José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque / Retenes de papeles

El director de revista Motor, José Clopatofsky, le propone al general Rodolfo Palomino, comandante de carreteras, un manejo diferente a los retenes que la policía hace en las carreteras nacionales.

05:00 a.m. 27 de abril del 2010

El general Rodolfo Palomino, comandante de la Policía de Carreteras y hombre de grata recordación luego de su paso por el comando de su fuerza en Bogotá, es un buen tipo afable, tranquilo, maneja el poder con tacto y, como cada general o director de uno de los frentes de funciones de la Policía, ha tratado de asimilar en pocos meses el complejo mecanismo del control del tránsito intermunicipal de Colombia.

No es tarea fácil pues estos oficiales están siempre en el tablero del ajedrez castrense pues son fichas que se mueven al tenor de las necesidades del servicio, suele suceder que cuando le están cogiendo el pulso a una especialidad, los mandan a otro oficio y vuelve a quedar el sistema vial en empalme administrativo y conceptual y las funciones quedan conectadas a un respirador artificial.

Recientemente, el General y un batallón de sus asesores nos visitaron, consternados por el fallo de una jueza de Funza que absolvió a una conductora la cual había sido citada a responder por un exceso de velocidad. La controversia que surgió a raíz de la interpretación de la ley de los 120 kp/h. que el Gobierno no ha implementado, salvo con estudios y promesas a medias, está vigente pues Palomino nos dijo que en Semana Santa las nuevas normas estarían en vigor y nada.

Entretanto, en otros despachos judiciales se han tomado las mismas decisiones de perdón que vimos, con lo cual el ritmo cardíaco del General debe andar elevado.

Dijo Palomino que un estudio de la Universidad del Cauca sería la matriz para que, desde hace un mes, las vías estuvieran reglamentadas al tenor de esas exigencias (por cierto estiman que ninguna carretera colombiana soporta una velocidad de más de 100 kp/h, a lo sumo) pero eso no ha sucedido. Ni va suceder en el corto plazo, ni en el largo tampoco, porque del decreto que salga, a que haya las señales en todas las carreteras del país, hay un enorme bache de muchos millones de pesos que no existen en el presupuesto ni están previstos.

Resignados a que estas entidades caminen a 30 por hora, o menos, y a que tantas leyes y decisiones de obligatorio cumplimiento se conviertan en trámites infinitos de escritorio, le sugerimos al General, en aras de la seguridad vial, que planteara un manejo diferente al de los retenes que instala rutinariamente en las carreteras, usual y desafortunadamente en los pocos sitios de sobrepaso o donde se genera más congestión.

Le decíamos que esos retenes son totalmente documentales. Si alguien llega en un carro en mal estado, sin luces, con las llantas lisas, mal cargado, con el motor agónico, sigue su camino si tiene los papeles al día y el famoso certificado técnico mecánico vigente, así su carro esté a punto de expirar con la familia a bordo. Es decir, que esos controles se limitan a los documentos cuya vigencia u oportunidad en nada modifica la seguridad o inseguridad potencial de las vías.

Si esos retenes tuvieran discrecionalidad y un correcto libreto técnico, lejos de abusos e inventos de agentes oportunistas, podrían detener a muchos vehículos de esos que luego salen en la prensa como causantes de accidentes por 'fallas mecánicas' , que es el eterno denominador de las tragedias ruteras. Uno mismo ve, sin necesidad de un ojo técnico cultivado, carros (y motos) que se arrastran mecánicamente y que no logran andar en el ridículo ritmo de las filas que se forman y, a su vez, originan unos tacos impresionantes y se convierten en fábricas de comparendos pues la gente, desesperada, necesita pasarlos. Y como las rectas están llenas de conos, cuando no de la Policía, del Ejército, pues toca hacerlo a riesgo de parte, en doble raya amarilla.

Esos retenes técnicos deben estar a la salida de las ciudades para que quienes van en un auto defectuoso puedan regresar a algún sitio para hacer las correcciones debidas. Si las hacen en la mitad de La Línea, ni modo de que bajen a una familia y la dejen con las maletas y las vacaciones a la vera del camino.

Si así fuera, quedarían muchos agentes de ruta libres, que se deberían destinar a ser 'auxiliares de tráfico', para que con sus motos se muevan en las filas y ayuden a pasar carros y a destrabar las colas que se condensan detrás de los camiones o del conductor bisoño que se petaquea todo el 'ritmo' de los demás.
También podrían -¿deberían?- poner en esta tarea de agilización a todos los agentes que reciben la misión de ser 'francotiradores' con los radares, sobre todo en festivos y puentes.

Estos mismos policías compartiendo la ruta y vigilando sobre la marcha son suficiente control para que la velocidad sea decente y constante.

Para mejorar la vigilancia deberían darles a los jóvenes soldados, a quienes ahora asolean y trasnochan al borde de los caminos y los que con los dedos pulgares nos hacen tan gentiles saludos -van a quedar listos para un pabellón especial en el museo de momias de Egipto-, unas tareas más activas y funcionales, diferentes a las de sonreír una infinita cantidad de veces diarias. Si tuvieran un radio, un punto al cual reportar, una tarea diferente al protocolo, sus jornadas al sol y al agua serían mucho más productivas para todos.

Al General le sonaron mucho estas ideas y hasta nos sugirió ampliarlas y debatirlas con su gente, pero el asunto se quedó ahí, por lo cual se lo recuerdo a través de este respetuoso texto.
Entiendo que esta propuesta puede ir en contravía de toda la formación restrictiva y punitiva que reciben nuestros militares como plataforma de comportamiento y mecanismos de control, pues lo que vemos los ciudadanos es que a las autoridades solo les preocupa imponer castigos con comparendos a cambio de poca ayuda.

Pero pensamos que la Policía de Carreteras sería mucho mejor como un miembro activo de la movilidad y la cordialidad y no como un agente más de restricción y exasperación, con sus camionetas haciendo la ¿operación freno¿.

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Los retenes de hoy solo se limitan a exigir documentos cuya vigencia u oportunidad en nada modifica la seguridad o inseguridad potencial de las vías. Los agentes de la Policía de Carreteras deberían ser auxiliares de movilidad en las rutas y salirse de su esquema sancionatorio.

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