José Clopatofsky
José Clopatofsky

Devolución por congestión

"El alcalde Petro y sus oficinas subsidiarias no han hecho más cosas contra el automóvil y las personas que lo usamos de puro milagro".

05:30 p.m. 14 de diciembre del 2015

Es de todos conocida y sufrida la perversa mentalidad con la cual la administración de Bogotá, que ya está de salida, afortunadamente, ha atacado al automovilista. El alcalde Petro y sus oficinas subsidiarias no han hecho más cosas contra el automóvil y las personas que lo usamos de puro milagro. Pero tampoco han logrado beneficiar a la supuesta contraparte de sus políticas, como deberían ser mejorar el transporte público, que el SITP funcione, que el Transmilenio camine decentemente, lejos de vendedores ambulantes, de cantantes a bordo, de estaciones sin puertas, de colados descarados, de tarjetas que apenas ahora logran entenderse entre las diversas rutas, de empresas quebradas y de remiendos.

Al carro particular no le caben más represiones ni castigos fiscales que parecen propios de un resentimiento y, claramente, alejados de una política de movilidad colectiva y equitativa. Por ejemplo, días sin carro al capricho del alcalde sin ninguna justificación, vías en mal estado, otras en sentidos absurdos (la carrera 11 de Bogotá), obras sin planeación, con pésima ejecución por culpa de las entidades del Distrito que las diseñan y tratan de concluir en medio de un mar de sobrecostos que, además de las incomodidades y bloqueos de la ciudad, pretenden que los ciudadanos los paguen por valorizaciones que ya han cancelado y se han evaporado en todos esos errores. El patético atraso y la pésima ejecución de la obra de la calle 94 es de enmarcar entre los osos de la administración que se apaga.

Un ejemplo de esta falta de gestión, o de la política de no hacer obras que permitan el tránsito fluido de los automóviles de los particulares, es el caso de las ampliaciones de las estaciones de Transmilenio en la autopista del norte de Bogotá, una de las zonas de mayor tránsito, pues es prácticamente la única entrada a una ciudad de 8 millones de habitantes que debe pasar por carril y medio que le dejaron al tráfico particular de motos, camionetas, pickups, carros, camiones, tractomulas, ambulancias (que pululan sin certeza de que haya tantos enfermos), patrullas, abusivos vehículos de escoltas, taxis y una buena dosis de busetas, buses y colectivos en los cuales también se perjudican quienes no poseen automóvil.

Sin ninguna consideración, hicieron el carril adicional de los buses con una diferencia de nivel que excluye cualquier flujo compartido, y ahora salen en el IDU con el cuento de que van a empezar la obra para retornar la autopista a su tamaño normal y que eso se puede demorar otros seis meses. Que, en términos de esa entidad, puede ser un año y más. No tienen aún los permisos ambientales, según oí y leí hace unos días, pues hay una zanja donde seguramente la preservación de las especies –probablemente muchas variedades de sapos, ranas y ratas– será más importante que habilitar la vía. Están apenas en estudios, cuando eso han debido hacerlo simultáneamente antes de tragarse olímpicamente la mitad de esa arteria tan vital para todos los estratos de ciudadanos. También faltan trabajos en otras estaciones (léase más trancones) donde las empresas a las cuales les adjudicaron trabajos incumplieron, pero resulta que por las leyes de contratación, mientras no caduquen esos documentos, no hay forma de hacer la obra con gente más responsable.

Para rematar este escenario caótico y agresivo contra millones de personas, andan con el cuento de cobrar por congestión (cosa que el Plan Nacional de Desarrollo vigente autoriza para que los alcaldes lo implementen) el uso de vías principales. Como si uno se metiera feliz a esos trancones o hubiera una alternativa funcional para moverse, que es cuando se justifica un peaje por un mayor y mejor servicio. Piensen que cada vez que aborden la NQS podrían pagar cerca de 8.000 pesos, sin contar el retorno. Eso no es un cobro por congestión, sino un cajero descarado que se sumaría, dependiendo de las tutelas y acciones legales que cursan contra la abusiva imposición de comparendos por las revisiones de los carros que no andan.

Lo correcto sería que hubiera una devolución por congestión. El tiempo perdido, el combustible gastado, los daños por las malas vías, los embudos por la pésima planeación, los trancones por el mal ruteo de las calles, la impunidad para los carros estacionados frente a las panaderías y los cajeros, el peligro de rodar con las motos que tienen licencia de acrobacia, sortear los buses azules varados o desocupados, bien merece que se le reconozcan al ciudadano como un gasto y un perjuicio. O que al menos le den alternativas verdaderas y decentes para moverse en una ciudad embotellada que espera de su nuevo alcalde mejores días. O ideas realizables en un plazo razonable y propuestas que les sirvan a todos los que tienen que ponerles ruedas a su movilización.

Volvemos a finales de enero. Les deseamos unas buenas fiestas, que ojalá puedan disfrutar sus vehículos en algunos momentos y que el 2016 se mueva mejor en todos los sentidos. Por lo menos, empezaremos con otro alcalde y gabinete, lo cual ya es ganancia. Ojalá su gobierno sea compatible con todos sus electores, cuya gran mayoría tienen carro particular y no fueron a votar en bicicleta.

Hasta entonces.

FRASE
“Lo correcto sería que hubiera una devolución por congestión. El tiempo perdido, el combustible gastado, los daños por las malas vías, los embudos por la pésima planeación, los trancones por el mal ruteo de las calles, la impunidad para los carros estacionados frente a las panaderías y los cajeros, el peligro de rodar con las motos que tienen licencia de acrobacia, sortear los buses azules varados o desocupados, bien merece que se le reconozcan al ciudadano como un gasto y un perjuicio”.

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