José Clopatofsky
José Clopatofsky

Las ‘mentiras’ del RUNT

"El 54,6 por ciento de los vehículos que transitan en el país no han pasado en el último año por el trámite de la revisión técnico-mecánica".

11:18 a.m. 23 de enero del 2018

El 54,6 por ciento de los vehículos que transitan en el país no han pasado en el último año –y mucho menos en los anteriores– por el trámite de la revisión técnico-mecánica. Un 46 por ciento andan sin SOAT. Si le creemos a la cifra que dice el RUNT, según la cual en el país hay 13.637.820 vehículos de cuatro o más ruedas y las motos, estamos rodeados por casi 6 millones de aparatos potencialmente peligrosos y por 5,8 millones de conductores que llevan en sus manos un carro sin SOAT y que están, como cualquier persona, propensos a generar un accidente en el cual no habría amparo médico si hay lesionados o víctimas, ni tampoco un respaldo para el causante que cae dolosamente en una circunstancia desafortunada de tráfico.

Además de la gravedad de estos números, semejante evasión no puede ser cierta. Digamos que por perversa que sea la población dueña o conductora de vehículos, habría un 10 por ciento que se arriesga a rodar sin los requisitos técnicos y legales con las consabidas consecuencias, que van desde la cárcel para el causante hasta el encierro, a veces terminal, del vehículo.

Las cifras de los SOAT expedidos el año pasado para motos y otros vehículos es de 8,1 millones, y la de certificados de revisión, de 5,1 millones. La cifra del SOAT nos da la realidad de la población rodante. Es obviamente superior a la de revisiones, pues estas no obligan a los carros en sus primeros seis años y es conocida y rampante la evasión en motos. Si le subimos un 10 por ciento al SOAT, esa debe ser la cifra muy aproximada del parque rodante, es decir, unos cuatro millones menos de lo que dicen los propios papeles del RUNT.

¿Qué se ha hecho para poner en términos reales esta crucial estadística? Nada.

Las autoridades usan esas cifras de los 13,6 millones de vehículos para planear el diseño y uso de las vías, los peajes, por supuesto el potencial de comparendos –que es la medida de la seguridad en el país–, los impuestos y los estimados de consumos del sector. Estos datos son bocado semestral para la prensa, que se come este cuento sin la debida digestión, en especial en tiempos áridos de noticias como los que acaban de pasar.

Si existe esa colosal evasión, se pregunta uno, ¿qué hace la autoridad para detener los vehículos y sacarlos de circulación mientras afinan su mecánica, si son aptos, o sus amparos legales? La cifra es la respuesta sobre su irresponsabilidad e ineficacia, porque están a ‘Soats luz’ de la meta que deberían alcanzar. Claro que sería imposible que inmovilizaran todos esos millones de vehículos, aunque les ayudan los que ya están en estado de descomposición total en los vomitados patios, llenos de cadáveres mecánicos y placas muertas, que son sus certificados de defunción que el RUNT no descuenta.

Como decía, en esta época de flojas noticias, este tema es un recurso para nosotros los periodistas. Por ello, no es la primera vez que caemos sobre el asunto y llamamos la atención sobre las mentirosas estadísticas de la movilidad en Colombia. La noticia no son las cifras globales de todos los parámetros y las de ventas que forzosamente deben crecer, pero son como el kilometraje de la bicicleta estática, sin avances.

Es el descuido y la falta de acción para corregir uno de los parámetros que reflejan el comportamiento de una economía y de un sector que es el sistema circulatorio del país, lo cual es imperdonable. Está claro que jurídica y legalmente en los archivos del RUNT figuran todos esos cartapacios que no pueden descontarse mientras no haya cancelaciones de matrículas, un trámite casi imposible de lograr por sus absurdos requisitos.

Pero sí debería el Ministerio de Transporte decretar un tiempo de amnistía para que la gente que figura como titular de esos papeles pueda cancelarlos. Primero, porque les siguen corriendo impuestos por carros que a lo mejor ya no tienen o que están botados en talleres y garajes y nunca más van a rodar. Segundo, porque una enorme mayoría de esos dolientes nunca van a pagar los impuestos acumulados, pues el vehículo no los justifica por su precio en el mercado o su estado mecánico cadavérico, aunque muchos de esos esqueletos sí ruedan con los debidos permisos obtenidos con mucha benevolencia en algunos laxos CDA.


Hay que reconocer que POR FIN alguna autoridad menos ‘autofóbica’ de Bogotá (bueno saber cuál es) ordenó un reparcheo de algunas partes de la vergonzosa autopista norte. Ahora está copada de montículos por los tapones que hicieron, pero que son al menos pasables a cambio de los cráteres filudos de hace meses. Sin embargo, el paisaje de la vía con esa sucesión de remiendos es una foto dramática del doloroso estado en que está. Pero, inexplicablemente, en el último kilómetro hacia el sur pararon con el reparto de analgésicos y dejaron un pedazo de la ruta en su estado natural de descomposición. ¿Por qué? Vaya uno a saber…


FRASE
“El 54,6 por ciento de los vehículos que transitan en el país no han pasado en el último año –y mucho menos en los anteriores– por el trámite de la revisión técnico-mecánica. Un 46 por ciento andan sin SOAT. Si le creemos a la cifra que dice el RUNT, según la cual hay en el país 13.637.820 vehículos de cuatro o más ruedas y las motos, estamos rodeados por casi 6 millones de aparatos potencialmente peligrosos”.

Noticias recomendadas

Más noticias

report_error_form_error
Reporte enviado
¿Encontraste un error?
Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.