José Clopatofsky
José Clopatofsky

Arranque / Venezuela es una prioridad

El director de revista Motor, José Clopatofsky, habla sobre la política que debe traer el nuevo gobierno en Colombia para reactivar el comercio con Venezuela, que es una prioridad para esta industria.

05:00 a.m. 26 de julio del 2010

  Va bien el mercado de los automóviles este año, gracias a que en los últimos tres meses los compradores han estado animados por las promociones, el precio estable del dólar que determina el valor de los carros nuevos -en detrimento claro está de los usados cuyo precio se deteriora mientras el techo del nuevo no se mueva- y, en general, porque el cambio de gobierno genera una sensación de confianza.

Al tiempo con las compras de vehículos en alza del 32%, se reporta una buena salud en todas las industrias y crecimiento en el comercio, si bien las cifras de desempleo no disminuyen en la proporción en que suben las productivas. Es claro que las épocas de crisis dejan lecciones de austeridad y generan eficiencia en el aparato industrial por lo cual aprendimos a hacer más con menos gente y es difícil que el empleo se abra de par en par de un día para otro.

Sin embargo, la vida y salud del sector automotor no se deben ver únicamente bajo la óptica de unidades vendidas ya que la mitad de ellas las pone el sector importador cuyo negocio no tiene ni las patas ni las raíces sociales que se mueven alrededor de las ensambladoras y las industrias de autopartes, golpeadas muy duro por el cierre del mercado con Venezuela.

Las ensambladoras son plantas terminales donde se amalgaman piezas externas ya que ninguna de ellas produce un solo tornillo.
Su nombre está bien puesto pues es una modalidad del negocio en la cual la mano de obra, relativamente barata y rentable, es su aporte al producto final, que no suele llegar a un 15% de contribución en la tabla de costos de un automóvil nuevo. El otro 85% son todas piezas compradas a terceros.

Pero los autopartistas sí están fracturados. Para ellos, las ventas a las ensambladoras son una parte importante, pero no la más significativa de sus ingresos.

Primero porque no son enormes volúmenes de componentes y segundo porque las ensambladoras los pagan a unos precios muy ajustados, que muchas veces son casi a pérdida para sus proveedores, que se desquitan con la venta de repuestos y con las exportaciones.

Pero por estos autopartistas nadie saca la cara y quienes sobreviven llevan años aguantando el chaparrón del cierre del mercado vecino, donde movían una gran cuota de sus negocios en la postventa y surtiendo también a los fabricantes de ese país en los carros que de acá se enviaban y en los que Venezuela produce.

El saliente ministro de Hacienda decía hace unos pocos días que la industria nacional ya había superado ese hueco, buscando otros horizontes y oportunidades.

Lo mismo piensa la Andi. Yo creo que esta es una salida facilista pues esos mercados nuevos han debido sumar con los perdidos y no reemplazarlos. Por ello, es fundamental que el comercio con Venezuela se reactive sin que para ello sea necesario repintar el escudo nacional (al cual le sigue sobrando el istmo de Panamá que ya no es nuestro) ni regalar los principios soberanos de cada país.

Santos tiene una carta por jugar vital para nuestra economía y hereda deudas del gobierno con el sector automotor, que necesita un trato de comercio internacional totalmente equilibrado. Por ejemplo, el acuerdo unilateral y sin las correctas compensaciones
ni explicaciones para Colombia, gracias al cual acá nos llegan vehículos de México, de unas pocas marcas, sin pagar impuestos de arancel, mientras que no se ha logrado que allá nos compren un solo carro ni una tuerca. O poner en su sitio racional el proyecto del combustible E85 y de la obligatoriedad total de los motores Flex dentro de dos años, que tampoco los ofrecen todos los fabricantes internacionales, a muchos de los cuales hipotéticamente se les cerraría el mercado nacional, donde no hay la infraestructura para soportarlo.

Está bien abrir mercados en igualdad de condiciones lo cual es diferente a regalarlos. Pero ya que sucedió con México, lo menos que se espera es que este gobierno logre reactivar ese intercambio automotor con Venezuela, sin que se regale la dignidad de ninguno de los países, tema en el cual Chávez es experto pues despotrica a cada minuto de los Estados Unidos, pero simultáneamente les vende petróleo y encaja los dólares, que cuando viajan en ese sentido no huelen a azufre.

Chávez es experto en el doble juego de la dignidad, pues despotrica a cada minuto de los Estados Unidos, pero simultáneamente les vende petróleo y encaja los dólares que, cuando viajan a su favor, no huelen a azufre.

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