José Clopatofsky
José Clopatofsky

¿Multas por imposibles?

"Un nuevo golpe a los propietarios de vehículos les asestó la Secretaría de Movilidad (¿) de Bogotá."

12:38 p.m. 01 de diciembre del 2015

Un nuevo golpe a los propietarios de vehículos, desde tractores hasta motos pasando por cientos de miles de automóviles, les asestó desde el primero de diciembre la Secretaría de Movilidad (¿) de Bogotá al imponer comparendos a todos cuyos aparatos tengan la revisión técnico-mecánica vencida.

Consideran que la ley y todos los vericuetos de las jurisprudencias, probablemente bien orquestados por los CDA (Centros de Diágnóstico), obligan a todo propietario a tener la revisión técnico-mecánica al día.

El sutil vocabulario jurídico les da a las entidades distritales –imitando a las de Bucaramanga y Cali, que andan en el mismo cuento (por ahora)– la facultad de multarlos si no cumplen con ese requisito. Pero al tenor de la lógica y el sentido común elemental, se debe aplicar cuando el vehículo transita o utiliza las vías públicas, para lo cual debe garantizar su seguridad mecánica y la calibración de emisiones. No hay discusión y no la ha habido nunca respecto a esta situación.

Porque si el vehículo no sale a la calle, está en un taller en reparación, es un auto o moto de colección amparado por sus respectivas calificaciones de antiguo ante el Ministerio, si está en poder de autoridades judiciales, si está en los patios por alguna circunstancia, si definitivamente no andará más y está desahuciado mecánicamente, pues llega una multa que las entidades distritales y el Ministerio dicen que se podría cuestionar demostrando estas y muchas otras causales.

Como el castigado tiene la razón porque podrá demostrar claramente la ineptitud de su vehículo, ya que bastan una foto de su estado o un peritazgo u otro recurso que seguramente existirá, van a fabricar una congestión absurda y evitable, pues eso a nada conduce, salvo a sacarle plata a la gente por algo que no está utilizando y por una conducta que no es punible.

Y vienen las carambolas. Para obtener la revisión hay que tener Soat para un vehículo inmóvil que no genera riesgos de accidentes, lo cual no tiene sentido. Si el ciudadano quiere salir de su cascarón, la ley impide que su vehículo se descontinúe y cancele la matrícula, pues para lograr el certificado de defunción debe llegar vivo, ya que se exige la revisión. Una ley que aclaraba y daba las directrices para que este proceso se pudiera dar como en cualquier parte del mundo fue aprobada en el Congreso para formalizar la chatarrización voluntaria para particulares, pero fue negligente e irresponsablemente escondida por los Ministerios de Medio Ambiente y Transporte, que dejaron vencer los términos porque nunca la reglamentaron.

Las explicaciones del Ministerio y de la Secretaría de Movilidad de Bogotá indican que no se van a mover de su decisión a pesar de la caudalosa y creciente protesta de los ciudadanos en las redes sociales y a través de los mecanismos de comunicación que están a su alcance, pues estos consideran que no violan ninguna norma al no tener la revisión, ya que no usan o no pueden utilizar sus carros o motos, y probablemente tampoco son de ellos y están en otras manos.

Las autoridades dicen que la persona que figura en la licencia de tránsito debe revisar su carro cada año si han pasado seis después de recibir las placas, pero resulta que la licencia es de tránsito, y si no está ejerciendo ese derecho, pues no infringe la ley. Sin embargo lo multan de todas maneras.

Hay millares de vehículos, pero muchos, que no caminarán más, precisamente porque no serían aprobados en la famosa revisión o porque los costos de reparación no son rentables o no están al alcance de sus dueños, pero los comparendos, originados en las bases de datos del Runt –que contiene un enorme archivo muerto de estos cadáveres mecánicos que viven solo en papeles– llegarán de manera automática. Y no crean que se trata de un tema de Bogotá, pues la revisión es un documento nacional, por lo tanto ese barrido de supuestos infractores cobijará a millones de personas de manera automática en cualquier parte del país.

Preparémonos pues para la pelea para ir a objetar los comparendos si sus carros no circulan por razones válidas y veremos si las autoridades están listas para atender y manejar esta parafernalia que se les avecina; aunque siendo tan perversos como la norma, resulta rentable hacer esta cuenta: pagar el comparendo cada doce meses sale más barato que supuestamente lograr el Soat y la revisión anual para un auto imposible, por lo cual el recaudo se va a las alcabalas y no generará mejoras en seguridad, contaminación y calidad del parque automotor, que es la justificación filosófica de la medida. Aparte de sacarle más plata a la gente.

Menos mal a estos alcaldes y gobernadores también se les aproxima el vencimiento de su licencia de circulación en el Gobierno, pues, como sucede en Bogotá, sus decisiones siempre han sido contra el uso del automóvil y han abusado de la autoridad con medidas improcedentes y que en nada, pero nada, han mejorado la movilidad de los particulares ni tampoco de los transportes públicos que pretenden favorecer.

FRASE
“Las autoridades dicen que la persona que figura en la licencia de tránsito debe revisar su carro cada año si han pasado seis después de recibir las placas, pero resulta que la licencia es de tránsito, y si no está ejerciendo ese derecho, pues no infringe la ley. Pero lo multan de todas maneras”.

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