José Clopatofsky
José Clopatofsky

La cuenta regresiva

"Una vez más, el alcalde Gustavo Petro dispone de la ciudad y de sus dudosas facultades para hacerla funcionar a su manera".

04:49 p.m. 26 de noviembre del 2015

Una vez más, el alcalde Gustavo Petro dispone de la ciudad y de sus dudosas facultades para hacerla funcionar a su manera y para sus intereses políticos personales.

Caprichosamente, y con toda la arrogancia y el desprecio por quienes no lo apoyan ni comparten el estilo que lo caracteriza, determina –al menos hasta cuando esto escribo– otro inútil día sin carro y sin motos. Según los argumentos de sus funcionarios responsables de la movilidad (?) y el medio ambiente, para impulsar, entre otras supuestas bondades superlativas, el negocio de venta de bicicletas. Según eso, sería proporcional y equitativo que dispusiera de un día con bajos costos de matrículas y exención de impuestos para quienes compren moto, que es el vehículo que representa la solución social y laboral evidente que tanto predica y de cuya promoción se precia.

La nueva y caprichosa restricción anunciada para el 22 de septiembre busca, entre otras veleidades, demostrarles a unos funcionarios internacionales que vendrán a la Cumbre del Clima de las Américas que por esos días se desarrollará en Bogotá, que el uso de ese medio de transporte es bastante grande y efectivo en la ciudad. Si se trata de eso, lo mejor y más diciente será hacerles ver el uso de la bicicleta cuando se comparten las vías con los autos. Porque mostrarles cifras, videos y fotos de una buena cantidad de ciudadanos moviéndose en dos ruedas por la falta obligatoria de otros transportes nada va a probar. Es una ecuación con un planteamiento totalmente equivocado.

La reducción de emisiones es un cuento como para Simón el Bobito. Faltaba más que no sucediera si apagan todos los vehículos. Sin embargo, hay algo paradójico. Dice la responsable del medio ambiente de la ciudad que en las dos jornadas de este año (una de ley y otra por capricho del mandatario) por PRIMERA VEZ EN QUINCE AÑOS mejoró la calidad del aire en el día sin vehículos particulares motorizados.

La razón es, según sus palabras leídas en EL TIEMPO, “que (antes) teníamos que sacar toda la flota de transporte público para complementar la demanda que este generaba y no había tanta movilidad en bicicleta”. Según esto, no son los carros particulares con catalizadores, inyecciones electrónicas y escapes cada vez más limpios, los grandes culpables del mal aire que respiramos, sino los buses, que en una gran cantidad son viejos aparatos reciclados y maquillados (decenas viven varados diariamente o se quedan sin frenos, humean por los exostos o se incendian) para cumplir política y no técnica ni ambientalmente con los compromisos del SITP.

Escribir más sobre esto es repetirnos cíclicamente contra la voluntad de un funcionario que gobierna con el hígado y no con la razón. Y para sus intereses, pues organiza para ese mismo día una marcha para rechazar las decisiones de otro pontífice, el procurador Ordóñez, quien le formuló un pliego de cargos por haber expedido el decreto del ordenamiento territorial de la ciudad de manera supuestamente ilegal, pasándose por la faja al Concejo capitalino. Mucho abuso.

Menos mal su gobierno está en cuenta regresiva y ojalá quien llegue a ese cargo tenga una visión y un estilo menos tiránicos que los de este alcalde, cuyo primer resultado de gestión es hacer lo que le da la gana. Al menos contra quienes tienen un carro privado.

Tema aparte

Recibo una solicitud de aclaración de parte de la Fuerza Aérea sobre mi anterior columna en la cual asimilé en un solo episodio los accidentes del Casa y del Black Hawk, cuando en realidad la FAC solo está involucrada en la del avión, y es la Policía la que sufrió la pérdida del helicóptero. Explicable celo institucional.

Aunque sea aburrido volver sobre el tema, creo que lo del avión tendrá –ojalá en un día cercano– explicaciones cuando lean los registros de vuelo, cosa que toma tiempo y necesita custodias, técnicos, sitios y aparatos especiales para decodificarlos. Porque a esa catástrofe le faltan muchas respuestas.

En cuanto al helicóptero, es evidente que la Policía ha acudido a todos los medios para desvirtuar que el accidente y la muerte de su personal fue una fatalidad y no una derrota militar, que es algo que está en el juego de la guerra.

Medicina Legal dice que no encontró balas en los cuerpos de las víctimas, y es claro que sería muy difícil que desde tierra los enemigos, del clan que sea, hubieran podido acribillarlos a todos, cuando esas máquinas tienen su piso blindado. Esa salida mediática conduce a que es más posible que la máquina se hubiera enredado con algo del escenario en su operativo a ras de piso. Lo cual no es –salvo lo doloroso– algo que esté ajeno a las condiciones de la misión. Y que lo hayan derribado tampoco es descartable, pero es probable que si hay alguna evidencia al respecto, quede en el secreto de la selva y ojalá no en los tuits de los políticos que hacen un perverso uso de las tragedias militares. Como si a esos gobiernos no les hubieran sucedido fracasos similares.

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