José Clopatofsky
José Clopatofsky

Editorial 458 / Los colombianos saldrán a vacaciones este año en fila por las carreteras

El director de revista Motor, José Clopatofsky, explica por qué la movilidad en las vías nacionales irá a mínima velocidad durante estos festivos de fin de año.

05:00 a.m. 03 de septiembre del 2008

Como siempre, llegamos a otro diciembre y decimos que el año se pasó volando. Así también se nos evaporarán estos días de vacaciones y relajamiento que se avecinan porque los festivos, para quienes no están libres, caen en martes y eso hace que el puente esté más o menos oficializado.

Pensando en eso, en la redacción del sector automotor visitamos al Director de Tránsito y Transporte de la Policía Nacional con el fin de preguntarle sobre ciertas cosas que caminan mal en sus dominios, no necesariamente por su culpa ¿ni más faltaba- sino por efectos de la desarticulada estructura normativa y operativa de las rutas nacionales, a la cual el cerrado criterio policial poco ayuda.

Por ejemplo, indagamos sobre la famosa doble raya amarilla que nos condena a ir de un sitio a otro a paso de camión o a jugar a
las escondidas con la policía que no entiende que hay momentos en los cuales se DEBE AUTORIZAR O JUSTIFICAR un sobrepaso
así la línea diga lo contrario. El Brigadier General Luis Alberto Moore Perea, quien carga con todos estos problemas y es blanco de toda suerte de críticas pues es el doliente de estas deficiencias por lo cual pongo los dos apellidos, tiene una clara radiografía del
tema.

Resulta que las rayas y en general la señalización no las pinta ni decide la Dirección de Tránsito y Transporte de la Policía, que es la entidad que debe saber del tema. Se supone. Las hacen los concesionarios, pero ceñidos a un obsoleto manual del Invías -entidad de muy dudosa idoneidad- o basados en normas internacionales de flujos y tiempos que no se pueden aplicar en geografías infinitamente montañosas, como la colombiana.

No conozco en Europa o Estados Unidos una subida o bajada de la longitud que puede tener la de Pereira hasta Letras, que necesita escala en Manizales, o la del cañón del Chicamocha hasta el Páramo de Berlín, que también necesita una oxigenación en Bucaramanga, para solo dar dos ejemplos.

Pero lo grave no es solo esa falta de criterio inicial, sino también la de la Policía de Carreteras que prolonga de una manera absurda
esos tapones rodantes con los conos que colocan en las pocas rectas que hay para desatorar el tráfico, no de un sitio sino del país. El Comando de Tránsito y Transporte de la Policía tiene identificados cien puntos críticos de accidentalidad en las carreteras, donde de todas maneras bloquean la posibilidad de adelantamientos con sus odiados conos.

Pero hay otros muchos que seguramente el diligente y amable comandante no tiene identificados o no los reporta porque quedan
a juicio del responsable ¿del operativo¿, pero que sí los sufre la gente.

O lo que es peor, se vuelven carne de cañón para las patrullas que, en vez de apostarse para agilizar el tráfico, para orillar camiones, para dar paso en estos trancones que van en procesión detrás de un chorro de humo negro o de una oleada de olor a freno recalentado, se atrincheran para ponerle multas a la exasperada
cola de automovilistas.

El brigadier general y su contingente tienen sus razones y su ley: se cumple lo que dice el código, sin contemplaciones y esa es
su misión. Pero sería muy bueno que algún día hicieran esa peregrinación de las inconsistencias vestidos de civil y bajo la óptica de sus retenes a ver si no llegan a escribir estas mismas líneas y entender que eso necesita una flexibilidad que no necesariamente implica un aumento de accidentalidad, que es su argumento de fondo. Por lo demás poco válido, porque las cifras no lo indican.

Total: no hay nada que hacer. Vacaciones en fila, a 40 por hora, y en medio de camiones. Porque resulta que la famosa restricción
para estos vehículos pesado en los momentos pico del tráfico de automóviles en las carreteras, no cobija ni a los que llevan perecederos ni a los que transportan combustibles.

Muy bien. Pero sucede que todos esos camiones se esperan a la hora de la restricción para salir a carretera y aprovechar
la mayor velocidad y que ¡No hay camiones! Y el país, a 40 por hora, en medio de la operación ¿éxodo¿ (¿existe?) o ¿retorno¿.

Y de paso, ojo con los contraflujos porque no son constantes sino por oleadas. De pronto aparece una patrulla con una fila de carros
detrás, porque no pueden bloquear muchos accesos y poblaciones que tiene una única vía de acceso. ¿Quién tiene la culpa en un
accidente en esas circunstancias? Mejor cuidarse y no creerles a los anuncios ni horarios.

Mejor dicho, tenemos unas bonitas y relativamente decentes carreteras, muy angostas y de un solo carril en su gran mayoría,
en las cuales es posible ir de un sitio a otro, pero a paso de tractomula. Menos mal, la Seguridad Democrática ya no consiste en ir hasta la costa detrás de una tanqueta, que a su vez, la guerrilla tiene en la mira.

De todas maneras, a la velocidad que sea y en el sitio en donde estemos, aprovechamos una pisada del clutch o de los frenos para gozarnos el país, para desearnos buenas fiestas y confiar en que el 2008 sea mejor en todo y para todos. Son nuestros fervientes deseos en medio del trancón que nos espera. Volvemos el 30 de enero.

Hasta entonces y gracias por habernos acompañado con su lectura, críticas y observaciones que serán siempre bienvenidas.

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