José Clopatofsky
José Clopatofsky

Editorial 467 / ¿Dónde está el Ministro de Transporte?

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, hacce un llamado al más alto personaje del ramo para que se ponga al frente de más de 15 proyectos que están cursando en el Congreso y que afectan a los propietarios de vehículos y a la movilidad de todo el país.

05:00 a.m. 03 de septiembre del 2008

El automovilista y la industria de vehículos han sido manipulados tradicionalmente -para bien y para mal- por los políticos. No es un fenómeno local sino mundial, derivado de la falta de unidad de la industria y de los usuarios frente a las normas que se les van ocurriendo a los legisladores o mandos con autoridad en el sistema gubernamental de los países.

Cualquier día, en un cuerpo legislativo, alguien se levanta con una idea y la lanza a los debates y votaciones de donde puede salir aprobada así sea un exabrupto técnico. Recuerdo que algún día un concejal propuso que los todos los buses funcionaran con gas, lo cual técnicamente es inviable. Otro dijo que les pusieran un filtro a todos los carros para que no contaminaran, como si eso fuera asunto de un tarro con latas adentro, solución que el mundo entero habría adoptado hace décadas.

Por eso el código de tránsito es obsoleto, ya que el gobierno también se queda corto en sus conocimientos sobre los temas de transporte y los vehículos y cuando lo presentó llevaba cualquier cantidad de fallas a las cuales les agregaron las ridiculeces de la caja de fósforos, las curitas y la llave inglesa, la 'velocidad' de 80 en las carreteras y tantos adefesios que el legislativo le aprobó no sin agregar seguramente su dosis de la mitología automotriz criolla.

Hoy la situación va peor. A raíz de tantas quejas por las normas absurdas y del creciente número de propietarios, los parlamentarios hacen eco de todos esos problemas y plantean soluciones aisladas de tal forma que hoy cursan en el Congreso más de 15 proyectos de ley -de ley, léase bien- que afectan al automovilista o al sector. Cada uno va por su lado y a su manera, sin ninguna coherencia, sin directriz, sin orientación.

Por ejemplo, les cito algunos temas en discusión: Mototaxismo, tricimóviles y sus profundos alcances sociales, sobre lo cual hay varias ponencias distintas. Modificación de tarifas del SOAT pues está sobrando más de la mitad del recaudo. Nuevos límites de velocidad. Pase por puntos. Propuesta de peajes para motos. Cárcel para quienes exceden la velocidad permitida. Modificación de los aportes que dan para chatarrización los transportadores ante el fiasco del sistema actual que se inventó el Ministro del ramo. Tarifas diferenciales de transporte masivo. Están en capilla proyectos para modificar el sistema de cobro y recaudo de impuestos de rodamiento. Se habla de la sobretasa al gas. Y faltan datos de otras muchas comisiones, asambleas y concejos.

Esto no sería tan grave si el país rodara sobre unas legislaciones y normas correctas y consecuentes con su momento y necesidades y todas estas propuestas fueron ajustes y refinamientos al sistema. Pero resulta que la base es muy mala y estas iniciativas parlamentarias y gubernamentales son más retazos de una colcha de regulaciones, decretos, códigos, leyes y disposiciones de todo tipo y calibre entre las cuales el país se mueve desordenadamente, generando corrupción, inseguridad vial, inestabilidad empresarial y malestar al ciudadano cuya libre movilidad parece ser un pecado.

Pienso que se debería hacer un consenso entre los parlamentarios que están inquietos con estos proyectos, cuya acuciosidad celebramos y apoyamos pues, además, algunas de sus ponencias nacen de iniciativas, comentarios y sugerencias hechos en esta columna, y reunir todo en un solo gran proyecto que genere un verdadero estatuto del transporte que, obviamente, debería ser una ponencia encabezada por el ministerio pertinente cuyas luces técnicas serían el eje para que todas estas cosas tengan un resultado positivo y de avanzada.

Infortunadamente, todos sabemos que el ministerio no tiene esas habilidades y las que le hemos visto no han sido las mejores, por lo cual a veces uno piensa que es mejor que se quede quieto pues hace más males cuando se mueve. Pero me niego a cerrarle las puertas a su presencia y acción, por lo cual sería lo más lógico que pusieran a un grupo de trabajo, eso sí conocedor y con visión, a coordinar y organizar todas estas propuestas y agregar cuantas de su resorte deben salir y están en mora de años de presentar.

Un país que se mueve por carreteras, en el cual el transporte legisla a su manera y conveniencia a través de sus influencias y tentáculos políticos, necesita normas justas y no amañadas a las conveniencias de los negociantes de las vías. Un país que vende 250 mil carros por año tiene que ser serio con respecto a esa industria que le genera al país toneladas de millones en impuestos.
Una circulación que se come el peor combustible necesita órdenes perentorias, leyes, que lo regulen y lo mejoren, no al antojo de las finanzas de una entidad, sino con el bien público y el medio ambiente en la mira. Unas autoridades que son más recaudadoras de multas al tenor de normas obsoletas, están desviadas de sus funciones preventivas. Una sociedad que ha encontrado en los vehículos de dos ruedas un mejor modo de vivir, no puede ser tratada bajo una lupa de presunción criminal ni vestida con chalecos de todos los colores como si fueran las banderas de los municipios.

Por favor, Ministro del Transporte, métale la mano a este tema porque si en el Congreso prosperan todas esas ideas sin un norte y un rumbo, que son su obligación trazar, la situación del automóvil y el transporte seguirá siendo un caos. Ya van bastantes años de su presencia en el cargo como para que haya la suficiente información en su disco duro que justifique el título de ministro de transporte que todo el país le reclama. 

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