José Clopatofsky
José Clopatofsky

El ministerio del tráfico

“Ojalá este retrovisor que nos está mostrando la forma descarada como se daban los contratos pagando millonarios peajes, sea una película terminada”.

11:47 a.m. 07 de febrero del 2017

De muchos años distan algunas opiniones y sugerencias hechas en estas líneas sobre la conveniencia de separar en el Gobierno las funciones de control de las obras públicas y las de la movilidad nacional.

Es decir, que la magnitud de estas tareas amerita dos ministerios independientes, que si bien tendrían confluencia en muchos temas y sus labores irían entretejidas, pueda ser cada uno experto y suficiente en sus campos, porque los resultados históricos de la gestión de la entidad actual son lamentables.

Más claro no puede ser el escabroso escenario que se ha vivido en el Ministerio del Transporte, que es una muy desafortunada fusión del viejo Intra y del Ministerio de Obras. Los escándalos de los sobornos en los cuales van apareciendo sucesivamente nombres de viceministros que subterráneamente manipulaban los contratos muy seguramente son apenas una parte de las manipulaciones que, se sabe, han sucedido –ojalá ahora no– en el Ministerio con los cupos de camiones y buses, las asignaciones de rutas, la organización de condiciones técnicas de los vehículos, desde bicicletas hasta blindados, con dirección específica hacia ciertos beneficiados, arreglos inviables con los transportadores, que son en el fondo quienes mandan en el ministerio a punta de paros, son apenas las cabezas de las listas en el prontuario de la entidad peor calificada del Gobierno nacional. Y ahora, públicamente la portadora de una ignominiosa reputación de foco de corrupción internacional.

Si al tráfico de dólares e influencias le sumamos la muy deficiente y pobrísima actuación en el campo del transporte, donde su desconocimiento e incapacidad son latentes, quiere decir que hemos pasado muchos años y gobiernos y ministros y mandos medios que no han sido capaces ni aptos para desarrollar las funciones que el país cree estaban en buenas manos. Esto no es noticia. Es, desafortunadamente, un mal crónico con el cual hemos convivido de buena fe.

Naturalmente hay que excluir a bastantes funcionarios, de ministros para abajo, que han hecho diferencia y han sido pulcros y eficaces en su paso lamentablemente fugaz por los cargos, que han servido de batido blanco para hacer ver bien el ponqué que por debajo se estaba repartiendo.

Pero las fuerzas subterráneas son poderosas y por debajo siempre logran mantener la cadena que hace marchar todos estos procesos malignos. Bastaría ver las hojas de vida de muchos de quienes han estado en esos puestos para comprobar que sus antecedentes y profesión no estaban alineados con las necesidades del cargo, sino con los intereses de terceros. Los resultados lo confirman.

La reorganización y el desarrollo de la gigantesca operación de la contratación que impuso este gobierno desde su primer día ha hecho una diferencia total quitándole al ministerio las funciones que ahora manejan agencias con fiscalización directa y evidente, amén de que los particulares están corriendo las obras con sus propias platas y con el riesgo a sus costillas.

Ojalá este retrovisor que ahora nos está mostrando la forma descarada como se daban los contratos pagando millonarios peajes que sin duda han hecho metástasis hacia la cadena de funcionarios y banqueros que los debieron hacer fluir, sea una película terminada y que todo ese fabuloso mundo de cemento, asfalto y carreteras 4G esté éticamente limpio.

Así al Ministerio le puede quedar tiempo para ocuparse de la movilidad nacional y de la seguridad vial y poner esas tareas en manos expertas y conocedoras de estas urgencias –que hasta el momento no se han visto– para que asuman las responsabilidades que tienen con los ciudadanos. Que son más que jugar golosa con las tablas de los impuestos o hacer anuncios inocuos sobre programas que carecen de fondo y consistencia, como se demuestra con el discretísimo avance de la Agencia de Seguridad Vial. Y ese es un término generoso para calibrar el trabajo de esa entidad que apenas empezó a funcionar hace unos pocos meses, cuando ha debido existir desde el día que se expidió el primer pase, hace más de 100 años. Ahí comenzaron los problemas.

FRASE
“Ojalá este retrovisor que ahora nos está mostrando la forma descarada como se daban los contratos pagando millonarios peajes, que sin duda han hecho metástasis hacia la cadena de funcionarios y banqueros que los debieron hacer fluir, sea una película terminada y que todo ese fabuloso mundo de cemento, asfalto y carreteras 4G esté éticamente limpio”.

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