José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque / 'El día... con carro'

El director de revista Motor, José Clopatofsky, explica por qué las autoridades deben aplicar normas diferentes a las restrictivas del uso del carro particular y que de verdad promuevan un aire limpio

05:00 a.m. 07 de febrero del 2011

Llevamos doce años cumpliendo con la improductiva orden del "día sin carro". La razón es que este corte de ruedas se volvió uno más de los tantos que sufrimos los ciudadanos con vehículo por lo cual no estamos lejos de tener que buscar también una ley inmodificable e inviolable por parte de nuestro congreso que instaure oficialmente el día, pero con carro.

Entre pico y placa dos veces a la semana, lo cual significa que no podemos utilizarlo durante unos 100 días hábiles del año, las ciclovías diurnas y nocturnas, los retenes, los trancones, las malas obras y las buenas que no terminan nunca, los septimazos y más inventos restrictivos por venir, francamente lo del día sin carro es una parodia costosa e innecesaria.

El automóvil no es un elemento de la sociedad que se pueda marginar. Todo lo contrario. Debemos construirnos y repensarnos alrededor de su funcionalidad.

El vehículo está lejos de desaparecer y el transporte personal tiene que ser una condición de desarrollo, no un obstáculo.

En el mundo hay alrededor 600 millones de vehículos entre vans, autos, SUV y pick-ups livianos, de los cuales cerca de la tercera parte están en los Estados Unidos, cifra que incluye todos los aparatos de servicio público y comercial liviano. Se calcula que la población mundial está por los 6.500 millones de terrícolas lo cual quiere decir que apenas un escaso 9% de la humanidad tiene carro particular. Por consiguiente, el automóvil seguirá creciendo en cantidad y mercados voraces como China, India o Brasil mantendrán el acelerador a fondo en la producción que el año pasado superó los 60 millones de unidades en el total de fabricantes.

Por consiguiente, la dinámica del mundo nos indica que la acción no es desestimular el uso del carro sino de estimular y exigir el desarrollo de la infraestructura y de vigilar porque los pocos recursos con los cuales se está moviendo este acelerador no se malgasten en malos contratos como el de la Autopista Norte de Bogotá o en la cadena de corrupción que se instaló en el carril de alta velocidad de nuestras obras públicas, empujada por la ingenuidad de los gobernantes nacionales y locales, para usar un término más que benévolo para el fenómeno.

Obviamente, ese estímulo no es un llamado al desborde sino un mecanismo para que la movilización sea un derecho respetado y a la vez que los usuarios sean racionales.

Está claro también que la máquina de combustión interna que conocemos hoy, seguirá siendo el motor del mundo. Si pensamos con lógica, esos 600 millones de vehículos (sin contar camiones ni transporte pesado) no van a desaparecer de la noche a la mañana y menos cuando no se ha inventado su reemplazo. Las perspectivas del carro eléctrico cuando alcance madurez tecnológica e industrial será de unos 6 millones de unidades al año por lo cual apenas será una parte muy pequeña en la necesidad del ajuste ambiental. Los híbridos siguen dependiendo de un motor de combustión interna.

La pila de combustible y el hidrógeno son cosas de laboratorio apenas, lejanas de la realidad cotidiana.

Si el día sin carro busca disparar una alarma ambiental, lo logra. Pero en contravía, porque los resultados de una disminución de la contaminación de un 18 a 20% con 1.4 millones (eso dicen) de autos estacionados que son más de la mitad del parque automotor de la capital colombiana, no guardan proporción. En cambio indican que los mayores culpables del deterioro de aire son el servicio público y la industria. Eso ya lo sabíamos pero para reforzar estas conclusiones no es necesario seguir parando la ciudad.

En cambio, esta docena de días sin vehículo y de otros tantos años, han pasado sin que el gobierno tome de verdad cartas en sus responsabilidades ambientales, a nivel nacional y local. El alcalde Moreno salió con un plan de controles a las industrias y otros agentes que es tan bienvenido como extrañado en las pasadas administraciones.

No hay en el gobierno nacional ninguna conciencia sobre la modernización que requieren sus normas de homologación de vehículos, de fomento a las nuevas motorizaciones cero emisiones, de exigencias en las revisiones mecánicas al transporte con motores diésel obsoletos o mal calibrados.

En cambio, sí le clavan como siempre la mano al auto particular que usa motores modernos, de muy bajas emisiones y cada vez más limpios, que seguirán llegando y deberemos albergar si este país quiere caminar hacia un norte en economía y progreso. Es hora de que el insulso día sin carro genere reflexiones diferentes a proponer ciudades que anden en bicicleta y de que no sigamos pensando al revés de como lo hace el mundo avanzado.

Por eso, propongo de nuevo que se trabaje para que el día sin carro sea todos los días. Allá hay que llegar.


"ES HORA DE QUE EL INSULSO día sin carro genere reflexiones
diferentes a proponer ciudades que anden en bicicleta y de que no sigamos pensando al revés de como lo hace el mundo avanzado".

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.