José Clopatofsky
José Clopatofsky

Editorial 469 / Otro torpedo contra el sector automotor de parte del Ministro de transporte

El director de Revista Motor, José Clopatofsky, comenta sobre lo equivocado del más reciente decreto del jefe de la cartera de transporte con el que se le cobrarán unas polizas costosas a los próximos compradores de camiones.

05:00 a.m. 03 de septiembre del 2008

Me perdonan muchos lectores que deben estar más que aburridos por la constante presencia del Ministerio del Transporte y sus actuaciones en esta columna. Pero son tantos sus errores y desatinos, que nos obliga periodísticamente a tratarlos y más cuando su última salida para taponar otro paro de los camioneros fue uno de sus desaciertos más flagrantes.

El Ministro, viendo que se le venía un costoso cese de un sector de los camioneros, se inventó un decreto mediante el cual les clavó a todos los próximos compradores de camiones, de un día para otro, unas pólizas dizque para reunir fondos para un 'Programa de promoción para la renovación del parque automotor de carga', que está por inventarse, quién sabe cuándo. Porque es una extensión de su fracasado proyecto de chatarrización obligatoria de camiones para matricular uno nuevo. Que, como resultó incumplible, lo cambió por una caución o póliza de seguros que en la práctica fue un sobrecosto para los grandes camiones que la debían pagar para lograr la matrícula.

Hoy tiene muchos millones, más de cien mil, en un fondo improductivo cuando es una plata del sector transportador que la puede trabajar en bien de la economía.

Ahora, como ha sucedido con otros
sectores del comercio y la industria que gozan de una criticada, parcial y visible favorabilidad en el gobierno, a este sector de los transportadores, que hace un negocio en las vías públicas, le están dando unas gabelas absolutamente inexplicables en un país donde las normas del libre comercio y competencia nos rigen. Pero más que beneficios, les
metieron un golazo pues ingenuamente se comieron el cuento de las supuestas bondades de un decreto que dice evitar que lleguen más camiones al mercado para que no haya tanta competencia y se acabe la guerra de tarifas.

Para ese famoso fondo, cada comprador de un camión, de cualquier capacidad, de servicio público o negocio, o para uso particular de una empresa o persona, debe pagar 20 millones de pesos de póliza. Si es de dos ejes, doble troque, el peaje al gobierno será de 40 millones de pesos y una tractomula cancela 60 millones de pesos. ¡Qué tal! De un tajo les subió a los camiones urbanos y de pequeña capacidad el 30% del precio, porque sí.

Pero hay más cosas aburridas en esto. El funesto decreto fue firmado el 11 de junio, varios días antes del famoso paro -que entre otras cosas es de los pocos o el único que el propio Presidente ha conciliado personalmente en su despacho- pero sistemáticamente lo ocultaron y negaron ante los voceros del sector automotor que, representados por Fenalco, y ante los rumores de este varillazo, le pidieron explicaciones al Ministerio que ya lo tenía expedido y en el bolsillo.

Todo eso muestra lo mal que se manejan estas cosas. Subirles el precio a los camiones de esa manera inconsulta lesiona directamente al sector automotor y a todo el aparato transportador
del país, en aras de repotenciar camiones viejos que supuestamente la norma quiere desaparecer. ¡Qué contrasentido!

Ya caímos del puesto 34 al 41 en competitividad, índice en el cual la eficiencia del transporte y las vías son un indicador fundamental. Se busca inversión extranjera y empleo directo y ahora una planta de ensamble de camiones que se está montando cerca de Bogotá,
queda en el desconcierto y desaliento totales pues la capacidad de adquisición de los transportadores -que el gremio supone defender- se deteriora con este sobrecosto.

Si el precio del combustible, que producimos en pesos y pagamos en dólares (aunque no nos trasladan el bajón de esa divisa) es ya un factor de encarecimiento de todos los productos que viajan por tierra, ahora el mayor valor inicial de los vehículos va a disparar la inflación que el desordenado gobierno quiere atajar.

Si se quiere seguir lesionando al sector automotor, ya de por sí muy complicado por la situación general de la economía, estos torpedos no hacen más que desestimularlo y, sobre todo, generar
la mayor dosis de desconfianza en un gobierno definitivamente doble faz, cuya reelección no parece marchar sobre las ruedas que está frenando.

Flaco servicio le hace este ministro al presidente Uribe que en estos temas pasa por un ingenuo más, que le firma cualquier decreto a su amigo del alma, pero un mal socio en su gabinete. 

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