José Clopatofsky
José Clopatofsky

Editorial 466/ ¡Finalmente no entró el gol 2015!

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, se refiere a la oportuna derogación de un decreto que iba a imponer la medida de 'Pico y placa' para todos los automóviles particulares y entre semana.

05:00 a.m. 03 de septiembre del 2008

Con la misma alarma y molestia con la cual escribí en este espacio en la anterior revista sobre la restricción propuesta para todos los carros particulares en el horario de pico y placa, sin diferencia de días, a partir del año 2015, muchos lectores me escribieron manifestando su absoluto rechazo a la medida y un condicional respaldo para las acciones que hubiera que emprender a fin de derogarla.

Afortunadamente, por un pelo, es decir por falta de muy pocos votos en la consulta popular en la cual se sometió este punto a consideración de la ciudadanía, junto con la inútil institución del 'día sin carro', la cosa no pasó y posteriormente el Consejo Nacional Electoral derogó la parte del decreto que reglamentaba el tema a raíz de una acción interpuesta por Fenalco, con toda la razón, que logró que el conteo final de votos demostrara que no habían alcanzado los sufragios para aprobarla.

Francamente, escribí el tema del "gol 2015" con la certeza de que, como se trataba de una consulta popular y no tienen reversa sus decisiones salvo por esa misma vía, el tema estaba vivito y coleando y nunca tuve memoria de su posterior muerte jurídica.

Fue precipitado el comentario pues no escarbé bien en la espesa alacena de los decretos que este país tiene en su denso inventario jurídico. Bueno, la verdad es que no hay tal restricción en el 2015, para alivio de todos, pero ello no obvia ni borra todo lo que pensamos y escribimos sobre quienes lo propusieron en su momento, verdaderos enemigos del automóvil.

Afortunadamente la misma ciudadanía -así sea solo la que anda sobre ruedas y con motor, pero que es cada vez más creciente e influyente- los ha venido marginando de posibles responsabilidades públicas, dados sus antecedentes que este comentario refrescó. Cambio de tema.

Comienza a sentirse en el sector automotor una desaceleración en las ventas. Las proyecciones que en noviembre de 2007 daban para 300 mil unidades al año, ahora están por los lados de las 250 mil y de pronto menos, lo cual sería una cifra muy buena de todas maneras -el segundo mejor año de la historia- pero con baja o, si bien salen las cosas, a la par con el 2007. Hay varios factores recesivos en el ambiente.

Por un lado, la cartera de consumo, en la cual el crédito de automóviles tiene el mayor peso, ha subido su nivel de riesgo y está en la barrera preocupante. En marzo de 2007, el riesgo era del 4.90 por ciento y ahora está en el 6.99%. Esto en pesos quiere decir que la plata difícil de cobrar hace un año eran 1.4 billones de pesos y ahora la cifra está en 2.6.

Ante este comportamiento de la gente comprando alegremente, motivada por atractivas y audaces promociones -pague ahora un 50% y el resto dentro de un año- por carros importados que nunca soñaron tener, las financieras están comenzando a apretar las condiciones de préstamo y eso frena las ventas. Con un agravante. Ante la baja de los precios de los nuevos por efectos de la caída del dólar, el valor del carro usado que queda como prenda no cubre la deuda y entonces el riesgo de la cartera aumenta.

Aunque el comprador general no hace muy bien estas cuentas, la subida de los intereses es significativa. Hace un año prestaban la plata al 16.1% y ahora está al 22%. Al 'sacar' el carro de la vitrina no se fijan mucho, pero, por ejemplo, un auto nuevo de 22 millones de pesos de hoy, al cabo de tres años de uso no vale 14 en el mercado de segunda mano y la deuda puede estar en 10 millones si la han pactado a largo plazo como es frecuente.

No se trata de sembrar pánico sino de mirar la realidad del sector en el cual los concesionarios han apretado sus ambiciones y los importadores, a pesar de que el dólar les da una burbuja de respiro y alegría en este momento, también acusan inventarios excesivos y costos y riesgos financieros no planeados. Por esta razón, el consumidor gana porque se desató una guerra de precios de tal calibre que hasta el mismo comprador vacila pues cree que una semana más tarde habrá todavía más promociones y descuentos.
Esa explicable
represión de la decisión de compra también ha generado alguna desaceleración en las vitrinas.

¿Cuándo, entonces, comprar? Difícil decirlo. Porque si escribo que hay que esperar, el sector dirá que estamos frenando su dinámica y frustrando su recuperación. Al mismo tiempo, es imposible ocultarles a los lectores el panorama. Pero esta guerra de precios y descuentos tiene que parar dentro de poco porque se están acabando los márgenes de operación del negocio y esa canibalización que se está viviendo es nociva. Porque si algo necesita el comprador son empresas vendedoras sólidas y serias que les garanticen respaldo para su producto.

Si esta guerra de precios genera una bonanza artificial y una sensación de riqueza por el poder adquisitivo que la gente cree tener, a la vez comprime y deteriora el precio de los usados que en breve deberán caer más aún con la entrada de los modelos 2009 al tinglado, más baratos que los 2008, lo cual hará muy difícil la reposición y salto del usado al nuevo. Luego quienes están en ese proceso deben apurarse y no esperar al 2015, cuando el carro no estará prohibido.

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