José Clopatofsky
José Clopatofsky

Editorial 470 / La comercialización en los semáforos será penalizada

Revista Motor hace un recuento de las normas que aprobó el Congreso, entre ellas la que castigaría a los conductores que compren en los semáforos.

01:27 p.m. 27 de mayo del 2015

Dentro de todas las nuevas normas que el Congreso aprobó en una auténtica jornada de 'cuarto de milla' y que están cerca de ser ley de la República cuando el Presidente las firme, hay medidas que eran totalmente urgentes y evidentes de imponer como los nuevos límites de velocidad y el 'pase por puntos' que premia y castiga a los buenos y malos conductores respectivamente.

Curiosamente, para darle un calificativo benévolo, se hundieron en las discusiones los proyectos del gobierno que pretendían cobrarles peaje a las motos con lo cual los congresistas le ahorraron al Ministro del ramo un nuevo levantamiento de protesta nacional. También le archivaron su proyecto de reglamentar el
mototaxismo pues es una actividad imposible de diferenciar cuando el pasajero va pagando o va de pato, ejerciendo el pleno
derecho ciudadano de viajar con quien le parezca en la moto que lo reciban.

También le tumbaron al Ministro su idea de fijarles una cuota de ahorro imperativo a los camioneros y de imponerles una chatarrización obligatoria de las máquinas viejas. Claro que el ministerio le metió de todas maneras la mano a ese tema al imponerles la obligación de pagar una caución elevadísima -70 millones de pesos por una tractomula nueva- para poderla matricular y cifras de no menor cuantía para camiones intermedios.

Pero tuvo que redactar a la carrera una modificación ¿que al momento de escribir este texto está para firma del Presidente- descartando de ese peaje absurdo a todos los camiones pequeños
de un solo eje trasero.

Pero quedó vigente una compleja norma que castiga a los automovilistas que hagan actividades comerciales a 200 metros a la redonda de los semáforos, bermas, puentes peatonales, cruces, separadores, ciclorrutas y zonas de circulación. Faltó incluir el trancón y el derrumbe para oficializarlos en una ley. Técnicamente, la norma tiene la razón.

Nada más peligroso que gente echando llamas a un metro de los carros, cuando una de esas teas puede caer por entre la ventana de un bus. O muchachos haciendo pirámides, o andando en zancos en medio de los carros, buses y motos.

O las personas con deficiencias físicas, cuya movilidad es mínima o nula y se mueven entre las filas de vehículos en condiciones de alto riesgo pues a veces uno ni los ve. Para no hablar de todos los niños limpiando vidrios o tratando de vender alguna golosina haciendo zig zags, impávidos, entre los carros. Si uno tiene el mal momento de atropellarlos, se mete en un problema mayúsculo e
injusto pues no tienen por qué estar en esos sitios.

Para mí, los semáforos son una perfecta radiografía del país. Se calibra el desempleo, se aprecian las migraciones de desplazados o campesinos a la capital, se ve dramatizado el desamparo médico y social del Estado hacia las personas impedidas, se fomenta el trabajo infantil, se legaliza la piratería de libros y discos, se sabe de las frutas que están en cosecha, es posible intuir cuál es el artefacto de contrabando que está de moda, se pagan a un alto precio las mercancías que esos vendedores compran en los supermercados de la zona porque todo cuesta 'mil'. Se cohonesta veladamente con los capos que cobran por el uso de las esquinas, se pueden comprar gimnasios caseros y realizar milagros digestivos como comer quesillos espinalunos que llevan varios días al sol y sobrevivir.

Últimamente podemos hacer la colección de los 'Uribes' en sus diversos atuendos de campaña. Basta con sumar esas ventas de las maquetas presidenciales y el Uribe de carne y hueso nos ahorra el costoso e inútil plebiscito en el que nos quiere embarcar.
Confieso: soy un adicto comerciante del trancón y hasta tengo crédito en varias esquinas de mis rutas por Bogotá.

Por eso veo que la nueva ley, si bien es técnicamente correcta, es socialmente inviable por la absoluta incapacidad del gobierno de suplir con empleos o algunas ocupaciones o apoyo clínico a todos los que se ganan la vida en la inmovilidad del país. Por cada comparendo que le pusieran a quien saca una moneda en un semáforo, deberían ponerle mil y muchos más al gobierno para castigarlo por el abandono y descuido en el que tiene a todas esas personas, sobre todo a los impedidos o enfermos. El día en que dar limosna sea punible porque nadie la necesita, Colombia será un país del otro mundo. Misión imposible, al menos en estos tiempos que vivimos.

Zona Comercial
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