José Clopatofsky
José Clopatofsky

La auto-estima

Bienvenido sea el nuevo mandatario, y seguramente la persistencia que atestiguan sus nueve participaciones en 13 elecciones será una gran herramienta.

12:31 p.m. 03 de noviembre del 2015

Qué sensación tan diferente se vive cuando se sabe que la capital tendrá alcalde y, sobre todo, cuando el timón estará en manos de personas como Enrique Peñalosa, cuya propuesta de ciudad debe haberla estudiado y madurado durante los 16 años que pasó por fuera del poder y que le permiten llegar con el maletín lleno de planes muy concretos de desarrollo que implicarán poner a Bogotá a rodar en la senda del progreso y la modernización.

Digamos que hay varios frentes de trabajo para el nuevo alcalde: el social, que tiene líneas de conducta y avances muy concretos que deja Petro, que se pueden mejorar y son de atención imperativa para cualquier mandatario. Por otra parte, debe restablecer el orden y el cumplimiento de todos los proyectos que la actual administración metió en el tintero o desechó porque sí, con un arrogante desprecio, dando tumbos con ideas y propuestas populistas pero inviables, como lo prueban su baja ejecución de obras y la aplastante derrota que sufrió en las elecciones, que es la mejor expresión del sentir ciudadano que creía tener a su favor. Debe ordenar a Bogotá armónicamente, con tecnología y planeación territorial, y aprovechar y optimizar los recursos que hay, que no son pocos y generan una importante capacidad para respaldar préstamos.

Indescartable que se ocupe de la seguridad. Empezó por hablar con el comandante de la Policía de Bogotá, con quien la administración saliente tiene cortadas las relaciones, a tal punto que la Secretaría de Movilidad no se comunica con la Policía de Tránsito.

Otro tema es la movilidad. A la ciudad le fue bien con la elección, pues cualquiera de los dos finalistas son personas que tienen la capacidad y la mentalidad necesarias para mover en el rumbo correcto esta urbe tan compleja y atrasada. Me daba envidia oír al próximo alcalde de Medellín cuando explicaba todo su plan de gobierno, ampliando los cables, mejorando el lindísimo tranvía, conectar el metro con los buses, proyectos de mejora de la seguridad precisos, que reflejan estudio y estrategia, grandes ofertas de educación gratuita, gerencia de las empresas públicas al más alto nivel y lejos de la política, y se le acabó el tiempo al aire, pues tenía noticias por montones. Sobre realidades.

El alcalde Peñalosa ha sido igualmente locuaz y ambicioso en las acciones que ha dado a conocer. Excelente, aunque hay que estar enfocados en su viabilidad e inmediatez, pues una cosa es decir y otra lograr mover todo el establecimiento para que se realicen. Nos ha hablado del metro elevado por la Caracas, del cambio del metro que ya está planteado a uno aéreo, de hacer un gran desarrollo de viviendas, parques, colegios, bibliotecas y trenes en la zona occidental para conectarnos umbilicalmente con Mosquera; de abrir un túnel de desfogue vehicular hacia el occidente por debajo de la calle 63; de cantidad de avenidas que reclama la respiración de la ciudad en todos los sentidos; de convertir el río Bogotá en un Támesis londinense (aunque sería interesante que primero fuera un Buenos Aires en el sentido del transporte de sus aromas), etc. Etcétera largo, porque viendo sus videos, se ve que sabe cómo desembotellar este caos vial y que esa es su gran preocupación.

Una tarea que no es, como lo analizaron Petro y sus antecesores, enfocada en destrabar el mundo de los “ricos que tienen carro”, como si ese medio de transporte fuera una exclusividad de los estratos altos. Las avenidas de Peñalosa se moverán en las zonas más populares de la ciudad, donde la densidad de habitantes es mayor y su movilidad un desastre, en cualquier aparato diferente a los zapatos. Y eso.

Ampliar la Séptima y la autopista para darle acceso rápido por el norte; hacer los puentes elevados sobre Bosa y Soacha; destaponar la insuficiente calle 13 y darle más pasos hacia el occidente, que no confinen a miles de carros a pasar por el exiguo ‘puente de guadua’ de la 80, no son ideas sino obligaciones nacidas del sentido común.

Seguro el tiempo no le alcanzará para tanto, pero debe dejar planteados y anclados estos procesos para que quien lo suceda tenga que continuarlos y terminarlos, claro, confiando en que no sea otro mandatario porfiado y desenfocado el que llegue.

Peñalosa dice que debemos recuperar la autoestima de nuestra capital y, sin duda, cuando todas sus ideas sean cemento, árboles y movilidad, así lo sentiremos y se lo agradeceremos. Pero no sobra citarle la primera palabra de su lema: el auto. Ya tenemos el recuerdo de sus bolardos y su mal sabor con el carro particular. Primero dijo que el pico y placa es obsoleto, pero ya empezó a proponer el pico –sin placa–, que significa bloquear la ciudad durante tres horas al día al prohibir el tránsito de autos, dizque para que el transporte público se mueva más rápido. Como si todos los particulares que andan en su automóvil fueran turistas o visitantes que salen a la calle en su carro a vitrinear o puedan montarse en una bicicleta. No olvide, alcalde, que el automóvil también pone muchos votos.

En todo caso, bienvenido sea el nuevo mandatario, y seguramente la persistencia que atestiguan sus nueve participaciones fallidas en trece elecciones será una gran herramienta para que todos sus sueños de ciudad se puedan armar, y nosotros dormiremos mucho más tranquilos al saber que usted trabaja.

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