José Clopatofsky
José Clopatofsky

Bogotá, una capital medieval

"La ciudad no puede esperar a que la burocracia y la tecnocracia den sus resultados. En la Séptima deben por lo menos tapar los HUECOS"

02:33 p.m. 20 de septiembre del 2016

La semana pasada, EL TIEMPO presentó dos informaciones que no tienen mucho de nuevo -nada en realidad-, no por falta de inquietud periodística, sino porque son temas recurrentes e insolutos, no de ahora, sino de hace muchísimos años.

Un primer informe en la página web del periódico mostraba de manera dramática cómo una buena parte de los desarrollos viales y urbanísticos de Bogotá no han sido más que puras maquetas para animar ruedas de prensa e ilusionar a los ciudadanos con posibles obras que nunca cuajaron o eran, desde el comienzo, inviables. Solo sirvieron para cuadrar votos o calmar críticas. Cito, por ejemplo, TransMilenio por la Boyacá, tranvía por la 68, la ALO, los innumerables dibujos de vagones del supuesto metro… Pura fantasía, subterránea o elevada, a la fecha.

El segundo informe es pura y cruda realidad. Replico las fotos vistas en la sección de Vehículos sobre el estado de la calle 13, una de las entradas fundamentales para el movimiento de la ciudad y su industria, cada vez más atorada por la dificultad de recibir sus insumos y despachar sus productos. Para no hablar de las cuentas de impuestos que les llegan y que no les dan ninguna retribución en vías y varios otros servicios que son responsabilidad del Gobierno y se deben contratar con particulares, como la seguridad.

Una vez más, la directora del IDU, quien tiene esta vez el difícil turno de responder las preguntas, alimentar las ilusiones y sostener y sacar adelante las promesas de su alcalde patrón, pasó por el banquillo para hablar y explicar -misión imposible- el caos de las entradas a Bogotá, una ciudad medieval a la cual solo se puede llegar por cinco vías de herradura, una de ellas colonial como la Séptima, que empezó como camino real, luego carretera ‘central del norte’, y hoy trocha vergonzosa y abandonada por la cual evacúan parte del tráfico del norte con apenas dos minúsculos y demolidos carriles. Pero cuyos cimientos, bien diseñados y mejor ejecutados, todavía tienen fuerza para soportar la enorme tarea que rueda abusivamente sobre sus espaldas.

Obviamente, nos presentaron las promesas de enemil carriles, líneas para los buses, espacios para bicicletas y pocos puentes peatonales, para la autopista Norte, la Séptima y la calle 13. Nada de la 80. Si cuajan y arrancan, algunas de esas propuestas estarían pavimentadas en un 60 por ciento cuando este alcalde entregue el escritorio. Agregó la garantía -¡qué alivio si se cumple!- que no pasará lo que estamos viendo en el famoso ‘deprimido’ de la 94, bien llamado así porque es uno de los ejemplos más deprimentes que hemos visto en la planeación y la ejecución de una obra pública, en la cual todo estuvo mal hecho y aún no sabemos si quede bien hecho.

Pero la ciudad no puede esperar a que la burocracia y la tecnocracia den sus resultados. En la Séptima deben por lo menos tapar los HUECOS. Hoy está demolida y nadie da razón de alguna curación temporal, como las que ha tenido durante un siglo y la han mantenido agónica, pero funcional.

¿Bogotá tendrá salida?

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CALLE 13

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Las fotos de la calle 13 indican que no hay ninguna acción y que se podría, al menos, limpiar el lodazal y el basurero que se tomaron un carril. Para eso, o para arreglar la valla de la bienvenida a la ciudad caída y mentirosa, no se necesita ir a la Nasa a pedir estudios o hacer inversiones monumentales. Sabemos que estas se necesitan, pero por lo pronto hay que aplicarles unos analgésicos a estas vías vitales. Reparchar la ‘autopista’ del norte no parece una tarea que requiera ingeniería estratosférica.

Basta con que la alcaldía les meta mano a todos esos arreglos puntuales para aliviar transitoriamente los huecos y embudos y algo se mejora, a la espera de que en la segunda entrega de la página de maquetas y mentiras con las cuales caramelean a la ciudadanía, no de ahora, sino de muchos alcaldes atrás, sea menos dolorosa.

FRASE
“Bogotá es una ciudad medieval a la cual solo se puede llegar por cinco vías de herradura, una de ellas colonial como la Séptima, que empezó como camino real, luego carretera ‘central del norte’ y hoy trocha vergonzosa y abandonada por la cual evacúan parte del tráfico del norte con apenas dos minúsculos y demolidos carriles”.

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