José Clopatofsky
José Clopatofsky

El fenómeno Tesla

Tesla, la marca de carros eléctricos –hasta hace pocos días de alta gama y precio–, acaba de dar un campanazo muy sonoro en el mundo del automóvil.

11:31 a.m. 19 de abril del 2016

Al anunciar un modelo de carro más barato, llamado 3, que solo empezaría a venderse realmente a comienzos del 2018, logró más de 325.000 separaciones en menos de dos semanas, todas respaldadas por un pago de 1.000 dólares, reembolsables si el asunto no llega a feliz término.

Rodeada de escepticismo alentado por fallas de sus propios carros y por tradicionales demoras en las entregas, Tesla ha logrado crear alrededor de sus ideas innovadoras en materia de energía, digitalización, electrificación y funcionalidad de sus carros eléctricos un apetito tal que –por lo visto en las colas de sus almacenes de Estados Unidos– están por encima de sus traspiés. No en vano muchos de esos mismos seguidores están acostumbrados a las permanentes actualizaciones de sus teléfonos y aplicaciones, pues son siempre imperfectas.

Supuestamente, el Tesla 3 va a costar 35.000 dólares y tendrá fluctuaciones, dependiendo de las favorabilidades en algunos puntos de Estados Unidos y del mundo hacia los carros eléctricos en materia de aranceles o de impuestos a las ventas y rodamiento. Eso significa ofrecer un vehículo de gama media alta al alcance de un público mucho más popular y contagiable. Claro que esa es la etiqueta de base que le puso el genial dueño de Tesla, Elon Musk, a su carro, del cual apenas existen unos pocos prototipos, y desde ya se anticipa que ese valor no es sostenible y que el cheque estaría por los 42.000 dólares. Sería un auto de 120 millones de pesos, para empezar en Colombia, lo cual indica de entrada que su popularidad no será en el tercer mundo.

De todas maneras, las largas filas y el entusiasmo de la clientela potencial dejan unas reflexiones muy intrigantes. Si Tesla pudiera hacer los 325.000 carros en un año –algo totalmente improbable, pues hoy no tiene la capacidad instalada para la manufactura de los vehículos ni de las baterías– estaría casi entre los tres primeros automóviles más vendidos de Estados Unidos en 12 meses y habría sido el segundo en el 2015, cuando la marca colocó 50.000 modelos S a 75.000 dólares promedio por carro, que es lo mismo que la cantidad de Clase E que vendió Mercedes, que son más baratos, y el doble de los Clase S de esa misma casa alemana, con un crecimiento en sus ventas del 75 por ciento. ¡Envidiable para cualquier negocio y más para un insólito producto emergente!

La razón de este éxito, y ojalá del venidero si todo camina y si Tesla sigue contando con el entusiasmo de sus seguidores, sumado a su paciencia, no es otra que la oferta de un producto lleno de novedades digitales que llena las expectativas de millones de personas, para quienes estas inquietudes en sus comunicaciones y sistema de vida son hoy imprescindibles y están totalmente empeñados en usar otras energías para mover sus vidas.

A ellos les interesa más la conectividad que los caballos, más la velocidad de su Internet que la del carro, más el interior que el exterior, más estar viviendo en una ola turbulenta de aplicaciones que en las tranquilas aguas del lago tradicional. Por algo dicen que hoy hay que vivir “surfeando la web”.

En ese sentido, Musk les dice mucho más que cualquier fabricante de carros del mundo.

Este visionario de nacionalidad surafricana-canadiense de apenas 45 años, es un ingeniero, inventor e inversionista que a los 12 años ya vendía programas para computadores y códigos para juegos electrónicos. Es presidente y cofundador de SpaceX, una corporación que hace cohetes. Concibió a Tesla Motors. Maneja a SolarCity. Es copresidente de OpenAI (Inteligencia Artificial) y también creador del sistema de pagos mundial Paypal. Sabe de todo; basta con que miren su perfil en Wikipedia.

Basa su filosofía en cambiar el mundo y la humanidad reduciendo el calentamiento global mediante el uso de energías sostenibles, propende a evitar nuestra extinción creando una ¡colonia terrícola en Marte! en el 2040 para abrir una vida interplanetaria, tiene la visión de un transporte de altísima velocidad llamado Hyperloop y propuso un jet supersónico con motores eléctricos.

Estas son apenas algunas de sus genialidades que lo han convertido en el sabio más interesante de estos tiempos y en un multimillonario cuyas arcas le permiten todos estos juegos y aventuras, como las de sus carros eléctricos.

Por supuesto, este personaje, con sus excentricidades, utopías y verdades, tiene todo el magnetismo que un producto banalizado y genérico como el automóvil necesita para conquistar nuevos clientes. O, al menos, para no perder su caudal actual. De ahí que el anuncio de su Tesla 3 tuviera el mismo impacto de los Iphones y afines, pues de alguna manera les pone ruedas limpias y verdes a sus comunicaciones y a su vida digital.

¿Lo dejarán sobrevivir las grandes y poderosas corporaciones de la industria del automóvil? ¿O serán capaces de ofrecer productos llenos de genialidades como las que anuncia Tesla?

Ojalá sea lo segundo.

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