José Clopatofsky
José Clopatofsky

¿Hacia el carro genérico?

La gestión de Sergio Marchionne es impresionante y su trabajo se ve demostrado en el éxito de las compañías que ha dirigido.

05:57 p.m. 11 de junio del 2015

Sergio Marchionne es actualmente el ejecutivo más audaz e importante de la industria del automóvil mundial. Es el presidente del grupo Fiat-Chrysler que él mismo creó luego de inteligentes maniobras financieras, y también el hombre número uno de todas las filiales como Ferrari, Alfa Romeo, Maserati, Magneti Marelli y bastantes más del grupo Agnelli, que mantiene el 29 por ciento de la propiedad del conglomerado, y su voz se oye en muchas juntas directivas, entre ellas la de Philip Morris e importantes bancos y grupos financieros.

No en vano el año pasado, por el solo concepto de su trabajo en el sector automotor, recibió una paga de 72 millones de dólares, de los cuales reinvirtió una pequeña parte en acciones de las empresas que dirige para dar una muestra de confianza en sus proyectos.

Cuando vino la última gran crisis de la industria en Estados Unidos, Marchionne con fondos de Fiat le compró al gobierno de ese país el rescate que había pagado por Chrysler y rápidamente puso a esta agonizante empresa con balances en negro. Con esas mismas utilidades repagó la inversión de Fiat, usó todo el flujo de caja de Ferrari para solventarse y de paso despidió a funcionarios de la estirpe de Luca de Montezemolo, trasladó la sede social de todo el grupo a Holanda y tiene la dirección general en Londres. Y para completar, ahora fabrica Jeep en Italia y quiere reimplantar a Alfa Romeo en Estados Unidos.

Marchionne es un avión. Tiene apenas 63 años y ya anunció su retiro en el 2018, cuando piensa dejar consolidado al grupo como el séptimo fabricante mundial. Nunca usa corbata, posa siempre con suéteres verdes o cafés, es totalmente descomplicado como italiano que es, pues nació en ese país, pero tiene la visión de negocios americana gracias a su nacionalidad canadiense, país donde se crió.

Títulos y honores le sobran. A veces algunas frases también, pero las últimas que soltó son muy interesantes. Para él, si la industria del automóvil no se une, camina hacia un hueco financiero porque los enormes costos de su operación se van tragando su flujo de caja. (Ver en Internet Confessions of a Capital Junkie).

Marchionne ha buscado asociar su grupo con General Motors, luego de fallidos intentos de interesar a las firmas japonesas en una fusión, salvo un acuerdo con Mazda para hacer una versión del Miata con el escudo de Fiat y de nombre 124 a ultranza. Pero ahora piensa de manera más práctica, como todo lo de él.

Su tesis es que todas las marcas deberían dejar de investigar y desarrollar tecnologías por su lado. Un frente común reduciría los costos de manera dramática. En estos tiempos, se calcula que se van 110.000 millones de dólares en estos rubros, que podrían reducirse de manera importante si todas trabajaran en una misma dirección.

Hay otras razones. La rentabilidad de la industria automotriz –un 9 por ciento– está muy por debajo de los resultados promedio de las grandes empresas del mundo y está subvaluada en las bolsas de valores. Asimismo, piensa que es mejor unir esfuerzos en proyectos específicos que unir grupos en los cuales siempre hay colisiones de culturas, idiomas y costumbres. La propia Chrysler lo sufrió cuando se unió con Daimler y Fiat con General Motors, con la cual terminó en un pleito millonario, plata con la cual amortizó una de sus tantas crisis financieras.

Muy bien. La tesis es interesante. Podríamos caminar hacia unos carros genéricos, como en las drogas, y las mismas marcas de nicho usarían muchos desarrollos comunes que no afectan su ego. Por ejemplo, seguridad, emisiones, materiales, técnicas de fabricación, tecnología del ‘infotainment’, podrían ser elementos para todos que se perfilarían de acuerdo con los segmentos y niveles de los modelos.

Quedarían libres las presentaciones, como llaman a los empaques y estuches, pero por debajo el aparato sería el mismo. Eso ya está sucediendo ahora cuando hay carros idénticos con diferentes escudos, o los que son de otras familias se parecen tanto con los competidores que al cliente no le hacen mucha diferencia ni atractivo.

Lo interesante será saber hacia dónde pondría el olfato la industria si se lograran algunos de esos acuerdos. Si la plata ahorrada se va a las cajas de sus dueños, que ya ganan muchísima. O bien los precios de los carros se caerían dramáticamente, como sucede con las drogas que existen bajo diferentes denominaciones y precios y hacen el mismo trabajo.

Marchionne puso el tema recientemente al aire y no dudemos que va a tener eco. Es un pertinaz y rebelde que sostiene públicamente que cuando le confían la dirección y el poder de conducir una empresa es para hacer lo que le parece correcto para el futuro de la industria y no para cumplir con la voluntad y ser mensajero de los dueños de las compañías.

¿Llegará el día en que uno vaya a una vitrina y pida un 4x4 sin más explicaciones? O un carro equis sin pedir la marca. O decir, deme el más barato que también me funciona, ¿sin mirar siquiera el laboratorio de donde proviene?

frase

“Marchionne es un pertinaz y rebelde que sostiene públicamente que cuando le confían la dirección y el poder de conducir una empresa es para hacer lo que le parece correcto para el futuro de la industria y no para cumplir con la voluntad o ser mensajero de los dueños las compañías”.

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