José Clopatofsky
José Clopatofsky

‘El Henry Ford chino’

"Ni el título ni el desarrollo de todo el tema son míos. Lo leí en La Vanguardia de Barcelona buscando los alcances y la intención de Li Shufu".

02:47 p.m. 20 de marzo del 2018

Ni el título ni el desarrollo de todo el tema son míos. Lo leí en el periódico La Vanguardia de Barcelona buscando los alcances y la intención de Li Shufu, billonario en todas las monedas y quien en la industria es muy conocido, pero en los últimos quince días saltó a la plataforma mediática mundial.

No es para menos. De un día para otro, garantizó la compra a título personal nada menos que del 9,7 por ciento de las acciones con voto de Daimler, léase Mercedes-Benz, que le costaron 7.300 millones de euros.

Le ha rendido en los 55 años de vida que tiene y en los 36 que lleva haciendo su propia plata, cuyos primeros centavos los reunió tomando fotos a los turistas con una cámara de 16 dólares, regalo de su papá, campesino de la región de Zhejiang. Puso rápidamente un estudio y empezó a vender accesorios artesanales para fotografía. Esto le quedó corto, pues se graduó luego como ingeniero mecánico e hizo una maestría en el oficio. Fundó la marca Geely –palabra que quiere decir afortunado– de refrigeradores y ocho años después entró al negocio de las motos al comprar una empresa del gobierno que estaba en bancarrota, y de ahí saltó a la industria del automóvil en 1997, con el privilegio de ser el único dueño privado cuando todas las demás firmas chinas de vehículos tienen participación del gobierno. En el año 2000 vendió 600.000 motos y 150.000 automóviles.

¿Quieren más? Esto apenas empieza. En el 2010 le compró a Ford todo Volvo Cars por 1.800 millones de dólares. Luego puso otros 3.300 para hacerse al control de AB Volvo, que es la parte de los famosos camiones. Su ‘fotocopiadora de billetes’ siguió funcionando a toda tinta y le dio flujo de caja suficiente para comprar luego la mayoría de las acciones de Lotus Cars, el 49,9 por ciento de Proton de Malasia y es un socio muy fuerte en la firma Terrafugia, que está por sacar a la venta los carros voladores verdaderamente funcionales.

Y si usted va a Londres y, obviamente, toma uno de sus clásicos y tradicionales taxis, sepa que los de los últimos años son también provistos por Geely, ya que Shufu compró la firma LEVC que los hacía en Inglaterra y ahora los despacha desde China. Este es un dolor más de coxis para los ingleses, cuyos icónicos Jaguar y Land Rover subsisten gracias al flotador financiero que les lanzó Ratan Tata, el supermultimillonario indio.

A pesar del tamaño de este imperio, Shufu no es el más rico de China. Está lejos. Figura apenas en un modesto décimo puesto en los litados de Forbes, que le acreditan una fortuna de 16.500 millones de dólares. Pero con estas compras sí es uno de los que tienen su capital más visible y ambicioso.

Vista esa cifra, no es improbable que logre rematar su próxima meta, que es comprar el grupo FCA (Fiat-Chrysler-Jeep), por el cual ya hizo una primera oferta, hace unos meses apenas, de 20.000 millones de dólares, que no aceptaron la familia Agnelli y sus socios. Ya subió a 22.000 y con el tanque y la liquidez que tiene no es raro que corone esta tradicional propiedad, símbolo de Italia. Para preservar esa dignidad y en acto que se considerará patriótico, en el negocio no están incluidos Ferrari, Maserati ni Alfa Romeo.

Tenemos que memorizar desde ahora este apellido Shufu como uno de los grandes jugadores asiáticos en el mundo del automóvil, que poco a poco está siendo infiltrado por esos capitales jugosos que andan a la caza de negocios. Dongfeng tiene fuertes enlaces con el grupo Peugeot-Citroën y todos los fabricantes occidentales tienen joint ventures obligatorios con el gobierno y empresas chinas por disposición de las leyes locales. Solo Geely es independiente, de ahí que se mueva a sus anchas y gustos por el mundo, donde hay muchas marcas necesitadas de efectivo y de accesos rápidos al mercado chino, cuyo volumen interno es la fuente principal de recursos y crecimiento de las casas tradicionales. Sin China, hoy seguramente el mapa sería muy diferente y pocos los sobrevivientes.

¿Henry Ford chino? Tal vez la analogía no concuerde plenamente con el perfil del célebre industrial estadounidense, ni la carrera de Shufu sea tan ingeniosa ni revolucionaria, pues Ford la hizo inventando en sus fábricas, y este nuevo potentado las está comprando ya andando, enderezando sus maltrechos balances, ya que ahora no puede posar de turista anónimo en sus viajes por el mundo, como aquellos a quienes les vendía sus fotos en la remota, campesina y perdida provincia de Zhejiang, desde donde saltó a las listas de los más ricos del mundo.

Pero así son los Henry Ford de este siglo.

FRASE
“A pesar del tamaño de este imperio, Shufu no es el más rico de China. Está lejos. Figura apenas en un modesto décimo puesto en los litados de Forbes, que le acreditan una fortuna de 16.500 millones de dólares. Pero con estas compras sí es uno de los que tienen su capital más visible y ambicioso”.

Noticias recomendadas

Más noticias

Agenda de actividades a motor

Información sobre la cuarta versión de MotoFest, el Gran Premio de Alemania en Fórmula 1 y de pilotos colombianos en el exterior.

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.