José Clopatofsky
José Clopatofsky

El gobierno se ahoga en las emisiones

“Los ministerios de Ambiente y Minas están en el proceso de proponer una política que deben consolidar en una ley que saldría entre el 2020 y el 2022"

02:32 p.m. 29 de mayo del 2018

No para el debate ambiental que se ha suscitado a raíz de dos polos que han atraído la atención e inquietudes de todo tipo y nivel de parte de los ciudadanos. Habla la gente, opinan las universidades, explican los motoristas, las tecnologías se defienden y publicitan, los gobiernos montan planes de emergencia, los políticos se dan pantalla, remiendan a la carrera los prepliegos de las licitaciones para los próximos buses de TransMilenio, y en esa maraña de conceptos e ideas se traban las buenas inquietudes con las inviables, generando así una segunda polución, esta vez informativa.

Hubo el detonador de Medellín, donde la cubierta de contaminación oscureció de manera dramática la ciudad famosa y reputada como la de la “eterna primavera”. Ahora tiene recurrentes temporadas de preocupante niebla tóxica. Pero allá llevan desde hace bastante tiempo controles y mediciones serias de las emisiones en las calles, hicieron un metro hace nada menos que ¡24 años!, aunque desde cuando salieron las primeras directrices oficiales hasta el momento en que rodó el primer tren pasaron antes otros 19 años. Luego pusieron tranvías eléctricos, cables a los barrios altos, buses con escapes más modernos y siguen pensando en soluciones más efectivas, así sea a punta de restricciones draconianas que cobijan hasta las motos. Todo ello, con la debida justificación y soporte técnico.

Bogotá va dolorosamente a la zaga. Del metro se habla hace más de 50 años y en los últimos tiempos, aunque están los fondos para iniciar sus obras, cada administración le da la vuelta al tema. Unos lo entierran, otros lo elevan, unos lo propusieron por una ruta, otros lo reinventan y, por fin, parece que lo vamos a tener, aunque falta ver cuándo sucede en la realidad.

Las mediciones de emisiones no tienen efectos prácticos y cuando se hace el día sin carro suelen aumentar. No hay una política completa al respecto y para ello la prueba de la forma como van soltando ideas a la par con el desayuno. Por ejemplo, eléctricos por la séptima a cambio de diésel. ¿Todo armado de un día para otro?

Menos políticas existen a nivel nacional. En las múltiples reuniones que hemos sostenido en estos días luego de que se agitó el tema, hemos oído todas las posiciones. Estuvimos con la gente de Gas Natural, con los representantes de Scania –que son los únicos probables oferentes de buses con motores a gas–, conocemos el tema del diésel, hablamos y vimos en extensión y en físico los pormenores de todo el panorama de los combustibles (tema central de esta entrega) al más alto nivel con los presidentes de Ecopetrol y Reficar, junto con todo su gabinete técnico, y más allá de la discusión puntual que despertaron los buses, nos quedó ese mensaje más profundo.

Colombia no tiene una política ambiental en cuanto al control de emisiones de las fuentes móviles y fijas que usan los combustibles fósiles ni tampoco un plan de vuelo sobre las energías renovables. Apenas ahora se está elaborando un estudio que irá al Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes), supuestamente el mes entrante, donde debe surtir un largo proceso de estudios, consultorías, asesorías, lobby, intervenciones de conocedores y de oportunistas, llamadas de políticos y toda esa compleja organización que tiene más tuberías que Reficar.

Por otro lado, los ministerios de Ambiente y Minas están en el proceso de proponer una política al respecto que deben consolidar en una ley que saldría en algún momento entre el 2020 y el 2022 –hasta cuatro años de espera– que defina la alineación que debemos tener con nuestro medio ambiente. Es algo que debía estar hecho hace años e imperdonablemente viaja en el baúl de baja prioridad gubernamental.

Por lo conocido hasta ahora, las actuaciones se limitan a una baja de aranceles a los carros eléctricos que montaron caprichosamente por cupos, aunque se contradice con los constantes aumentos del gas vehicular que hacen que su rentabilidad sea cada vez menos atractiva y entonces todo queda a merced de las buenas intenciones de los alcaldes o de las empresas vendedoras de vehículos que se quieren anticipar a lo que ya sucede en el mundo.

Para rematar, el propio Ministerio de Transporte vuelve y publica las fantasiosas cifras del supuesto parque automotor que salen de carpetas de documentos en el RUNT, pero no tienen ninguna coincidencia con la existencia de los vehículos. Esta vez, cogiéndole la caña a ese reporte, nos dicen que en Colombia ruedan ¡5,9 millones!, sí, 5,9 millones, sin la revisión técnico-mecánica, donde se revisan las emisiones de sus motores. Una escandalosa negligencia de controles. De ahí en adelante, respiremos profundo mientras se puede.

FRASE
“Los ministerios de Ambiente y Minas están en el proceso de proponer una política al respecto que deben consolidar en una ley que saldría en algún momento entre el 2020 y el 2022 –hasta cuatro años de espera– que defina la alineación que debemos tener con nuestro medio ambiente. Es algo que debía estar hecho hace años e imperdonablemente viaja en el baúl de baja prioridad gubernamental”.

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