José Clopatofsky
José Clopatofsky

Desidia, irresponsabilidad y agresión

"Como automovilista, y somos miles y miles, uno se siente agredido por la desidia, la irresponsabilidad o el desprecio de esta alcaldía y las previas"

11:50 a.m. 19 de septiembre del 2017

Un titular de EL TIEMPO del pasado 12 de este mes reza textualmente: “Por fin la vía Suba-Cota volvió a ser transitable”. La información añade que taparon nada menos que ¡2845 huecos!, y dice: “La Unidad de Mantenimiento Vial decidió asumir el reto de POR LO MENOS hacer unas adecuaciones temporales que mejorarán la movilidad y reducirán la accidentalidad”. Fantástico. La labor duró dos meses y medio y el resultado es que la vía pasó de carreteable a transitable, producto del GRAN RETO que acometieron. Como si tapar huecos en esa calle fuera lo mismo que hacerlo en la vía láctea y necesitara consultoría de la Nasa.

Ojalá esa misma intención se la aplicaran a la carrera Séptima, tanto en la parte urbana desde la calle 170 hasta el empalme con la ‘carretera del Norte’, cuyo trazo y piso inicial, que ahora está al descubierto o ya desapareció, data de por lo menos 80 años atrás.

La vía alterna, y obligatoria por el contraflujo del retorno dominical, seguramente barre con todos los pronósticos de huecos y trampas mortales a las cuales estamos expuestos los automovilistas, conductores de buses, camiones, motos, bicicletas y peatones. Es un lodazal, una sucesión de cráteres que anulan los carriles, un borrador de camino entre la maleza que se comió las bermas, una vergüenza nacional y un descrédito para cualquier administración de la ciudad, de hoy y de ayer. Y, como vamos, de mañana.

Transitar obligatoriamente por esa trocha no es muy distinto a hacerlo por la paralela ‘autopista’, que es otro parche de huecos, remiendos y algo de acabado pavimento. Pero en la estrechez de la del norte, en medio del trancón que obviamente crean las paradas para sortear los huecos, es más visible y ofensivo su estado.

Como automovilista, y somos miles y miles –para no hablar por quienes van en otros aparatos–, uno se siente agredido por la desidia, la irresponsabilidad o el desprecio de esta alcaldía y las previas al tener esta vía en ese estado tan deplorable.

Desidia hay. Es impensable que alguien de la administración no sufra en carne propia y en las suspensiones de su vehículo, por más ajeno y oficial que sea, y no piense en que hay que arreglar esto, así sea con el analgésico de la vía a Suba, cuya “tecnología” ya manejan. Nadie se ocupa, y el alcalde tampoco se pronuncia. De él solo oímos sus planes fantásticos de soluciones “elevadas”, multicarriles, con peajes y toda suerte de modernismos imperativos para una solución decente a este acceso a la capital. Pero, mientras tanto, por favor, esto hay que por lo menos remendarlo, porque Bogotá no puede tener ese camino de herradura. Si al Papa lo pasan por ahí, lo matan.

Irresponsable es la administración. Porque el peligro es latente al meter en ese embudo de pedazos de pavimento y tierra y piedras las motos, las volquetas, los animales y los autos. Pero eso no lo miran ni parece importarles, como si por ahí no transcurriera también el transporte público que tanto los inquieta. Aunque si uno mira las puertas de las estaciones de Transmilenio, dañadas y abandonadas hace años, hay que concluir que sus preocupaciones son pura demagogia y niebla para tapar la realidad de su ineficacia.

Y despectiva con los ciudadanos es esta administración. No solo por el estado de esta vía puntual, sino por su actitud permanente de despreciar y castigar al propietario de un vehículo que con toda seguridad no lo saca a las calles por el placer de manejar, sino por la necesidad de moverse ante las limitaciones y flacuras del transporte público.

Amenaza con más pico y placa dizque para mejorar la movilidad con una medida obsoleta e innecesaria, que prueba la poca idoneidad de la Secretaría de Movilidad al recurrir a herramientas ya gastadas y desechadas. Hablan de peajes, aunque por fortuna se les cayó la discriminatoria idea de vender el tiempo de la restricción.

Desidia, irresponsabilidad y agresión. Pónganlo en el orden y la proporción que quieran. Pero eso es lo que uno siente cuando pisa esa trocha cuyo recorrido termina justamente frente al despacho de los alcaldes que han tolerado esta situación. Y además, ahora Peñalosa nos califica abusivamente como asesinos de los ciclistas como si la gente saliera a atropellarlos deliberadamente e ignorando que sus destarladas calles y ciclorutas sí lo hacen.

¿Se le ocurrirá a la administración Peñalosa hacerla al menos transitable?

FRASE
“Desidia, irresponsabilidad y agresión. Pónganlo en el orden y la proporción que quieran. Pero eso es lo que uno siente cuando pisa esa trocha cuyo recorrido termina justamente frente al despacho de los alcaldes que han tolerado esta situación”.

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