José Clopatofsky
José Clopatofsky

¿Estacionar no será pecado?

“Es una buena noticia el anuncio que hizo Movilidad en el sentido de que está trabajando en la habilitación de estacionamientos pagados en las calles"

12:13 p.m. 11 de julio del 2017

Es una buena noticia el anuncio que hizo la Secretaría de Movilidad de Bogotá en el sentido de que está trabajando en la habilitación de estacionamientos pagados en las calles. Hablan de 20.000 puestos.

Es mejor aún si contrastamos este anuncio con el pensamiento absurdo que dejó conocer el alcalde Peñalosa hace unos meses respecto a que las nuevas construcciones residenciales de la capital no debían tener garajes, para desestimular el uso del carro particular. ¡Qué tal!

O con su agresiva invasión de bolardos durante una pasada estancia en el cargo, muchos de ellos justificados, hay que reconocer, pero que en una enorme cuantía bloqueó una cantidad de bahías y lugares diseñados y hechos para estacionamientos –que ahora va a necesitar–, con espacios racionales para suplir las necesidades de parqueo que tienen los ciudadanos y los negocios aledaños que viven y requieren el acceso y tráfico de personas para su subsistencia. Que en muchos casos no se trata solo de un lucro comercial, sino de un servicio público, como bancos, entidades del gobierno, clínicas y centros de salud, para citarles solo algunos casos de utilidad ciudadana.

Pero el tema de quitarles a los automovilistas los pocos espacios que hay para orillarse no es cosa de políticas, sino algo en contravía de la lógica. Hace poco –cito un caso puntual vecino a mi residencia–, remodelaron toda la calle 92 del norte de Bogotá, entre la carrera 15 y la autopista. La vía era lunática, un caos, una vergüenza. La obra duró más de un año, durante el cual para llegar a los edificios se necesitaban los servicios de un 4x4. Al final, hicieron un buen trabajo, que incluyó la construcción de bahías de estacionamiento a distancias racionales y para estadía temporal, teniendo en cuenta que esa vía es angosta y requiere detenciones de los vehículos. Esas bahías costaron una plata y se hicieron porque los estudios del momento las consideraron lógicas y funcionales. En uno de los extremos de la 92 funciona un Carulla que necesita esas semibahías, porque no son algo del otro mundo, para los camiones que hacen la entrega de los insumos. Pues bien, las llenaron de maletines plásticos para bloquearlas, agrediendo una vez más a los ciudadanos, pues ahora la operación de descargue se hace ocupando todo un carril, con el consiguiente trancón innecesario que se inventaron. Este es un claro ejemplo del fundamentalismo antiauto de la administración y también de la realidad que por otro lado la embiste.

Así como pasa injustificada y antitécnicamente este atropello, hay cientos y cientos de casos más, cuya relación por parte de ciudadanos afectados y quejosos llenaría el mismo espacio que han venido ocupando las firmas para la revocatoria del alcalde.

Volvamos al tema. No hay ciudad del mundo en la cual no exista –con control, prohibición donde corresponde, previsión de espacios y cobro si se trata de zonas de alta congestión y ocupación– el estacionamiento en las calles. Si no fuera así, a Europa habrían tenido que rediseñarla y reconstruirla.

Está más que claro que uno de los ejes fundamentales de la planeación de las ciudades y las residencias es la obligatoria cohabitación con el automóvil. El vehículo, de dos, tres, cuatro o más ruedas, no va a desaparecer, y menos con embudos como el malo e ineficaz servicio de transporte público que nos acompaña en Bogotá, que lo hace indispensable para muchas personas y tareas. A tal punto que la gente paga impuestos completos por uso de medio tiempo, cancela un precio elevado de la gasolina para mantener vías que siempre están en descomposición, aguanta trancones por la pírrica planeación previa y actual de las vías y cancela estacionamientos que cuestan varias veces más que el ‘corrientazo’ del mediodía.

Hay que celebrar que estén pensando en esa alternativa, pero es doloroso que en el enunciado del programa que leímos en la prensa no haya una sola línea o frase de la Secretaría de Movilidad en la cual exprese que quiere prestarles un servicio a los automovilistas y ofrecerles una solución a los problemas que esa entidad ha creado o desatendido. Solamente hablan de plata, de cuánto va a dejar el asunto, de cómo será el recaudo, de cómo se reparten los ingresos.

No hay una palabra a favor de la gente. Todo se resume en cobrar y cobrar y en que el automovilista pague y pague, cosa a la cual nunca se ha negado, porque ha sido un abnegado y sufrido contribuyente de una ciudad alcabalera. Ojalá organicen bien ese tema, con sentido común y como un servicio por el cual se cobre un peaje justo y no se sienta como un castigo más.

FRASE
“Es una buena noticia el anuncio que hizo la Secretaría de Movilidad de Bogotá en el sentido de que está trabajando en la habilitación de estacionamientos pagados en las calles. Hablan de 20.000 puestos. Es mejor aún si contrastamos este anuncio con el pensamiento absurdo que dejó conocer el alcalde Peñalosa hace unos meses respecto a que las nuevas construcciones residenciales de la capital no debían tener garajes, para desestimular el uso del carro particular”.

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