José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque / Obras a la brava

El director de Motor, José Clopatofsky, habla acerca de la cantidad de obras que deja para ejecutar el anterior gobierno en materia de vías y que debe asumir el entrante Ministro de Transporte.

05:00 a.m. 09 de agosto del 2010

Cuando este artículo llegue a sus manos, ya el nuevo gobierno completará sus primeros cinco días de ejercicio formal, aunque por el técnico y organizado empalme que hicieron sus funcionarios, nombrados con la debida antelación para que no llegaran a sentarse en un escritorio arisco, la coordinación viene desde mucho tiempo atrás.

Precisamente hace cerca de un mes tuve la oportunidad de hablar extensamente con el nuevo ministro del Transporte, Germán Cardona, quien quería conocer la visión que, desde este palco de la prensa especializada en el sector, podía tener este redactor.
Cardona es un hombre de obras públicas, de ingeniería, de desarrollos de infraestructura, por lo cual ajusta muy bien dentro de la caja de velocidades del despacho que asume.

Tiene también muy claro que el asunto del transporte y el sector automotor es otro tema de enorme peso, tan importante como el sistema diferencial del vehículo para pasar el movimiento a las ruedas. Para atenderlo va a crear un viceministerio especializado en el ramo, cuyo funcionario ojalá responda a los conocimientos que se requieren y tenga la experiencia necesaria para ponerle orden a la colcha de retazos en la cual se mueve toda esta actividad en el gobierno.

Este Ministro tiene claro el escenario donde se le espera con mucha expectativa, pero, naturalmente, le tomará tiempo encontrar los piñones adecuados para conseguir poner en una misma cartera todos los aspectos que hoy andan dando vueltas por comercio exterior, ambiente, secretarías de tránsito, congreso, importaciones, impuestos, policía de control de rutas y calles, transportadores, a fin de que se acabe esta excursión diaria del sector automotor por todo tipo de oficinas para atender los requisitos e ideas de funcionarios de la más diversa índole y no siempre suficientemente capacitados. Que a veces dictan resoluciones e imponen requisitos que son el hazmerreír en el contexto internacional.

Hasta ahora, todos los gobiernos previos han manejado al sector automotor disparándoles a los incendios con escopetas de perdigones, sin rumbo y sin objetivos, matando pájaros sin criterio y dejando mucha ave herida en los intentos. Ya es hora de que se afine la puntería aprovechando todo este nuevo gabinete que parece consistente y coherente en sus especialidades y nivel profesional.

Pero la tarea de Cardona es más compleja porque en el campo de su trayectoria, visto el desconcertante espectáculo del cierre del gobierno Uribe, adjudicando trascendentales concesiones de vías y enormes obras públicas -con unas astronómicas cantidades de dinero en juego-, el escenario no es menos complejo. Uno entiende el afán de cada funcionario por dejar estampado su nombre en estas resoluciones que, cuesten lo que cuesten, en el largo plazo van a significar importantes desarrollos viales y de infraestructura y no quieren perder el reconocimiento que se merecen.

Pero el contexto y entorno de esos procesos es preocupante. Abogados que sacan toda suerte de argumentos para dilatar decisiones, cuestionamientos técnicos de la más variada especie como por ejemplo la Ruta de las Américas, en cuya adjudicación quedó volando la construcción de un puente que cuesta 50 mil millones de pesos y que, según lo oído y leído, no está clara su necesidad. ¡Qué tal! Es como confundir Metro con TransMilenio y pagar por adelantado, lo cual quiere decir que desde los estudios y proyectos no hay consistencia ni conocimientos suficientes.

Procuradores delegados tienen que estar mirando papel por papel. El Procurador General mete mano y boca. El Contralor plantea dudas y pide que no se adjudiquen las obras a la carrera. El mismo nuevo gobierno solicita revisiones para hablar y ponderar los cuestionamientos oficiales y particulares. Pero por encima de todo, se entregaron los contratos a la brava. Si esas entidades de vigilancia tenían reparos, es porque no todo estaba debidamente planteado.

Nadie duda de la claridad personal del ex ministro Gallego pues precisamente esas condiciones y su deseo de lograr la mayor transparencia en todas esas tareas le merecieron ocho años de confianza ilimitada de su presidente. Pero lo que sí es penoso es el espectáculo de rapiña y de componendas que se mueve alrededor de estas operaciones, que se explica por el jugoso dividendo que deben dejar, pero levanta toda suerte de sospechas. No solo por la forma como las consiguen, sino por la manera como las malogran e incumplen algunos de sus más "respetables y sólidos consorcios" como los que pulverizaron la confianza ciudadana y estatal con las obras de la calle 26 de Bogotá y quién sabe cuántas más, pues aparecen metidos en todas partes.

Obviamente que hay muchas compañías serias y dignas de ganar esos contratos pero es también muy incómodo que deban moverse en aguas tan turbias y arenas tan blandas donde su ética no les permite nadar al ritmo de esas corrientes.

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