José Clopatofsky
José Clopatofsky

Bogotá, nada que arranca

"No fue ninguna sorpresa leer que el Distrito Capital tuvo que aplazar la adjudicación de la licitación para renovar la flota de TransMilenio".

12:10 p.m. 06 de agosto del 2018

No fue ninguna sorpresa leer que, una vez más, el Distrito Capital tuvo que aplazar la adjudicación de la licitación para renovar la flota de los buses de TransMilenio. Lo sorprendente habría sido lo contrario, que el asunto estuviera marchando.

Esta epidemia de aplazamientos nace de males incrustados en este proceso, como también se han detectado en el de la semaforización, que está empantanado con enormes perjuicios para la ciudadanía. Lo más grave es que las fallas tan protuberantes que han motivado esas frenadas en el piso resbaloso de la contratación estatal tienen –además de los bemoles puramente administrativos o jurídicos que siempre están presentes en el andar de nuestro país– errores de fondo en la concepción y el diseño de los proyectos que no son perdonables, pues supuestamente provienen de los estudios de expertos y asesores de alto costo que los cranean. O muy mal técnicamente. O muy bien porque tienen destinos específicos.

Lo de los semáforos, cuestionado en todos los niveles desde la Procuraduría y entre los proponentes, una vez adjudicado el contrato a la firma Sutec Argentina, socia de Siemens, aparecieron serios cuestionamientos sobre la veracidad de los estados financieros de los ganadores y el asunto se fue a otras instancias, ya de índole casi penal. Esto no es culpa directa de la Secretaría bogotana de movilidad, pero esta sí cae en los titulares, pues su insistencia y tendencia a pasar por encima de las observaciones, en lugar de arrancar correctamente de ceros, hizo que se perdiera tiempo precioso en este trabajo vital para mejorar la velocidad y el control del tránsito capitalino.

Lo de TransMilenio ha sido peor, pues la ‘técnicamente’ diseñada licitación resultó sí técnicamente abierta para que los motores eléctricos o con gas no pudieran ganar alguna cuota del jugoso contrato. Tuvieron que cambiar los puntajes, caprichosamente casi de un día para otro –la técnica apareció en una semana–, para tratar de cuadrarse políticamente con la comunidad e institucionalmente con los oferentes de estas energías alternas. Aunque como quedaron las cosas, todo parece ser un remedio piadoso, porque no les dan ninguna competitividad en el cruce de sus mayores costos contra la favorabilidad ambiental.

Todo eso ya está más que trillado y contaminado de opiniones en todos los sentidos, pero ahora el proceso se aplazó un mes más, por una razón tanto o más preocupante que la cabida de los nuevos motores. Resulta que los bancos no han aflojado los créditos para financiar la compra de esos buses porque la viabilidad financiera del sistema no está garantizada. O sí lo está, pero en el sentido contrario, pues las finanzas de los operadores de SITP y de TransMilenio están en rojo y hay muchas de esas empresas quebradas porque se comieron el cuento del modelo financiero que les plantearon y, en la realidad, el cruce de ingresos contra egresos es insostenible ante los bancos cuando van a pedir más plata. Cabe anotar que les buscan rescates financieros cuando se trata de negocios particulares cuya rentabilidad y utilidades ahora eventualmente vamos a subsidiarlas los ciudadanos.

Hay unos puntos de análisis clave. Por ejemplo, con la tarifa actual y sus eventuales alzas racionales, la operación no es rentable y con el parque actual es cada día más deficitaria por su antigüedad y costos de mantenimiento, a lo cual se suma el periodo de congelación política que hizo el alcalde Petro, que hizo más daño en las cuentas. Agreguen el alza bimensual de los combustibles, de los salarios, el IVA a los repuestos, etc. La carta de presentación ante los bancos es fatal.

Otra arista es que el diseño de negocio del TransMilenio está basado en un modelo de hace muchos años que tomaba como referencia la operación de buses con motores diésel. En esa planilla de costos, por más que se ajuste y estimule, los precios de compra de buses a gas o eléctricos, que pueden costar hasta el doble, no son amortizables ni tampoco su operación, así puedan proclamar algunos elementos de mantenimiento más baratos. Y menos si incluyen obligatoriamente una participación porcentual en las nuevas flotas.

Por lo tanto, los bancos al hacer sus cuentas y evaluar los riesgos de prestarle esa fortuna de plata a un escenario con tan incierto retorno, no les han dado luz verde a los oferentes de los buses y, una vez más, la licitación de TransMilenio está aplazada como una mesa con varias de sus patas recortadas y en precario equilibrio, si alguna vez lo tuvo.

Como ven, este tema en Bogotá nada que arranca por el cúmulo de errores que se han cometido y las imperfectas soluciones que se oyen.

FRASE
“Los bancos al hacer sus cuentas y evaluar los riesgos de prestarle esa fortuna de plata a un escenario con tan incierto retorno, no les han dado luz verde a los oferentes de los buses y, una vez más, la licitación de TransMilenio está aplazada como una mesa con varias de sus patas recortadas y en precario equilibrio, si alguna vez lo tuvo”.

Noticias recomendadas

Más noticias

Llega el Ford T a 'Autos de época'

Recorte el cupón que sale este 13 de octubre en EL TIEMPO y, más $22.900, reclámelo en almacenes o en centros de venta de EL TIEMPO Casa Editorial.

Agenda de actividades a motor

Información sobre Campeonato Nacional de Automovilismo CNA Havoline Motor y de los pilotos colombianos en el exterior.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.