José Clopatofsky
José Clopatofsky

Editorial 463 / La dificultad de pagar los comparendos que se imponen en las vías nacionales

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, se pregunta por qué aún no existe un medio efectivo y rápido para pagar esas multas que le son impuestas a los conductores que viajan por las carreteras nacionales.

05:00 a.m. 03 de septiembre del 2008

Todas las semanas, religiosamente, así no sean las de las fiestas santas que acaban de pasar, el grupo de periodistas que hacemos la revista, las páginas de Vehículos, Motor TV y motor.com, nos reunimos para evaluar los temas a desarrollar. La orden es pensar siempre desde el asiento del conductor de un vehículo y dirigir nuestros artículos y averiguaciones a todo su entorno técnico, legal, social, ambiental y económico.

Con ocasión de estas vacaciones nos preguntamos: ¿Qué pasa si a uno le ponen un parte en Aguadas, va a Cartagena en su paseo y regresa a su casa en Cali? Interrogante que no tenía nada de nuevo pues se trataba de mirar si un viejo problema de organización de recaudos se había finalmente saneado y estaba el país 'en línea'. Pero nos lanzamos a revisar el asunto. (Ver EL TIEMPO, Vehículos, marzo 15 de 2008 o www.motor.com.co)

Primero, ahora hay muchas más opciones de que un automovilista caiga en las redadas y trincheras que monta la Policía de  carreteras para que el país vaya a paso de tortuga detrás de un camión. Para que se alinee a 80 por hora a escampar radares calibrados a una ridícula velocidad máxima de movilización. O que se vuelva un experto jugador de golosa desde el timón del carro para no pisar las rayas continuas que convirtieron las carreteras en un túnel de la paciencia.

Segundo, según concluimos, está muy cerca de meterse en un lío mayúsculo. Obviamente, el descuadre del presupuesto es tenaz porque
 las multas tienen unos precios desorbitados.

Pero convengamos en que eso tiene su lado intimidante que genera un respeto económico a la ley, todos los medios, para que esto suceda son válidos, así la norma sea totalmente obsoleta y
absurda como es nuestro caso. Pero más allá de eso, el rollo de pagar es inverosímil. El policía pone el 'comparendo' que es una cita para ir ante un inspector a discutir la supuesta infracción. Cosa que uno no puede hacer porque hay que esperar hasta el otro día y en el lugar de los hechos. La gente opta por guardar la boleta y pagar, para lo cual tiene tres días hábiles antes de que le claven cuantiosos recargos. Además, qué diablos va uno a pelear, cuando es palabra contra palabra, y la del policía siempre va a tener la razón así esté obrando injustamente. Ojo: no se le ocurra tomar fotos que le puedan ayudar, ni videos, porque lo clavan peor. Nos han reportado los lectores que los policías amenazan con ¡esposarlos! si quieren dejar alguna constancia de su inconformidad en el comparendo, y claro, le agravan la multa con insulto a la autoridad y demás arandelas propias del abuso del poder policial.

Usted, con su parte en la guantera, sigue camino y el policía debe ir al municipio cercano que considere más conveniente a registrar los partes antes de 24 horas, que van en contra del multado. Si se trata de algún lugar no muy avanzado, no hay sistemas ni comunicaciones para que el comparendo quede en línea y se pueda pagar en cualquier parte del país, como corresponde. O sea, los términos corren para su pago pero no hay forma de hacerlo porque el parte 'no existe'.

¿No es lógico que haya un sistema de recolección de comparendos en las carreteras y alguien los lleve donde al menos los puedan subir al sistema? Hoy existen cabinas de Internet en todas partes del país. Cada municipio recibe un porcentaje de esa plata y entonces se pelean, aunque no todos, con la diligencia que
se debería, que el policía vaya y los anote en
su sede. Lo cual es inútil ya que podrían desde el computador central asignar la plata al municipio donde fue la infracción y mandar el recaudo cuando lo hace el Simit, que es la entidad que ha tratado de organizar este desorden. Tarea en la cual ha avanzado mucho, pero donde aún
existen lunares imperdonables.

Uno entiende, aunque no sea válida la disculpa, que en los municipios pequeños no haya la fluidez de comunicaciones que se puede esperar en las capitales. Pero que eso suceda en Bogotá es absurdo y que la capital muestre enorme apatía por colocar sistemas de pago inmediatos y universales, no tiene presentación.

Por ejemplo, solo hay dos entidades bancarias autorizadas para recibir los pagos -Bancafé y AV Villas- y si de casualidad alguien lo hace en otro banco, la plata desaparece, así usted la haya abonado y nadie se lo avisa. En estos momentos, cuando los agentes tienen comunicación inalámbrica desde su moto y ponen partes 'en línea' también uno debería poder pagar por esa misma ruta de manera inmediata. Pero no hay caso: todo a favor del fisco y nada que ayude al ciudadano.

Por un lado, estamos en la cumbre de la multimedia. Por el otro, usando señales de humo. No hay derecho a que este cuento de los comparendos nacionales y municipales siga siendo una aventura para el usuario, más allá de su viaje jugando escondites con la policía.

Pensábamos que el artículo que saldría sería todo un alivio y seguridad con las indicaciones para aquellos que tuvieran algún descuido y cayeran en la libreta de la Policía de Carreteras, pudieran pagar su multa de inmediato y quedar en paz. Pero los resultados son decepcionantes, a pesar de las mejoras.

¿No sería justo que en la proporción en que el automovilista y el motociclista son objeto de una cacería inmisericorde por parte de la policía, existiera un sistema de recaudos nacional e inmediato
como compensación por la sevicia con la cual los tratan en las carreteras?

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