José Clopatofsky
José Clopatofsky

El mundo se mueve hacia el carro arrendado

Debemos tener en cuenta la tendencia de pagar por lo que se usa y así despreocuparse de seguros, garaje y mantenimiento.

02:54 p.m. 05 de junio del 2015

Analizando las consecuencias del inesperado vuelco que dieron nuestras finanzas y la economía del país con respecto al mercado de los carros a raíz de los desplomes del peso y, quién lo creyera, del precio del petróleo, siempre suelo llegar a la conclusión de que tenemos que empezar a pensar en no comprar carro sino en pagar un alquiler por su uso.
Eso ya sucede en todo el mundo, donde el valor patrimonial de la máquina ya se descartó y simplemente, con o sin un leasing formal, el costo de movilización se incluye en el presupuesto familiar.

Coincidencialmente, en el sitio web del periódico me encontré este muy atinado artículo de Camilo Ayerbe Posada, usual columnista electrónico, en el cual hace un análisis que nos cae como anillo al dedo sobre los tiempos que se avecinan en las posibilidades de movilidad.

Con algunos recortes que no alteran su fondo, me atrevo a reproducirlo:

“Es un dilema enorme el que enfrenta el capitalismo: ¿nos vamos por una sociedad de dueños o por una que comparte? A juzgar por la explosión de las redes sociales, todo parece indicar que vamos hacia el ‘sharing’ y no hacia el ‘owning’. Pero no es solo cuestión de compartir fotos o chismes. Los síntomas se ven por todas partes y la fiebre contagia incluso a la industria automotriz, quizás la más dependiente de los caprichos del poder adquisitivo.

El termómetro empezó a subir hace diez años en San Francisco con ‘zipcar’ y se está difundiendo por todas las metrópolis. Hace poco, en Milán, la Fiat y la empresa de energía ENI parquearon 300 ‘cinquecento’ rojos en esquinas estratégicas de la ciudad. La esperanza era que la gente los usara con la tarjeta de crédito y con la ayuda de la imprescindible app del celular inteligente. Pago lo que uso y me despreocupo de seguros, garaje y mantenimiento. Pues el éxito de Enjoy (así se llama el proyecto italiano) ha sido rotundo. Ahora van por dos mil carros y el experimento ya está rodando, con idéntico resultado, en la Ciudad Eterna. Dejar el carro propio en la casa se volvió chic, y hasta su santidad lo piensa dos veces antes de salir en su papamóvil.

¿Y qué pasa en nuestras latitudes? Del síndrome del carro propio no vamos a recuperarnos por muchos años, pero, en el caso de la vivienda, la noticia de hace unos días es buena para Colombia: este es el país que más arrienda en América Latina.

Por una afortunada coyuntura somos –desde este punto de vista– la Alemania del subcontinente, y ojalá sigamos así. Porque el país más rico de Europa, el que tiene los mejores indicadores macroeconómicos es el que menos dueños de vivienda tiene.

¿Quién lo hubiera pensado? (…). En la patria del OktoberFest, solo el 50 por ciento es dueño de su casa (…). En cambio, en los países Pige (infeliz acrónimo de Portugal, Italia, Grecia y España), el 80 por ciento no solo es dueño de una vivienda, sino de dos (casita en la playa para el verano) y hasta de tres (chalet para el invierno). La fiebre de la propiedad pasó la cuenta y ahora viven la más grave resaca financiera de su historia.

Del carro a la vivienda y de la vivienda a la bicicleta. En el capitalismo avanzado todo se empieza a compartir. Aquí, en la 7a., nuestro alcalde –hábil en interceptar tendencias internacionales– también puso a rodar las ‘Boris bikes’, las bicicletas compartidas que inundaron a Londres, apodadas así en nombre de su excéntrico primer ciudadano.

Las ‘Petro bikes’ son la versión muy reducida, pero humana (por aquello de la ausencia de tecnología), del exitoso proyecto londinense: por cada veinte bicicletas hay cuatro asistentes con ‘chompa’ distrital ilustrando los beneficios de subirse con un pandeyuca en la Catedral y de bajarse a diez cuadras sin habérselo terminado. El experimento es tan de breve alcance que los únicos aficionados de las ‘Petro bikes’ parecen ser los que viven en La Candelaria y tienen novia en Las Nieves. Se le anota el gesto, pero el impacto es mediático, no climático.

Por otro lado, la nueva Vicepresidencia de la República llegó cargada de promesas de ‘ownership’: otras miles de viviendas regaladas sin una propuesta sostenible sobre quién pagará su mantenimiento. Por lo visto, el arriendo social (vivienda prestada para los más pobres) todavía no hace brecha en nuestra cultura política, embebida como está de paternalismo. Una sociedad de dueños quizás…

¿Pero sin plata y nada por compartir? En Alemania decidieron hace tiempo que esa no es prosperidad”. ¿Para dónde vamos? Por lo pronto esperemos a ver si los precios de los carros se pegan una trepada importante y hasta los usados, en el largo plazo, podrían recuperar un valor nominal si siguen las cosas como pintan. Pero con esa devaluación que nos cayó, siempre estaremos perdiendo plata con el carro propio y más cerca de las ‘Petro bikes’. A la brava.

Y de manera más inmediata, nos despedimos por este año, les deseamos la mejor Navidad y un “próspero” 2015 para estar teóricamente alineados con nuestro gobierno. Volvemos el 28 de enero, si Dios quiere. Hasta entonces.

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