José Clopatofsky
José Clopatofsky

La Generación Z

Es altamente probable y posible que este tema no sea ninguna novedad para muchos de los lectores, más inquietos e instruidos que este servidor.

11:45 a.m. 17 de noviembre del 2015

Pero como también debe haber quienes me acompañan en la otra orilla de los menos actualizados, voy a comentarlo.

Leyendo uno de tantos despachos de noticias, caí en un comentario sobre la necesidad que tienen los fabricantes de carros de conectarse y ser proactivos con los miembros de la “Generación Z”, que hoy son la mayoría emergente de todos los países.

Usando los enlaces de ese artículo, llegué a uno de los sitios más útiles y prácticos de Internet (www.howStuffWorks.com), que consulto con frecuencia, pues da las mejores y más simples explicaciones y definiciones sobre cómo funcionan las cosas mecánicas, en mi caso. Pero también estaba un intenso tratado sobre cómo funciona la Generación Z.

De aquí en adelante, me robo frases de ese texto (http://people.howstuffworks.com/culture-traditions/generation-gaps/generation-z.htm). Ese grupo de personas pueden ser nuestros hijos y nietos y los clasifican como nacidos después de 1991, sucediendo la llegada de la generación anterior clasificada internacionalmente como Milenio.

Están entre los 11 y los 24 años. Nunca conocieron el mundo sin Internet, celulares o IPods. No supieron lo que es rebuscar en los empolvados textos de las enciclopedias que, en su momento, nuestros papás nos compraron en pesadas cuotas mensuales. Hoy, Wikipedia es gratis. Tienen algún sentido de la justicia social, protegen el medio ambiente porque lo aprendieron desde el primer día. Son tecnológicamente avanzados y han aprendido la vida en medio de unas fuertes crisis económicas que golpearon a sus familias en las últimas recesiones.

En Estados Unidos, la cuarta parte de la población es menor de 18 años y podemos estar cerca de esa proporción, y saben que les corresponde en breve gerenciar el mundo. Sus directrices las toman de los centros de información y ya no recurren al consejo de sus padres o profesores, pues no les hablan su lenguaje y ellos tienen ya uno propio lleno de signos y palabras nuevas que pululan en las redes sociales.

No quieren pasar 48 horas de la semana en un escritorio y se consideran ‘freelances’ profesionales y permanentes y también expertos en alguna cosa. Son capaces de procesar intelectualmente toneladas de información en un instante sin importar la forma como se arreglen el pelo.

Por supuesto, nosotros –sus antepasados–, chocamos. Nos parece que ponen la música durísimo, no nos gustan sus atuendos y tenemos que vivir con su poco respeto por las cosas. Es complicadísimo entenderlos, pues son nativos digitalmente y van por la solución antes que por la forma de estudiar el problema. ¿Para qué estudiar aritmética o matemáticas cuando el celular es sabio, responde inmediata y gratuitamente y no hay que ver cómo lo hace?

Ya no conversan sino que chatean aún en la misma mesa con sus interlocutores y se preguntan si no hubiera sido mejor que Bell inventara primero el ‘texting’, pues hablar por teléfono se está haciendo obsoleto. Con un ‘touch’ resuelven todo y se apoyan en miles de personas en cualquier parte del mundo. Su universo ya no son los computadores sino el wifi, y viajan por Tweeter, Whatsapp, Facebook, LinkedIn, Google, se ven en Instagram y ya les parece pasado de moda el email. Son tan cambiantes que dentro de la generación Z ya hay la subdivisión Y, para quienes no tienen aún 18 años.

¿Les interesan o necesitan los carros? No son su prioridad y les parecen un estorbo para muchos pasos de la cotidianidad. No les encuentran novedades y los asumen como un ‘commodity’ que preferirían evitar. Pero se mueven en un filo complejo. Por un lado, tienen los recursos y la iniciativa para hacer cambios positivos, pero carecen de la experiencia y de los antecedentes para perseverar.

A esa generación tan esquiva y cambiante le tiene que apuntar la industria del automóvil para encontrar una clientela que sostenga su ritmo. Porque, de no ser por el consumo de India y China, las ventas pasan por un letargo mundial, ya que el auto no les ofrece a todos estos nuevos compradores las soluciones de comunicaciones y novedad, que son el eje de sus vidas.

En Tokio acaba de pasar el Salón del Automóvil y las marcas de ese país propusieron un reto muy audaz. Carros autónomos para los Olímpicos del 2020, nuevas energías, ayudas de manejo y otras bocelerías tecnológicas fueron sus propuestas que, para nosotros los viejos, parecen novedades, pero para los Z son cosas obligatorias y cotidianas que no los sorprenden. El auto tiene que ser un Smartphone con ruedas. De lo contrario, puede correr la suerte de cosas que hace años fueron un boom y hoy son obsoletas. Como el fax, por ejemplo.

¿Estará el futuro del automóvil sintonizado con sus próximos compradores? Una pregunta de muy inciertas respuestas, que tal vez sepamos con mayor precisión cuando llegue la generación Z.01.


FRASE
En Tokio acaba de pasar el Salón del Automóvil y las marcas de ese país propusieron un reto muy audaz. Carros autónomos para los Olímpicos del 2020, nuevas energías, ayudas de manejo y otras bocelerías tecnológicas fueron sus propuestas que, para nosotros los viejos, parecen novedades, pero para los Z son cosas obligatorias y cotidianas que nos los sorprenden.

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