José Clopatofsky
José Clopatofsky

Editorial 465 / El gol que nos espera en 2015: 'Pico y placa para todos los carros todos los días hábiles'

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, plantea porque hay que oponerse a un capítulo del mandato popular que aprobó el 'día sin carro' desde 2001 y que propone que a partir de enero de 2015 la restricción de 'Pico y placa' se extienda a todos los carros, todos los días.

05:00 a.m. 03 de septiembre del 2008

Unos días después del último e inútil 'día sin carro', escribí una columna sobre todos sus evidentes perjuicios y muy simbólicos beneficios. Equivocadamente dije que esa jornada se hacía por una disposición del gobierno de la ciudad de ese momento, que presidía el Alcalde Peñalosa cuando esa medida surgió de una consulta popular, celebrada el 19 de octubre de 2000, propuesta por ese mismo grupo de gobierno a la ciudadanía.

Sin mucha reflexión y sin conocer los verdaderos alcances de esa consulta, más de la mitad de los sufragios de al menos la tercera parte de los ciudadanos de la capital validaron la propuesta que tenía dos puntos. Uno consiste en prohibir la circulación de los vehículos automotores particulares desde el año 2001 el primer jueves del mes de febrero entre las 6 y media de la mañana y las siete y media de la noche. Esa ya la conocemos bien.

Pero ese mandato de la consulta tiene un segundo capítulo con tigre de bengala encerrado, del cual no nos hemos percatado, como muy bien me lo ilustra y lo hace saber un lector, Jaime G. Rocha, al adjuntarnos todos los textos oficiales del decreto 1098 con el cual el alcalde Peñalosa reglamentó la decisión popular el 26 de diciembre del año 2000.

En la segunda parte, dice textualmente: "Prohibir a partir del 1 de enero del año 2015 la circulación de vehículos automotores en la ciudad de Bogotá en los días hábiles y en los horarios comprendidos entre las 6 y las 9 de la mañana y de las 4.30 a las 7.30 de la noche".

Como suele pasar con esas letras menudas de los contratos o con esos balones que todo el mundo ve venir pero nada se hace para atajarlos, los que votaron afirmativamente esa medida y quienes la propusieron, nos metieron el más soberbio y estúpido gol, casi con sabor de autogol. Que NADIE pueda ir en su carro en las horas de la movilización y regreso de los trabajos es una de las cosas más absurdas, por no decir estúpidas, que nos han podido imponer.

Si hoy el TransMilenio no es suficiente, imagínense en el 2015 cómo estará de colapsado ese mecanismo de transporte masivo y cuántas veces se habrán tenido que reconstruir, si es que alguna vez lo logran, las famosas losas de las avenidas por las cuales esa administración puso a rodar los buses rojos de la manera más antitécnica y lesiva para los intereses de la ciudad. Quién sabe si TransMilenio sobreviva a semejante trajín en tan desvencijada red vial.

Al paso que vamos, mientras hacen más líneas de TransMilenio que son obras eternas, paquidérmicas, muy mal planeadas a pesar de las experiencias, cuyos costos siempre resultan ser muchas veces superiores a los anuncios y los presupuestos, estamos en el 2015.

Entretanto, si bien nos va y no le sabotean sus sucesores ese estupendo proyecto al alcalde Moreno, escasamente habrá algunos ramales de metro funcionando y el transporte público seguirá siendo tan insuficiente o mucho más que hoy. Ese escenario es claro.

Y para rematar, todo el mundo a pie para el trabajo. ¡Qué maravilla lo que aprobaron! Yo no voté afirmativamente esa consulta por las obvias razones de que atentaba contra el uso del automóvil y el derecho a la locomoción, que son una de las banderas que defendemos ahincadamente en este espacio en MOTOR. No sin aceptar que se necesitan regulaciones para que el automóvil pueda convivir con la ciudad, pero sin plegarnos a que la solución y el desarrollo de una capital como Bogotá consista en estacionar los carros y echar pata, cosa que no ha sucedido en ningún lugar del mundo. Solo acá, donde pretenden que vivamos en una Venecia semiasfaltada.

No sé cuáles sean los mecanismos para ponerla en marcha, pero es necesario preparar una nueva consulta que, además de indagar el parecer de los bogotanos sobre muchos otros temas puntuales del futuro de la ciudad, derogue esta disposición que en su momento se votó alegremente como un elemento decorativo de las tendencias ambientalistas y es hoy, a todas luces, una norma totalmente impracticable y absurda.

Así como hubo concejales, alcalde, secretarios del despacho y funcionarios que lograron promover y hacer aprobar eso, con mayor razón los tiene que haber para tumbar esta norma porque las razones son de mucho más peso que las que hubo para aprobarla. Ya la ciudad se ha venido pronunciando en las votaciones posteriores a la citada consulta contra todos los movimientos y personajes que tienen persistentes proyectos contra el automóvil particular. Desde el Senado hasta la alcaldía bogotana, los proponentes de esas políticas han perdido las votaciones y ese es un síntoma inequívoco del rechazo masivo que generan. Hay que encauzarlo ahora para desmontar esa norma, de una, porque cuando miremos de nuevo, ya es 2015 y será otra vez muy tarde para atajar el balón que terminará ingenuamente en nuestro arco.

¿Quién se le mide a organizar ese crucial, pero fácil y lógico movimiento en favor del automóvil? Espero propuestas de quienes tienen facultades o conocimientos y liderazgo para emprender la campaña. ¡Nos quedan siete años y medio! Todavía alcanzamos, al menos al empate, porque como premio de consolación le podríamos dejar al bando que nos clavó ese penalti el día sin carro. Así sea también algo inoficioso y oneroso para la ciudad y sus gentes. 

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