José Clopatofsky
José Clopatofsky

La ética y la moral, oxidadas

"Robarse la plata del pasaje es el mismo pecado que recibir y repartir las coimas de las multinacionales”.

10:52 a.m. 24 de enero del 2017

Si de corrupción siempre se ha hablado en Colombia y ahora hierve el caldero con el tema de Odebrecht, que debe ser uno más de tantos que cohabitan con la malversación de las platas públicas, con otros vericuetos técnicos y alguna elegancia –si esta palabra cabe–, el caso de los fraudes cometidos por Volkswagen nos indica dolorosamente que la ética empresarial también está en la picota más allá de nuestros confines.

La empresa alemana fue condenada a pagar nada menos que 4.300 millones de dólares para resarcir a los dueños de algunos de sus vehículos que usan motores diésel, en los cuales se instaló un software que engañaba los resultados de las pruebas de emisiones. Además de la multa citada, que tan solo cobija al mercado de los Estados Unidos, ya hay órdenes de captura para seis de sus ejecutivos y uno de ellos, ya tras las rejas, podría recibir cadena perpetua. Luego la trampita no fue un error suelto de un ingeniero, sino un pecado capital en el cual toda la cúpula del grupo tiene la mano untada.

Como se trata de una zancadilla informática, estos juegos del software se descubren y se propagan, y ahora la misma agencia ambiental de los Estados Unidos está requiriendo al grupo Fiat-Chrysler por una falta similar en más de 100.000 camionetas de su factura. Con los antecedentes del castigo a VW, si esa empresa –otrora de las tres grandes de Detroit y que ahora comparte su propiedad con los italianos y su sede legal está en alguna parte de Europa, donde se protegen sus intereses– es condenada, su futuro económico queda en gran duda, pues el castigo financiero se sumará a sus deudas de 6.000 millones de dólares, para cuyo saneamiento ha lanzado varios mensajes de urgencia. En especial a General Motors, con la cual busca una alianza que esta última ha descartado.

Para rematar, en Europa, las autoridades alemanas han lanzado un ultimátum para que se controlen los vehículos de Fiat y Chrysler, en retaliación por la forma como los países de la Unión Europea han censurado e investigan a VW. Claro que con menos rigor y claridad de lo visto en Estados Unidos, probablemente por la gran influencia del gobierno de la señora Merkel, de cuya generosidad viven muchos miembros de esa comunidad, lo cual ha demorado resultados como los vistos en Estados Unidos.

Los japoneses, cuya pulcritud es reconocida pero ya quedó lesionada, también están conmocionados porque Mitsubishi vendió durante muchos años carros con un bajo consumo de gasolina que los calificaba para una cuota inferior de impuestos. Los anuncios eran mentirosos y ahora la empresa debe indemnizar a sus clientes y reponer los tributos que no se recaudaron. Zambullida en esa crisis, Mitsubishi tuvo que pedir un salvavidas, que lo lanzó el grupo Renault-Nissan, que puso plata a cambio del control de la compañía.

Pero a su vez, Renault fue notificada desde hace meses de una investigación que ha avanzado bastante, aparentemente en su contra, también por falsear los resultados de las emisiones de varios de sus motores. El investigador es el propio gobierno francés, que es a la vez socio de Renault, lo cual no le ha impedido escarbar las monedas falsas en sus propios bolsillos.

Hyundai fue condenada hace años en Estados Unidos por anunciar consumos falsos en sus carros. Los tres grandes fabricantes alemanes publican cifras de emisiones y gasto de gasolina logradas en benignas y obsoletas pruebas de laboratorio homologadas por ellos mismos, con el visto bueno y la vista miope de sus autoridades, que no se atreven a tocar a su poderosa industria.

El panorama no es muy edificante y si esta acuciosidad de las autoridades se extiende a otras marcas y abre los computadores de productos que ni siquiera son homologables en los países donde están patinando las firmas que deberían dar ejemplo, es probable que a la industria automotriz mundial le caiga un manto de dudas y sospechas y rechazo por defraudar a sus clientes.

Al unir todos estos casos cuya vecindad cronológica los magnifica, como sucede acá cuando destapan el caso de Odebrecht, que puede ser solo uno de tantos si se miran los huecos en las platas de la salud, la alimentación de los niños escolares y la misma ineficacia en la gestión de la hacienda pública, está más que claro que la moral y la ética están patéticamente oxidadas en todos los niveles locales e internacionales. Ya un presidente de Colombia en funciones había dicho hace muchos años: “Tenemos que reducir la corrupción a sus justas proporciones”. ¿Qué tal eso?

Por eso, aunque es repugnante, no es extraño que con esos ejemplos y tolerancia se cuelen al día miles de personas en los buses de TransMilenio y, además, se pongan bravas y maten gente porque las incriminan. Robarse la plata del pasaje es el mismo pecado que recibir y repartir las coimas de las multinacionales.

Una pregunta a la gerente de esa empresa: ¿Por qué no han sido capaces de arreglar las puertas de las estaciones? No se pueden quejar de que se les escape el agua si la olla está desfondada. Además, no ha habido un muerto por atropellamiento de un bus de puro milagro. ¿Responderá esa empresa y personalmente sus directivos por esa evidente y punible negligencia

FRASE
“Aunque es repugnante, no es extraño que con esos ejemplos y tolerancia se cuelen al día miles de personas en los buses de TransMilenio y, además, se pongan bravas y maten gente porque las incriminan. Robarse la plata del pasaje es el mismo pecado que recibir y repartir las coimas de las multinacionales”.

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