José Clopatofsky
José Clopatofsky

El mejor usado popular es una buena moto

"Las opciones populares de movilidad también distan de estar en el servicio público y la gente necesita cada vez más una solución personal".

02:31 p.m. 24 de julio del 2018

En la India venden casi 18 millones de motos al año, es decir, unas 48.000 por día, más de lo que se comercializa en China. Es decir, que en menos de medio mes colocan todo lo que Colombia consume en un año. De esas motos, un 42 por ciento son ‘scooters’ urbanas que las compran cerca de 18.000 mujeres por día.

Las cifras vienen a cuento porque ante ese panorama –que hace diez años era también suculento pero menor–, Tata, un monstruoso grupo empresarial, decidió fabricar el automóvil más barato del mundo, para que toda esa población necesitada de movilidad y transporte se pasara de las dos a las cuatro ruedas.

Así nació el Nano, pequeño auto que suscitó todo tipo de comentarios y expectativas, pues se suponía que ante esa clientela tan fértil sería un fenómeno industrial y comercial.

Pues bien. El mes pasado se fabricó la última unidad y el proyecto fue un fracaso estruendoso y muy contradictorio de sus pronósticos de todo tipo. Primero, en la zona de ese país donde iban a montar la planta se generó una enorme protesta social que desestimó las probables bondades que traería en materia de empleo y desarrollo, y el movimiento fue de tal magnitud que tuvieron que cambiar de sitio para construir una nueva fábrica.

Luego, el carro minimalista al extremo de que no tenía compuerta para el baúl y había que cargarlo desde las frontales con lo poco que cabía y apenas ofrecía un limpiaparabrisas, corrió con las consecuencias de su ingeniería liviana y muchos se incendiaban ‘espontáneamente’, lo cual aterrorizó a la clientela que pretendía seducir. Para rematar, las prestaciones de su motor de 624 cm3 y 37 caballos no eran atractivas y no tenía la flexibilidad ni las posibilidades de moverse con alguna ventaja en el caótico tráfico de las ciudades ni en las severas carreteras de las provincias.

Así, el Nano siempre navegó contra una corriente inesperada, no tuvo tampoco vigencia en la exportación y lentamente se convirtió en un elefante industrial que tachó en rojo encendido los balances de Tata. Lo barato salió carísimo.

Además de los argumentos técnicos en contra y de su poca o nula diferencia con las soluciones prácticas y evidentes de la moto, las investigaciones profundas que se hicieron entre los probables clientes arrojaron que la gente no quiere productos que reflejen inferioridad, y el Nano no les daba una categoría práctica ni social importante. Es decir, nunca logró ser el ícono aspiracional que atrajera al menos un 10 por ciento de esos compradores de motos, que podían ser en su momento unos 3.000 diarios, una cifra millonaria anual en la producción de cualquier vehículo y que garantizaría su rentabilidad.

Hoy, India es el fenómeno económico de Asia. En materia de autos, ya es el cuarto fabricante mundial que crece al ritmo del 9,5 por ciento, por encima de Alemania, con más de 4 millones de unidades al año, de las cuales casi la mitad las cosecha Suzuki-Maruti. Su potencial humano es enorme, pues hoy son 1.340 millones de habitantes que comparten 3,2 millones de kilómetros cuadrados, tres veces Colombia, y en el 2022 sobrepasarán a China en población.

La movilidad en India es una pesadilla peor que acá, pero nos acercamos a ese infierno vial inexorablemente, pues no hay ni ilusiones del crecimiento de la malla vial y rutera al ritmo que la economía reclama. Apenas estamos en un tímido descuento con las ‘4G’, y urbanamente, todavía más lejos.

Puestas en la balanza, las opciones populares de movilidad también distan de estar en el servicio público y la gente necesita cada vez más una solución personal que –como lo muestra India y se anticipa acá– es la moto y no el carro, ni tampoco la bicicleta, que es una alternativa muy limitada e individual. Acá el precio de los carros nuevos es inasequible para el comprador popular, apenas se venden unos 200.000 al año, y el equivalente al Nano, que sería un usado decente, se aleja cada vez más de ser un atractivo, pues los costos de servicio, repuestos, impuestos y operación, sumados a su creciente inmovilidad por el tráfico y las restricciones, hacen que el mejor carro usado para tener sea una moto nueva, y aun usada.

Es mejor una buena moto que un mal carro viejo.

FRASE
Puestas en la balanza, las opciones populares de movilidad también distan de estar en el servicio público y la gente necesita cada vez más una solución personal que –como lo muestra India y se anticipa acá– es la moto y no el carro, ni tampoco la bicicleta, que es una alternativa muy limitada e individual

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