José Clopatofsky
José Clopatofsky

¿'Iván' a llegar mejores tiempos?

Del nuevo gobierno se esperan respuestas sobre el servicio y la protección que el Estado le va a dar al ciudadano en las vías.

02:11 p.m. 10 de julio del 2018

Las recientes encuestas sobre el estado anímico del país indican que el optimismo sobre nuestro futuro cercano ha mejorado. Las cifras dicen que el 31 por ciento de los colombianos ve que el país va por buen camino, cuando hace un mes apenas el 18 por ciento lo consideraba de esa manera. El dato es atribuido al cambio de gobierno, aunque es algo de coger con pinzas porque la favorabilidad del próximo presidente es apenas del 56 por ciento, cuando la de los mandatarios que lo han precedido en esta alfombrada calle preposesión ha sido mucho más alta. Uribe arrancó con el 69 por ciento en el 2002, y Santos con el 74 por ciento en el 2010. Es una diferencia que explica cómo cambió políticamente el país, pues la segunda alternativa que estuvo en la carrera por la presidencia es una fuerza enorme y ese arrastre de sus votos no puede traducirse en una unanimidad anticipada sobre el gobierno que nos espera.

De todas maneras, cuando hablamos desde el sector automotor, visto tanto desde el ángulo empresarial como del consumidor, de este nuevo gobierno se esperan respuestas sobre temas que por ningún lado ha abordado en sus preliminares de campaña o empalme, en el aspecto del servicio y la protección que el Estado le va a dar al ciudadano en las vías.

Cuando las muertes en carreteras son más que las que se generan en los decrecientes incidentes de orden público, este es un factor que debe ser una prioridad en la extensa agenda del presidente Duque y en los pendientes por resolver a través de un Ministerio cuya prioridad es la infraestructura y la regulación de los negocios de transporte en las vías públicas, antes que el rodar del ciudadano del común y sus familias.

Esa tarea ha bajado a la Agencia de Seguridad Vial, cuya gestión ha sido muy parca –siendo gentiles– a pesar de los cuantiosos recursos que maneja y sobre los cuales no se oyen buenos caminos o destinos. Rumores, pero...

En materia de infraestructura, el próximo ministro de Transporte, que debería llamarse de obras públicas –como siempre lo fue–, recibe un escenario jugado porque la adjudicación de los proyectos ya está hecha, el diagnóstico y el plan de desarrollo vial no son un cuento de cada ministro, sino una política de Estado que no tiene reverso, está caminando y engranada para los próximos años. Es una piñonería que no puede desbaratar.

Por consiguiente, es hora de que se ocupe con mayor diligencia, conocimiento y tecnología del tema de seguridad vial y convivencia, empezando por revisar los criterios y las normas con las cuales están trabajando las concesiones.

Tiene por delante otros temas conexos como el desmonte eficaz de los negocios de los municipios con las fotomultas a cambio de un código de sanciones con elementos adecuados y correspondientes con las condiciones de terreno y movilidad de cada lugar. Eso ya está escrito, pero falta que el nuevo gobierno lo haga bien y de una vez. No hay política sobre emisiones de los automotores para el futuro. No hablando de salir a decir caprichosamente cosas como años de plazo para otras energías, sino como una ruta consistente alineada con las internacionales y el ambiente local. Hay que empezar por diferenciar, por ejemplo, entre Colombia y Dinamarca antes de proponer.

Los impuestos de tenencia de los vehículos no pueden seguir siendo una tabla infinita y caprichosa (que ya tumbó ministra, luego no es algo bien hecho), que no consulta la realidad del usuario que no encuentra vías correctas, se debate en un circo de señales con cámaras perversas para castigarlo, cuando debería ser al revés, multando a quien las puso mal.

El código de tránsito data del 2002 y su última reforma fue hace 8 años. Ningún gobierno ha sido capaz de presentar un texto nuevo. Cuando lo escribieron ya estaba viejo y obsoleto, pues fue pensado con el retrovisor y no con una mirada al futuro, en el cual la tecnología ha cambiado todo en el automóvil.

Las revisiones técnicas dejan mucho qué desear y son vulnerables sus procesos. Las condiciones en las cuales transitan los vehículos son, en muchísimos casos, antitécnicas y peligrosas a pesar de estar aprobados, y hasta se homologan y bendicen buses escalera o los transportes de los soldados que viajan en camiones carpados, o en platones de camionetas, agarrados del fusil, para ser blanco perfecto de ataques, mientras que un civil que lleve a alguien en esas condiciones paga multas enormes. Ellos sí necesitan más bendiciones.

Según el propio Ministerio, hay cerca de 5 millones de vehículos sin SOAT ni revisiones. ¿Mentira de las cifras o negligencia? Por supuesto, es lo primero, pero se autoinculpa al aceptarlas.

En fin, una vez más, hay la ilusión de que estos nuevos agentes del gobierno que llega hagan una tarea mejor que la del día que ya pasó, parodiando al ‘telepadre’ de las 7 de la noche, como lo citaba el gran escritor Klim.

Económicamente, se espera que se destrabe positivamente la expectativa que había sobre el horizonte que abrirían las elecciones. De momento, salvo el alivio por la tendencia política, no hay factores concretos en la mesa que permitan anticipar que esto va a dar la vuelta de un día para otro en materia de ventas de carros, aunque es de esperar que la cifra negativa de crecimiento que va hasta ahora pase al otro lado de la tabla y el sector reciba la aceleración que estos nuevos vientos de cola puedan darle.

Dentro de 26 días empezamos a contar de nuevo.

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