José Clopatofsky
José Clopatofsky

Editorial 464 / El valor de la palabra no necesita traspaso

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, propone soluciones al delicado tema de los traspasos abiertos que perjudica tanto al vendedor y propietario como a los terceros compradores de un automóvil.

05:00 a.m. 03 de septiembre del 2008

 De la mano de mi abuelo -Arturo Londoño Peláez- quien siempre trabajó en los negocios de los caballeros como caballero ejemplar, aprendí el valor de la palabra. El viejo me llevaba a su oficina del centro de Bogotá, donde yo debía cambiar algún tiempo de las vacaciones del colegio para conocer el estilo de las normas de mi vida próxima. A las once de la mañana salíamos, con horario religioso, a los cafés de la calle 14, al lado de las oficinas de la Bolsa, para ofrecer y oír negocios de finca raíz, tal como él lo había aprendido otros tantos años atrás en el café 'El Polo', a 100 metros de la Plaza de Bolívar de Manizales, de donde es oriundo mi segundo apellido.

'Don Arturo, la casa es mía'. Eso bastaba para que el comprador respondiera por todos los pendientes que se generaban en materia tributaria, de registro, de catastro, de papeles y arandelas. Un tinto cerraba el negocio. A su vez, el vendedor respondía por todo el pasado del bien. Después ponían el trato en papeles. Pero se firmaba y se respondía.

Afortunadamente, gente así sigue existiendo en Colombia, mucha. Millones. Pero bastantes pecaron de buena fe. 'Págueme el carro, lléveselo ya y después hacemos papeles' 'Bien pueda, don amigo'. Conocido de ayer' pero no tengo razones para desconfiar de usted'

Resulta que muchas personas vendieron su carro y nunca hicieron el traspaso. Hoy les llegan cuentas de impuestos de rodamiento de vehículos que hace años vendieron y cuya venta no legalizaron.

Están en un drama tenaz. Deben pagarle al fisco lo que les reclaman porque son los titulares del vehículo. Es ineludible. El señor, resignado con su condición de 'tumbado', en la cual cayó por ingenuo y por caballero, paga la deuda. Si no lo hace, le embargan hasta la palabra que dio.

Pero, obviamente, no debe seguir pagando los impuestos de un carro que no tiene y que, desde su venta, otros han usado. Ahí comienza el problema: ¿cómo cerrar un traspaso abierto? Lo grave es que no tiene forma de lograrlo.

Técnicamente, este error en tiempos pasados no se detectaba porque el recaudo de los impuestos se hacía a mano y era improbable que llegaran esos cobros por la vía judicial. Pero ahora, cuando uno no puede firmar un cupón de una tarjeta de crédito porque se atrasó cinco días en el pago de los cinco mil pesos del gas de la casa -que ha pagado siempre desde hace 30 o más años- y ha sido reportado como deudor peligroso ante el jugoso negocio de las centrales de datos, el cuento de los tratos de palabra no soporta el rigor de los computadores y desnuda el deterioro de la 'honorabilidad técnica' de las personas porque en Colombia funciona al revés. Uno debe demostrar ser honrado, cuando todo el mundo y las entidades deben suponerlo, mientras no prueben lo contrario.

¿Han visto cuántas firmas y papeles, fotocopias y fotos se necesitan para comprar un teléfono celular 'prepago' en lo cual no hay un centavo de riesgo? La última vez que fui a Comcel a 'cambiar equipo' llevé exámenes de orina, de sangre, balances, radiografía de pulmones, electro de lo que sabemos, RH y otros papeles. Por si acaso estaba reportado como cliente de alto riesgo, cosa que parecemos ser -a priori- todos los nativos colombianos.

Resulta que quienes han entregado un carro sin cerrar el traspaso, son personas de dudosa honradez para el fisco mientras los verdaderos deudores andan felices. Deber 'en pantalla', es como figurar en la lista Clinton del rodamiento nacional. Claro, el gobierno no tiene por qué saber que el carro no es de uno y entonces el titular paga.

"Está bien, la embarré, me dejé tumbar, pago los impuestos ajenos, pero me quiero salir de algo que ya no estoy usufructuando" Eso habría hecho mi abuelo. Pero hoy las cosas no son tan evidentes ni tan claras y ante el deterioro de la 'palabra de caballero', el caballero puede resultar enjuiciado por hampón.
Veamos.

El titular del carro que vendió hace muchos años paga la deuda y deja el bien al día. Con el fisco al cuello, salva sus haberes de un proceso que termina en el embargo. ¿Buscar al comprador de hace 20 años y exigirle reponer esa plata? Largo proceso civil, en el cual ofician como pruebas contratos de compra-venta perfectamente redactados y registrados que no todo el mundo conserva o hizo firmar en ese momento.

¿Pagar y cortar las cuentas cancelando la matrícula del vehículo? Complejísima situación jurídica pues es altamente probable que el carro ya esté en manos de una tercera o cuarta persona, que actuaron como compradores de buena fe y siempre atenidos a los papeles de la 'próxima semana'. En ese caso, el original propietario puede resultar demandado por intervenir en un bien que, técnicamente, ya no es suyo y que otra persona compró y pagó correctamente.

¿Cómo cancelar una matrícula si el auto puede seguir circulando tranquilamente ya que el titular de la deuda no tiene formas de ubicar al actual 'autohabiente' ni mucho menos, de detenerlo o 'ejecutarlo'? En teoría cualquiera puede cancelar la matrícula de su carro, devolver las placas y guardarlo como florero sublime en el garaje ya que las latas y los números solamente son necesarios para usar en las vías públicas.

Como este no es el caso, es indispensable que el gobierno genere un mecanismo para que todos los ciudadanos de bien puedan lograr que intercepten a los dueños de los vehículos deudores, les metan los carros a los patios sin atenuantes, y de ahí en adelante se rece al rosario de manera regresiva para que cada dueño previo pague sus cuentas.

Este 'rollo' naturalmente no existiría si el sistema de formulación y recaudo de impuestos de rodamiento no fuera un tema de escritorio, retrógrado, muy mal formulado y manejado en el Ministerio del Transporte, sino un cobro automático por el uso del vehículo a través de la gasolina que consume, gracias a lo cual nadie sería moroso de este tributo y el gobierno lo tendría en caja a diario, por derechas.

El Ministerio debe estudiar fórmulas para que la gente de bien pueda deshacerse de este injusto 'karma', deteniendo los vehículos objeto de estos reclamos y creando un mecanismo de cese de obligaciones para el vendedor de buena fe que pueda demostrar la transparencia de su operación. Hay que hacer algo urgente, ¡HOY! para que la palabra recupere todo el valor que el ministro predica!

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