puente que desbarataron en la 26, las redes de acueducto aparecieron en otro sitio y entonces uno se pregunta si no era lógico averiguarlo previamente cruzando la información entre entidades como el IDU y el Acueducto antes de demolerlo y dejar una vía crítica de la ciudad abandonada en menos de la mitad de la obra.

Porque para tumbar, cercar y bloquear calles, los contratistas madrugan. Pero terminar las obras no parece trasnocharlos porque las demoras y los errores resultan ser un buen negocio. ¿O es que las aseguradoras ya pagaron las pólizas de garantía por las 'obras' de la Autopista Norte o ejecutaron a los famosos constructores mexicanos a quienes Mockus les dio la exclusividad de todos los trabajos públicos de Bogotá? ¿O hay algún funcionario enjuiciado por estos esperpentos y graves fallas contra la ética?

Si al alcalde Moreno y a su equipo les quedó grande la adecuación de la 26, que es una obra civil simple en cualquier ciudad del mundo, es mejor que se vayan despidiendo del Metro, bandera de una campaña política sin ningún soporte técnico ni financiero y cuyos estudios han costado una fortuna, la misma que cíclicamente se gasta cada equis cantidad de años cuando el tema se pone en circulación.

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